- Le das demasiada importancia a cosas que no la tienen.
Lo más seguro es que Angie tuviese razón. Normalmente nunca se equivocaba
en cosas de esas.
- ¿Y que quieres que le haga?
- Que espabiles de una puñetera vez. Siempre te pasa lo mismo. Te enamoras
de alguien perdidamente, lo entregas todo sin pedir nada a cambio y todo cuanto
recibes no es nada más que una patada en el culo.
Se estaba refiriendo a su última relación. A lo que en principio iba a ser
un fin de semana idóneo. No había sido nada de eso. Se había visto sola, con
dos billetes de tren, unas maletas hechas y plantada en la estación como una
idiota esperando a alguien que nunca iba a llegar.
- Está claro que lo único que tienes que hacer ahora es pasar página. Ya
sabes lo que dicen de que un clavo quita otro clavo.
- Sí claro. Como si fuese tan fácil. ¿Que pretendes que salga esta noche de
fiesta y no deje títere con cabeza?
- Yo no lo hubiese expresado mejor.
La camarera se acercó y les sirvió los cafés que llevaban un buen
rato esperando. Tras el primer sorbo, Angie siguió hablando:
- No es tan disparatado lo que te estoy proponiendo, así que haz el favor
de cambiar la cara y dejar de mirarme de ese modo.
- Es posible que para ti no se nada del otro mundo ya que cada día estás
con uno diferente, pero hay algunas personas que aún creemos en eso de que hay
uno para toda la vida.
- Al menos a mi no me han hecho daño repetidas veces. Además que puedes
perder por que una noche seas una chica ligera de cascos.
- En verdad nada.
- Pues está decidido. En cuanto nos terminemos el café, nos vamos para casa
y nos preparamos.
Realmente no es algo que le hiciese demasiada gracia. Pero por otra parte,
llevaba demasiado tiempo siendo la chica buena. La que decía a todo que si y
pedía por favor las cosas y daba las gracias en todo momento.
Angie tenía razón. ¿Que tenía de malo ser por una noche alguien
completamente diferente? Se convenció a sí misma y le encantó la idea de
levantarse al día siguiente, mirarse al espejo y no reconocer a la chica que
tenía enfrente.
Después de todo, una noche era una noche.
Angie siempre había tenido esa cualidad de ver la parte buena de las cosas.
Estaba completamente segura de que era la única persona en la faz de la tierra
que después de que su mejor amiga le contara que la habían dejado plantada le
proponía que se buscara a otro.
Ahora ya le había dicho que sí, de modo que no se podía echar atrás.
De camino a casa, ni por un momento, Angie dejó de explicar a viva voz que
es lo que iba a hacer. Hasta incluso se había puesto un número mínimo de tíos
que iban a caer, mientras que Chris no dejo de mirar el móvil ni por un
momento.
- Como me giré otra vez y vea que estás mirando el teléfono, te juro por lo
más sagrado que lo tiro a la basura y te arranco la cabeza.
Otra de las cosas que caracterizaba a Angie es que tenía muy poco tacto a
la hora de decir las cosas.
El club estaba a rebosar de gente y la cola daba casi la vuelta a la
manzana.
- Espera aquí un momento. Miraré si puedo utilizar mis influencias.
Gracias a todas las noches que había estado saliendo durante todo un año,
Angie conocía a todo el personal de la noche, lo cual le garantizaba más de una
ventaja respecto de las otras personas que salían esporádicamente o casi nunca,
como Chris.
Aprovechando que su amiga no estaba delante, abrió el bolso y miró de nuevo
el móvil. Nada.
Pasados más de diez minutos de esperarla, apareció corriendo agitando unas
tarjetas.
- Tenemos pases VIP.
- ¿Cómo?
- Mejor no preguntes. Eso si, tenemos que darnos prisa, solo tienen validez
mientras el encargado no está en la puerta.
Al mirar la tarjeta que le había dado Angie vio que ponía "EXCLUSIVO
PARA PERSONAL".
Angie salió corriendo como alma que lleva el diablo. Justo en el momento en
que ella fue a emprender lla marcha e ir tras su amiga, bajó a la calle.
Lo siguiente que vio fue muy rápido e inesperado. Unas luces, oyó un pitido
y notó como tiraban de ella.
- A ver si miras por donde vas, idiota- oyó que le gritaba el conductor.
- Deberías tener más cuidado. O acaso tu madre no te enseñó que hay que
mirar antes de cruzar.
Una figura masculina y muy alta siguió andando. Ella se lo quedó mirando
fijamente, esperando que se diese la vuelta y por lo menos, ver la cara de su
salvador. Lo único que pudo ver es que entraba en el mismo local en el que ella
se disponía a entrar con un pase prohibido.
Lo que le acababa de suceder era de aquellas cosas que siempre oyes que le
pasan a otras personas. Había estado a punto de ser arrollada por un coche que
iba conducido por un gilipollas y salvada por alguien a quien no había podido
dejar de mirar en ningún momento.
Volvió al mundo real y recordó que o se daba prisa o se iba a quedar en la
calle.
Fue a paso rápido, ya que corriendo entre la gente hubiese llamado la
atención, y entró justo en el momento en el que un hombre que llevaba una
camisa con la palabra encargado en una placa iba a colocarse en la puerta.
Una vez dentro, se quedó sorprendida del tipo de local al que Angie la
había llevado. Era el local más oscuro que había visto en toda su vida. Una
tenue luz azul inundaba todo el local. Las cosas habían cambiado mucho desde la
última vez que salió.
Le daba la sensación de que se había quedado anticuada.
Tuvo que forzar mucho la vista para ver a Angie haciéndole señas desde la
barra.
Mientras bajaba por la escalera no pudo evitar tener la sensación constante
de que la estaban observando.
Echó un rápido vistazo a todo el local pero no vio nada que la llamase la
atención.
Fue al lado de Angie dispuesta a contarle lo que le había ocurrido. Justo
en el momento en el que estaba a punto de ponerse a su lado la empujaron.
- Esto antes estaba mejor. Ahora dejan entrar a cualquiera.
Aquella voz le era familiar. Al levantarse volvió a tener de nuevo esa
sensación de que alguien la observaba atentamente.
- Menudo capullo
Angie la cogió de la mano y la ayudo a levantarse del suelo. Se pusieron al
lado de la barra y mientras esperaban a que el camarero las atendiera Chris le
contó lo sucedido en la calle.
- Lo ves. Solamente tenías que salir- se giró para pedir dos cervezas al
camarero- No hace ni dos horas que estabas llorando y autocompadeciéndote de lo
desgraciada que eres y hace un momento estabas ligando con un tío increíble.
Cogieron las cervezas y se fueron a una de las pocas mesas que había
libres.
- No he ligado con nadie. Simplemente ha evitado que me atropellaran.
De nuevo tuvo la sensación de que alguien la miraba fijamente desde la
banda opuesta de la sala. Giró la cabeza disimuladamente, pero lo único que vio
fue a tres chicas sentadas en el suelo y que no se sabía cual de ellas estaba
más borracha.
De repente, la poca luz que había se quedó ocultada y una gran figura
masculina estaba enfrente de ellas. Concretamente mirando a Chris con una cara
que sólo podía significar una cosa.
- ¿Te invito a una copa?
- Ya tengo una, gracias.
A pesar de que había sido todo lo seca y arisca que pudo él no tenía
ninguna intención de desistir en su empeño.
- Una cerveza no es nada. Déjame hacerte probar algo que te va a hacer
alucinar.
- Por mi lo haría encantada pero, ¿sabes que pasa? Mi mamá me enseñó que no
he de aceptar cosas de extraños.
Eso tendría que haber sido suficiente para que ese pesado se largara. Se
equivocó y no tenía ni idea de hasta que punto.
Cogió a Chris del brazo y la levantó de un tirón. Se vio atrapada.
- Oye, ya te ha dicho que no. Así que, ¿por qué no te piras?- intervino
Angie.
- Tú no te metas, puta. Aquí todos sabemos el tipo de tía que eres.
Se notaba que aquel comentario le había afectado, pero en ningún momento
iba a dejar que se percatasen. Angie se armó de valor ya que el tío hacía cinco
como ella. Visto que desde el sitio donde estaba era imposible darle una patada
en sus partes íntimas para que soltase a su amiga, cogió el vaso de
cerveza y se lo tiró a la casa.
Si a ella el comentario le había molestado, era obvio por su expresión que
a él no le había hecho ninguna gracia que le arrojasen una cerveza a la cara.
Chris se sentía completamente abstraída de esa situación que se había
iniciado por ella. Mientras veía todo como una simple espectadora, volvió a
tener la sensación de que era observada.
Fijó la vista justo enfrente de ella y entonces lo vio. El mismo hombre que
la había salvado hace un momento se acercaba sin vacilación y con pase
amenazante.
Completamente convencida de que iba a ser salvada de aquella situación y
aterrada por lo que podría hacerle el tío que la tenía cogida por los brazos,
cerró los ojos e interiormente empezó a contar esperando que aquello terminara
o que fuera una simple pesadilla y despertase en cualquier momento.
Lo único que oyó fue un golpe seco y unos segundos después notó que se caía
de culo en el suelo.
Angie la cogió del brazo y la levantó. Se apartaron para ver el espectáculo
desde un lugar en el que estuvieran a salvo.
El tío misterioso tenía cogido al otro del cuello y lo estampó contra la
pared.
- No has oído a la señorita que te ha dicho que la dejases tranquila.
- ¿Y a mi qué?
Tras esa frase recibió un puñetazo en la nariz con el cual seguramente se
le rompió la nariz ya que empezó a sangrarle mucho.
Intentó escaparse de los brazos del otro, pero con cada movimiento que
hacía lo único que conseguía era quedar más atrapado entre las manos del otro.
El intimidado estaba estampado contra la pared, se estaba poniendo cada vez
más blanco por momentos.
Toda la imagen de tío duro que había aparentado hasta hace un momento se
desvaneció en cuanto empezó a llorar como un niño pequeño.
Ante la verguenza ajena que sentía el otro, lo soltó y tras empujarlo y
tirarlo al suelo dejo que se fuera con una advertencia.
- A ver si aprendes a tratar con mujeres, animal.
Se giró y cogió el brazo de Chris suavemente para comprobar que estaba
bien. Lo único que tenía era un moratón debido a la fuerza con la que lo había
cogido.
- En unos minutos ya no tendrás nada. ¿Estáis bien?
- Sí.
Estuvo a punto de darle las gracias, pero no pude. En cuanto fue a artcular
las primeras palabras de agradecimiento él se había dado la vuelta y ya no
estaba ni siquiera en el local.
Dio un vistazo rápido para ver si lograba verlo, pero estaba claro que se
había marchado. Sin dejar ni rastro, como si nunca hubiese habido nadie allí.
- Lástima, me hubiese gustado darle las gracias- dijo Chris un poco
apesadumbrada.
- Yo le hubiese dado algo más que las gracias- espetó Angie con una sonrisa
traviesa- Por cierto, ¿quieres que vayamos a poner una denuncia?
- Sinceramente no creo que vuelva a molestarme, pero si no te importa creo
que por hoy ya he tenido bastante diversión. Me voy a casa.
- Voy contigo.
Mientras se estaban yendo Chris sintió la necesidad de dar media vuelta y
asegurarse que realmente el hombre misterioso se había ido. Tenía la sensación
de que aún estaba por los alrededores. Vigilándola, esperando por si le ocurría
algo para volver a salvarla.
- Realmente se nota que te ha impactado.
- Tú verás, es la primera vez que me encuentro en esta situación.
- ¿Lo dices por tu salvador o por el otro?
- Creo que por ambas cosas.
Andando por la calle volvió a tener la misma sensación que había tenido
durante todo el rato en el club de que la estaban observando. Esta vez prefirió
no mirar, no estar pendiente y llegar a casa cuanto antes.
Sólo quería tumbarse en la cama, dormir y esperar que llegase el día
siguiente.
Tarik golpeó fuertemente la pared. No tenía ni idea de que es lo que le
pasaba ni porque se sentía tan raro. No entendía porque había tenido la
necesidad de protegerla sin ni tan siquiera conocerla. Sólo supo que lo había
hecho y que lo haría las veces que fuese necesario.
La protegería de todo aquello que pudiese dañarla.
Hacía mucho tiempo que no sentía aquello. Sabía perfectamente como podían
terminar las cosas, pero aún y así lo haría.
Estaba completamente blanco y empapado en sudor. Miró la pared y vio el
agujero que había hecho en la pared tras dar los puñetazos.
- No sé si me devolverán la fianza con los destrozos que ocasionas.
Una figura femenina apareció detrás de él. Alta y esbelta, con una melena
rubia que le llegaba a la cintura. Cualquiera que la viera estaría de acuerdo
en que era la mujer más hermosa que pudiese existir sobre la faz de la tierra.
- Si esperas que me disculpe lo llevas claro- Traik cruzó la habitación y
cerró de un portazo. Al momento la volvió abrir, asomando la cabeza- No te preocupes.
Pagaré la reparación.
Una vez que se hubo marchado la mujer se acercó al destrozo que había hecho
Tarik y empezó a recoger los trozos para tirarlos a la basura. Se apoyó justo
en el hueco que de la pared y fue entonces cuando sintió todo el dolor
acumulado por él en esos golpes.
Tras recoger los escombros se sentó en una butaca y se quedó mirando
fjiamente la puerta por la que había salido Tarik.
No era la primera vez que se iba de esa manera. Al igual que las otras
veces no iba a tardar demasiado en volver.
De todos modos, Tarik no podía ir a ninguna parte. Al fin y al cabo, ella
era lo único que tenía. Si la abandonaba se quedaba solo. Y eso era algo que
ella no iba a permitir de ninguna de las maneras.
Cuando Taril entró por la puerta, ella seguía sentada en la misma butaca
con las piernas cruzadas mientras jugaba con un pequeño cuchillo entre sus
manos.
- Veo que has hecho justo lo que te pedí.
- Sí. Ahora tú tienes que cumplir tu parte del trato.
- Todo a su debido momento, querido. Aún no he termiando contigo. Te voy a
necesitar para una última cosa.
Tras decir esas palabras cogió una carpeta de la mesa que tenía enfrente.
En ella había unas hojas con unos datos y una foto en grande de la chica que
había salvado dos veces esa misma noche.
Ella lanzó la foto al aire y la atravesó con el cuchillo dejándo que esta
quedara colgada en la pared como si fuese un cuadro.
- Creo que no hará falta que te de más detalles. Si lo haces cumpliré con
mi parte del trato.
- Aún estoy alucinando con lo que ha pasado.
Al llegar a casa, lo primero que había hecho Chris era llamar a Angie para
seguir hablando de lo ocurrido esa noche.
- No le des más vueltas. Da gracias por no estar en manos de ese baboso.
- O de haber acabado en urgencias con un brazo roto.
- Sí, eso también.
A pesar de que se notaba muy incómoda con la sensación no podía dejar de
pensar en que hubiese pasado si se hubiera encontrado con el hombre misterioso.
Si en vez de desaparecer en la nada se hubiese quedado, por lo menos para
mostrarle lo agradecida que estaba por haberla salvado dos veces en la misma
noche.Colgó el teléfono y se quedó mirando por la ventana. El tiempo había
cambiado de repente. De una agradable brisa con la que agradaba estar en la
calle, de repente estaba lloviendo como si fuese a caer el diluvio universal.
Se encendió un cigarrillo y mientras lo dejaba que se consumiera en el
cenicero de la mesita de noche se fue a poner el camisón.
Dejó la luz del cuarto de baño encendida. Tenía la manía de cambiarse en el
cuarto de baño, aunque estuviese sola en casa.
De nuevo, volvió a asomarse a la ventana y tras sentarse en una silla que
tenía cerca se quedó mirando fuera. Cerró los ojos y dejó que el sonido de la
lluvia la relajara y se llevase todos los nervios de la noche.
Con los ojos cerrados volvió a ver todo lo ocurrido esa misma noche. Le
volvió a ver a él de nuevo, sacándola de la calle para evitar que la
atropellasen y sacándole al baboso de encima.
Un portazo la sacó de su ensimismamiento. Había dejado las ventanas del
comedor abiertas y la corriente de aire provocó que se cerrasen de golpe. De la
fuerza del impacto se habían roto los cristales.
Los recogió con la escoba en un momento, pero al ir a cerrar las ventanas
se clavó un trozo de cristal en la planta del pie. Era molesto, y a pesar de
que el corte no era muy importante salía una gran cantidad de sangre.
Se desinfectó el corte y se puso una tirita. Cerró las ventanas y entonces
tuvo de nuevo la sensación de que la estaban observando. No supo porque pero no
pudo evitar sonreir pensando que de nuevo él estaba cerca. Una vez más.
Tarik se refugió bajo su paraguas y se quedó mirando a la ventana sin ni
tan siquiera parpadear. No podía dejar de mirarila. Observó cada uno de sus
movimientos desde como se encendía el cigarrillo hasta como se ponía el
camisón. Era lo más hermoso que había visto en su vida.
Bajó la mirada un momento para ver que hora era y fue entonces cuando
sintió que ella estaba en peligro. Levantó la vista y no la vio en ninguna de
las ventanas.
Fue corriendo y entró en el edificio. busco su piso en los buzones y subió
corriendo hasta la planta donde ella vivía.
Se quedó plantado delante de la puerta. Toda la decisión con la que había
llegado hasta allí se esfumó al saber que la tenía al otro lado de la puerta, a
unos pocos metros.
Justo en el momento en el que fue a picar a la puerta se dio cuenta de que
se abrían las puertas del ascensor. Se escondió en un rincón, ya que no tenía
ganas de dar cuentas a nadie de quién era y qué hacía allí.
Desde su escondite vio que se trataba de la amiga de ella. Observó un
momento y vio como tras picar a la puerta entraba en el piso.
Pensó en irse. Al fin y al cabo, si estaba con su amiga era imposible que
estuviese en un peligro muy grave.
Se lo pensó dos veces y se sentó en su escondite y cerró los ojos, a la
espera de actuar.
Cuando abrió los ojos y miró de nuevo el reloj vio que eran ya las ocho de
la mañana. No había habido el menos movimiento. Su amiga se había quedado a
dormir con ella.
No lo iba a poder hacer en ese momento.
La puerta de su piso se abrió y la chica salió deprisa y corriendo.
Tarik vio como se le cayó el monedero del bolso al ir a guardar las llaves
y ella no se había dado ni cuenta.
Perfecto.
Ya tenía una excusa para acercarse a ella. Cogió el monedero del suelo y
bajó por las escaleras.
Se escondió en la portería justo del lado y unos minutos después de que
ella hubiese pasado por delante sin percatarse de su presencia la siguió.
Llevaba el cuchillo que le había dado Tanya escondido en la manga de la
chaqueta. No iba a poder hacerlo en medio de la calle. Había demasiada gente y
llamaría mucho la atención.
Se paró un momento, sin perderla de vista, y con gran destreza se guardó el
cuchillo en la bota derecha.
Las localizó y se acercó a paso acelerado. Corrió tras ella y la adelantó,
unos metros más adelante se giró y se la quedó mirando.
Cuando la tuvo delante cayó en la cuenta de que ni tan siquiera sabía su
nombre. Para él, ella era un completo desconocido. Sólo era alguien que la
había defendido la noche anterior.
Una idea asombrosa le vino a la mente. Tenía su cartera. La que le había de
devolver como excusa para acercarse a ella.
La abrió y comprobó su nombre. Christine Wallace.
En el momento en el que levantó la vista de la cartera de ella se quedó
perplejo. Un chico tenía a Chris cogida por los brazos y le estaba plantando un
beso en todos los morros.
No podía pensar. Tarik solo sentía como un calor interno recorría todo su
cuerpo. Adelantó el pie izquierdo y dejó asomar la punta del cuchillo para
abalanzarse sobre ese tío. Fue un momento después, cuando vio que Chris reía y
le seguía la broma pellizcándole el culo que comprendió que eran conocidos.
Viejos conocidos por el modo en como se comportaban.
Inmediatamente se sintió estúpido. Comprendió que había estado a punto de
hacer el ridículo más grande de su vida.
Observó como marchaban juntos y entraban en el edificio que se habían
encontrado.
Se dio media vuelta y en el momento en que empezaba a iniciar la marcha oyó
una voz a su espalda. Posiblemente la última voz que quisiese escuchar.
- Veo que no has perdido tu don de la oportunidad.
- No eres capaz.
- Aún no ha terminado el plazo. Tengo tiempo.
Tanya abrió su bolso y sacó un sobre pequeño.
- En esas hojas tienes todos los detalles sobre su vida. Lugares a los que
va, gente a la que conoce, cosas que hace. Prácticamente es su agenda.
Tanya se tomaba demasiadas molestias en querer ver muerta a alguien que
parecía una chica inocente.
Tarik aún recordaba como había contactado con él y le había hecho el
encargo. Había aceptado sin pensárselo dos veces ¿Por qué?¿ La cantidad de
dinero que pagaba? El dinero nunca había sido un problema para él. Era una de
esas personas que podría estar el resto de su vida sin trabajar y sin hacer
nada. Dedicándose única y exclusivamente a hacer el vago.
Lo que le había impulsado a aceptar el encargo era lo que Tanya le ofrecía
a cambio de poder ver muerta a esa chica. Su libertad.
- No me puedo creer que te haya pasado a ti realmente.
Chris aprovechó la hora de la comida para contarle a Edward todo lo
sucedido la noche anterior.
- ¿Cómo se lo ha tomado Angie?
- Se ha quedado a dormir en mi casa. Ha jurado que a partir de ahora no me
va a quitar los ojos de encima.
- Es que es increíble, ¿quién hubiese dicho que debajo de ese aspecto de
mojigata se encontraba un imán para los hombres?
- ¿Qué no hice nada?
- No me vengas con tonterías, Chris. Ese tío te salvó la vida en dos
ocasiones. Es más que evidente que se estaba fijando en ti, sino ya me dirás tú
como se explica.
- No lo sé. Simplemente recuerdo que a cada momento que me encontraba en
algún peligro, él aparecía de la nada.
Edward se sentó en su silla y se la quedó mirando fijamente. Al cabo de
unos segundos, Chris se dio media vuelta y se dirigió a ocupar su puesto. Ya se
había escaqueado bastante y no quería perder su puesto.
Edward era la única persona de la oficina que se molestaba en hablarle. De
hecho, en su primer día de trabajo fue él quien la saludó y se ofreció a
enseñarle el sitio.
Tenía absoluto conocimiento de que el resto de la oficina no quería ni
verla. La veían como un bicho raro. Algo que era mejor evitar a toda costa. Lo
cierto es que le agradaba dar esa imagen y que la trataran de ese modo. Nunca
le había gustado atar lazos con nadie y siempre le había gustado ir a su aire y
no coger confianza con nadie.
¿Por qué había permitido que pasara lo contrario con Edward?
Desde el primer momento en que lo había visto supo que era diferente y
especial de algún modo.
A la salida del trabajo se puso la chaqueta y cogió el bolso. Lo abrió y
comprobó el teléfono. Era una fea costumbre que había cogido de hacía tiempo.
Tenía como una docena de llamadas de Angie.
Angie no era de esas personas que llaman por cualquier tontería, sino de
las que usan el teléfono sólo para cosas verdaderamente importantes.
Teniendo en cuenta que Angie se había quedado en su casa y que cuando ella
se había ido su amiga seguía durmiendo a pierna suelta, en seguida se puso en
lo peor.
Mientras bajaba las escaleras fue marcando su número, pero al llegar a la
calle lo borró de inmediato ya que no iba a hacer falta, pues su amiga estaba
en la puerta de su oficina con cara de verdadera preocupación o pánico, no
sabía muy bien como definirlo.
- ¿No trabajas hoy?
- Me he tomado el día libre.
- Cualquier día vas a hacer que te despidan.
- Ese día nos emborrachamos. Sabes lo poco que me gusta mi trabajo.
- Igualmente, por mucho que tu trabajo no te guste...
- Oye- la interrumpió- Soy mayorcita para que me estés dando sermones sobre
obligaciones, además tengo algo más importante que contarte.
Esa era una de las pocas cosas que no le gustaba de su amiga. Lo borde y
déspota que podía ser en ciertas ocasiones. Pero como era rara la vez que se
mostraba de ese modo, se lo perdonaba. Aunque sabía que no debería
permitírselo.
- He ido al club de anoche.
- ¿Ahora es un after?
- Calla y escucha- Segunda vez. A la tercera la mandaba a la mierda. Todo
tiene un límite.- He estado hablando con Greg, el que estaba en la puerta y le
he preguntado por el tío que te salvó.
- ¿Por qué?- no entendía porque había tenido que hacer de detective
privado- Yo casi lo tengo olvidado.
- No te imaginas lo mal que se te da mentir.
- Bueno, ¿qué has averiguado?
- Absolutamente nada.
- ¿Cómo?
Tarik estaba sentado en el escritorio observando fijamente las carpetas que
Tanya le había entregado. No estaba nada equivocada. En esas hojas estaba toda
la información de Chris. Sus datos personales, sus direcciones, los lugares que
frecuentaba.
Abrió la segunda carpeta y en ésta había gran cantidad de fotos de ella. De
cerca, de primer plano, hablando por teléfono en la calle, comiendo con unos
amigos.
Cogió entre sus manos la foto de su cara y se la quedó mirando embobado.
Realmente era preciosa. Tenía una melena castaña con reflejos cortada a la
altura del cuello, unos rasgados ojos verdes y unos labios carnosos de un
precioso color rosado. Su cara rozaba la perfección gracias a su nariz delineada
y pequeña.
Tenía un rostro ovalado que no se cansaba en ningún momento de mirar.
De repente se vio acariciando suavemente los labios de la fotografía.
Imaginando como sería besarlos. Imagino lo maravilloso que sería susurrar
palabras en aquellos oídos pequeños escondidos por su pelo. Sabía que le
volvería loco enredar sus dedos en ese pelo y perderse por él. Perdía el juicio
solo de pensar en como sería acariciar y besar ese cuello tan perfectamente
formado.
Estaba completamente convencido de que no había mujer más perfecta.
Tarik mantuvo sus ojos cerrados mientras pensaba en todas las cosas que
deseaba hacerle pero sabía que no era capaz de hacerle, no porque no quisiera
sino porque no podía.
Mientras reconstruía en su mente su imagen sin dejarse ningún detalle, notó
como un pequeño bulto le oprimía los pantalones.
Dejó escapar un pequeño gemido que se intensificó al notar una mano fría
acariciando sus abdominales mientras que otra mano acariciaba su entrepierna.
Las caricias cada vez eran más seguidas e intensas. Su respiración se
aceleraba imposibilitándole el poder decir nada. Tan sólo se dejaba hacer.
Los pezones de sus pechos se pusieron duras cuando aquella mano fría, casi
como la de un muerto, se los pellizcaba.
Los gemidos eran cada vez más intensos. Estaban a punto de convertirse en
gritos cuando sintió una lengua acariciar su cuello.
Abrió los ojos y miró hacia arriba. La persona que vio no era la que quería
en aquellos momentos.
- ¿Qué demonios estás haciendo?- Tarik se levantó y se fue hacia la puerta-
Esto no entraba en el trato- Tras decir eso se marchó.
- No olvides que eres de mi propiedad.
Tanya miró la foto que estaba sobre el escritorio. Había vivido lo
suficiente como para saber que es lo que estaba pasando. Sabía perfectamente
que él no iba a ser capaz de llevar a cabo su encargo.
Tanya era como una niña malcriada y siempre se había salido con la suya y
consiguiendo todo lo que se proponía, fuese como fuese.
Chris estaba realmente sorprendida por todo lo que le acababa de contar
Angie.
Al parecer, su amiga había estado todo el día hablando con todo el personal
del club en el que estuvieron la noche anterior. Preguntando sobre el
misterioso hombre. Nadie sabía nada ni tan siquiera recordaban haberlo visto
nunca.
Literalmente había salido de la nada.
Para poder asegurarse bien, Angie habló con Greg. Era el único que en
situaciones como esas podía ser un testigo fiable. Todo ello se debía al don
que tenía. No era algo que le agradase y que compartiese. Tan sólo había dos
personas en la ciudad que lo supieran, al menos que ella conociera.
Greg tenía hipermnesia. Tenía la capacidad de recordarlo todo. Nunca
olvidaba nada. Él mismo decía que en ciertas ocasiones le era muy útil, pero
que la mayoría de las veces era más bien como una maldición.
No era algo de lo que le gustara alardear ni tampoco dejar que la gente se
aprovechara de ello. El hecho de que con Angie lo hiciera no era nada más que
por el tiempo que hacía que se conocían, la confianza que se tenían y el pasado
en común que ambos compartían.
Una vez Chris supo con certeza que nadie nunca le había visto y ni tan
siquiera había oído hablar de él, empezó a sentirse realmente cansada.
Cogió un taxi y se fue a casa. El único sitio en aquellos momentos en el
que se sentía realmente descansada.
Como cada tarde después de llegar del trabajo, de forma automática se
encendió un cigarrillo, fue al baño y abrió el grifo del agua caliente para
llenar la bañera.
De nuevo Tarik volvía a estar en el mismo sitio donde estuvo tan sólo hace
unas horas. En la calle, enfrente del edificio donde se encontraba el
apartamento de Chris.
Miró fijamente como ella entraba en el edificio. Bajó la vista hasta la
carpeta donde tenía la información de ella y tras mirar el piso donde vivía,
aunque no lo había olvidado, esperó. Una vez que vio las luces encendidas
sintió la imperiosa necesidad de subir y estar aún más cerca de ella.
No iba a poder entrar si nadie sabía quien era. La primera vez había tenido
suerte, ya que la entrada estaba despejada.
Esta vez ya veía que no iba a ser igual. Un portero se encontraba en la
entrada con cara de muy pocos amigos.
Tarik se sentó en un banco a esperar pasar el tiempo y a pensar. En ningún
momento olvidaba que tenía un encargo pendiente de hacer y que precisamente
estaba allí para cumplirlo.
Pensó una y otra vez en como llevarlo a cabo. Sería un trabajo limpio.
Apretó los puños fuertemente y notó el cuchillo que tenía escondido en la
manga del abrigo.
Con los ojos cerrados pensó la manera en como entrar. Dejó completamente la
mente en blanco, no pensaba en nada más que en entrar en el apartamento.
Fue entonces cuando se vio en el apartamento. Giró la cabeza a la calle y
también se vio en la calle sentado en el banco con los ojos cerrados como si se
hubiese dormido, sin levantar sospechas.
<<A lo mejor así te es más fácil>>
Oía a Tanya en su cabeza. ¿Sería posible? Le había conferido el poder
proyectarse de forma astral y con la suficiente fuerza para tener una forma
corpórea.
No era un regalo desinteresado, eso estaba claro. Tan sólo era una
herramienta que le facilitaba para que llevase a cabo su cometido. Estaba
clarísimo que en el momento en que cumpliese dicho poder le sería arrebatado.
Se encontraba en medio del recibidor. El piso era realmente acogedor.
Un pequeño mueble artesano decoraba la entrada en la que había un par de
fotos de una pareja joven. La mujer era extrañamente parecida a Chris y el
hombre poseía el atractivo de uno de esos actores de las películas de los años
cincuenta. Un pequeño quemador de incienso y el olor que desprendía hacía que
la estancia allí fuese aún más acogedora.
Avanzó hasta llegar a un salón que estaba escasamente decorado. En una
pared había un sofá de tres plazas que había visto tiempos mejores. En el lado
opuesto un televisor y justo en la pared que quedaba enfrente suyo una librería
con una gran variedad de libros. Se acercó a ella y vio que los títulos eran de
lo más variados,
Mientras sostenía el libro de Mujercitas de Louise May Alcott en sus manos
se dio cuenta del error tan grande que estaba cometiendo.
Estaba en medio del salón a la vista de todo el mundo.
Vio a su espalda un armario empotrado y decidió que sería el escondite
provisional perfecto hasta que llegara el momento de atacar.
Justo en el momento en que terminó de esconderse vio como Chris pasaba ante
él con nada más que una toalla envuelta alrededor de su cuerpo y entraba por la
puerta que había justo al lado del televisor.
Una vez se aseguró de que ella no iba a volver, salió de su escondite y se
acercó a la puerta que ella había dejado entreabierta.
Era la puerta que daba al baño. Justo desde el espacio que había dejado
entreabierto podía ver a la perfección la bañera que estaba de agua caliente a
rebosar. Chris estaba inclinada encima de ella echando unas sales aromáticas.
Tarik se relajó y esperó donde estaba. Ella no iba a tener ninguna prisa en
salir.
Chris se quedó mirando su imagen en el espejo. No era una persona vanidosa
pero le encantaba su cuerpo.
Tenía una figura alta y delineada. La toalla enmarcaba perfectamente sus
curvas.
Mientras la bañera terminaba de llenarse de agua ella empezó a jugar con su
pelo. Se recogió su pequeña melena en un moño mal hecho para que no se le
mojara el pelo y poder estar más cómoda.
Tarik la miraba fijamente desde el quicio de la puerta. De nuevo un calor
empezaba a recorrer todo su cuerpo. Por una parte sus manos decían que era el
momento idóneo para llevar a cabo su tarea, pero el resto de su cuerpo le
estaba pidiendo otra cosa. Una cosa a la que se estaba negando con todas sus
fuerzas, muy a su pesar.
Chris abrióp el pequeño armario del baño y cogió la cuchilla de afeitar.
Aunque no tuviese vello le gustaba rasurarse las piernas mientras estaba en la
bañera.
Cuando cerró la puerta del armario y se dio la vuelta la toalla se le
deslizó un poco, pues se había enganchado con la puerta, dejando a la vista el principio
de la curvatura de sus pechos.
Tarik no pudo contenerse. El calor de su cuerpo iba aumentando por
momentos.
Apartó la mirada el tiempo suficiente, a la espera de que Chris se hubiese
puesto bien la toalla. Se equivocaba. Cuando volvió a mirar la chica estaba
completamente desnuda con la toalla a sus pies.
Se encontraba sentada en la bañera frotándose las piernas. Sus manos se
deslizaban lentamente desde los tobillos, subiendo hasta la rodilla. Sus dedos
acariciaban lentamente su muslo hasta unos pocos centímetros de la ingle para
volver a bajar fuerte y rápìdo de nuevo hasta el tobillo.
Tarik estaba realmente ardiendo. Quería irse de allí. No iba a poder
contener el impulso de querer entrar ni tan siquiera unos segundos más, pero
sus pies no respondían.
Chris se puso de pie y puso un pie dentro de la bañera, unos segundos
después el otro.
Tarik tenía una clara visión de su cuerpo de espalda. Esa chica tenía el
culo mejor puesto que había visto en mucho tiempo.
Observó como entraba en la bañera y apagaba la luz. Las velas que había
colocadas en la pica del baño le daban un aire relajado al cuarto de baño.
Chris reclinó su cuerpo hasta dejar la cabeza apoyada en la toalla que
había preparado previamente.
Cerró los ojos esperando encontrar un poco de calma. No era capaz de
lograrlo. Cada momento que cerraba sus ojos oía el claxón y una voz regañándole
por cruzar sin mirar.
Normalmente no le gustaba que la trataran como si fuese una niña pequeña,
pero con él era distinto. Le gustaba sentirse desamparada para notar como él
estaba ahí. Le gustaba pensar que estaba sólo para ella que no había nada más
en ese momento, aunque la calle hubiese estado abarrotada de gente.
Llevaba ya más de media hora sumergida en el agua caliente y se encontraba
más que relajada.
Cogió la esponja y se empezó a enjabonar. Como no tenía ninguna prisa,
lentamente fue frotando cada una de las partes de su cuerpo.
Apretó la esponja justo encima de sus hombros y dejó que el jabón cayera
por su espalda. La sensación era tan agradable que Chris no pudo evitar dejar
escapar un gemido de placer.
Tarik con cada segundo que pasaba observándola era menos dueño de su
cuerpo.
Chris bajó lentamente la esponja hasta sus pequeños y redondeados pechos.
Dibujó con la esponja el contorno de éstos hasta que una fina línea de jabón
marcó la silueta.
Soltó la esponja y la dejó flotando encima del agua para masajearse con sus
manos.
Con la palma de la mano estrujó sus pechos con fuerza y con los dedos
pulgar e índice se pellizcó los pezones. Primero le produjo unas ligeras
cosquillas que hicieron que se le escapara una risa floja, para después
pellizcárselos con más fuerza.
Los pellizcos fueron acompañados de un grito ahogado de placer que hizo que
el calor de Tarik tomase forma dentro de sus pantalones. Instintivamente bajó
la mano por sus pantalones y con sus grandes y musculosas manos se masajeó
lentamente la entrepierna produciéndose un placer que acalló mordiéndose el
labio.
Chris bajó la mano por su cuerpo hasta llegar a su entrepierna. Estaba
completamente húmeda, y no solo por el agua de la bañera. Él podía sentirlo y
eso le encantaba.
Se acarició la vagina con tres dedos suavemente produciéndose más placer
del que podía dar el juguete que sólo ella sabía que escondía en el fondo cajón
de la ropa interior.
Cuando notó que estaba completamente mojada y dilatada introdujo
salvajemente dos dedos en su interior. El grito que soltó fue de tal inmensidad
que provocó en Tarik que su miembro se endureciera y ganara unas proporcionas
hasta el momento desconocidas por él.
Siguió introduciéndose los dedos, cambiando la velocidad y la intensidad
con la que ella misma jugaba con su cuerpo.
Cada vez estaba más excitada, más mojada, más sedienta de más. Sintiéndose
sola y húmeda en su piso siguió dándose placer hasta que no pudo más.
Su respiración era cada vez más acelerada, los gemidos cada vez más intenso
y el placer cada vez más insoportable. Estaba aguantándose las ganas de llegar
hasta el final, quería que esa sensación aún durase un poco más.
El inmenso placer que estaba sintiendo ella estaba siendo de la misma
magnitud que la tortura para la entrepierna de Tarik.
Ella notaba que estaba a punto de llegar al final. No lo iba a aguantar
más. Quería terminar. Se dispuso a introducir sus tres dedos hasta el final, a
lo más profundo de su ser cuando pasó lo que ninguno de los dos esperara que
pasase.
Sonó el teléfono.
Tarik despertó y ya no estaba en el apartamento de ella. De nuevo estaba en
el banco de la calle. El bulto de sus pantalones se había ido con él.
Completamente desconcertado y avergonzado por lo que le pasaba se abrochó el
abrigo hasta el final y se fue.
Chris salió de la bañera, se envolvió en la toalla y descolgó el teléfono.
Mientras escuchaba a Angie al otro lado de la línea vio que la foto de la
entrada no estaba como ella la dejaba siempre. ¿Cómo era posible?
Sin darle más importancia, volvió a su conversación con su amiga y aceptó
su invitación para cenar fuera.
Tanya condujo despacio por entre las calles de los suburbios. No le daba
ningún miedo andar por esos sitios. No era la primera vez que se codeaba con lo
más bajo y rastrero.
Aparcó su Hummer H2 en la puerta de un local llamado La Gruta.
Andó con paso decidido haciendo un tremendo ruido con los tacones de sus
Manolo Blahnik. Saludó al portero que le contestó de un modo muy afable y
entró.
El interior estaba repleto de hombres rudos, sucios y rastreros. Se acercó
a la barra y pidió un martini.
Una vez el camarero se lo hubo servido, Tanya se acercó a su oído.
- ¿Dónde puedo encontrar a Hugo?
- Al lado de la mesa de billar.
Tanya se giró haciendo que toda su larga melena rubia pasara por delante de
la cara del camarero. Éste se quedó embobado mirándola mientras al otro extremo
de la barra dos tíos con pinta de motoristas reclamaban a gritos sus cervezas.
Tanya se sentó en una silla apartada de los jugadores, pero desde donde
ella los podía ver a todos. Mientras que todos los jugadores eran realmente
buenos en el billar había uno que no conseguía que ninguna de las bolas entrara
en los agujeros.
El hombre dejó de jugar fue a la barra y se pidió una cerveza. En cuanto se
la sirvió Tanya observó que el camarero le susurraba algo y a continuación
señalaba hacia donde se encontraba ella.
Una vez lo tuvo delante, ella ni siquiera se intimidó. El tal Hugo medía
cerca de un metro noventa, pesaría unos noventa quilos y tenía una cara
demasiado atractiva para haber acabado en un sitio como ese, ya que si se lo
hubiese montado bien podría estar siendo modelo de alguna importante revista.
- Me han dicho que me buscabas.¿Que quieres?
- Tengo un trabajo para tí.
Tanya le hizo una seña para que se sentara y lo miro fijamente a los ojos.
Hugo no pudo desobedecer y muy en contra de su voluntad se sentó.
Tanya le tendió una foto que Hugo se quedó mirando.
- La quiero, me da igual como me la traigas.
- ¿Que gano yo a cambio?
Tanya abrió el bolso y sacó un fajo de billetes que al caer en la mesa hizo
que todo el bar se girase.
- Hay 5.000 dólares. Puedes contarlos, si quieres.
Hugo la miró con una luz de malicia en sus ojos. Estrechó su mano fuertemente
y se despidió.
Tanya fue tras él y le tendió una tarjeta.
- Éstate esta noche a las doce ahí. No llegues tarde.
Cuando salió del bar Hugo se encontraba completamente desorientado. No
podía recordar nada. Lo intentó un par de veces y su memoria sólo le permitía
llegar hasta el momento en que había ido a la barra y el camarero le había
hablado ¿Qué le había dicho? Le había hablado de alguien.
Era lo único que conseguía rememorar. Se subió al coche y se encendió un
cigarrillo. Cerró los ojos y lo intentó de nuevo.
Recordaba que el camarero le señalaba a algún lugar en concreto del bar.
¿Había alguien?
A su memoria vinieron unas piernas largas y delineadas. Casi esculpidas.
Dejó que su memoria fuese subiendo hasta un cuerpo esbelto, delgado, perfecto.
Era una mujer, de eso no había duda.
No recordaba nada de la conversación, sólo que ella le tendía una tarjeta.
Instintivamente se metió la mano en el bolsillo del pantalón y vio una
dirección y un nombre.
Al ver aquellos datos vio la cara más hermosa enmarcada en una larga y
sedosa melena rubia, con unos ojos grandes color esmeralda y unos labios rojos
que lo único que quería era besarlos.
Recordó que se trataba de una mujer muy exigente que le había pedido
puntualidad.
Iba a complacerla. Su padre siempre le había enseñado a tratar bien a las
mujeres.
Hugo miró la dirección en la nota y consultó la guía de la ciudad. La
dirección se encontraba en la zona alta de la ciudad y nunca había estado por
allí.
Miró el camino que fuese más rápido ya que iba con el tiempo justo y agarró
el volante con fuerza.
Conforme iba avanzando por las calles iba viendo como las casas de varios
pisos amontonados de cualquier manera pasaban a ser viviendas con menos pisos
para finalmente terminar en una zona residencial de casas unifamiliares desde
las cuales se tenía la mejor vista de la ciudad.
No le costó mucho encontrar la calle dónde tenía que ir, pero lo que le
costaba de creer era el número. A medida que el número era más alto las casas
eran más lujosas.
Finalmente llegó al número indicado. Se quedó con la boca abierta e
inmediatamente se sintió completamente fuera de lugar. Tuvo la imperiosa
necesidad de dar media vuelta y esconderse en su apartamento de una sola
habitadción.
Recordó inmediatamente la autoridad de la voz de la mujer y se quedó en el
coche armándose de valor.
Una vez reunió el valor necesario salió del coche y picó al timbre.
- Llegas antes de tiempo. Me gusta.
Las rejas que cuistodiaban la entrada se abrieron de golpe.
A la entrada había una piscina de dimensiones olímpicas. A cada lado de
ésta había una tumbona blanca en las que seguro se tumbaban los dueños de
aquella increíble casa.
Al final de la piscina y culminando la decoración dos enormes y hermosos
cipreses que terminaban de darle un aire idílico al lugar.
Siguió unos pasos más adelante, rodeando la piscina, y al final de éste vio
lo que nunca se hubiese podido llegar a imaginar ni en sus mejores sueños.
Una enorme mansión de dos plantas completamente hecha de cristal. Nunca vio
nada parecido. Toda la casa se podía ver perfectamente desde el exterior. Cada
una de las estancias.
Se acercó a la puerta y de forma instintiva se escondió de los dos guardias
de seguridad que había apostados en la puerta. La experiencia le había enseñado
a esconderse de esa clase de tipos.
Escondido tras unos matorrales enormes de los que creía que no lo veían
pudo observar como los dos hombres iban armados con una escopeta.
Andaban con paso militar e iban de punta a punta de la entrada, impidiendo
la entrada a cualquier persona desconocida.
Tras unos minutos de observarlos detenidamente se vio levantado a dos
palmos del suelo. Uno de los gorilas que había merodeando por los alrededores
lo había cogido y lo llevaba completamente colgado hacia la entrada. Se daba
por muerto.
Lo tiró al suelo. Notó como sus costillas impactaban contra el suelo y el
dolor le impedía levantarse. El pie del gorila se le puso encima de la espalda
limitando aún más sus movimientos.
Levantó la vista y vio como las dos escopetas de los de seguridad de la
puerta apuntaban a su cara.
Era definitivo, podía darse por muerto.
- Soltarle idiotas.
Una voz autoritaria saló de detrás de ellos e hizo que se apartaran.
La desconocida del bar cruzaba el umbral de la puerta. Desde el suelo lo
único que pudo ver fueron los zapatos que había visto tan sólo unas horas
antes.
- Perdone jefa.
Tanya le tendió la mano y le ayudó a levantarse. Entonces pudo observar
detenidamente el cuerpo más maravilloso del mundo.
Ella era el tipo de mujer que más le ponía. Al verla tuvo que reprimir las
ganas de tirarse a su cuello, lo que no pudo reprimir fue el calentón que le
produjo y la inmediata erección de su entrepierna que intentó disimular bajando
su chaqueta.
- Veo que eres muy visceral. Vas por buen camino- esa frase solo consiguió
ponerlo más a tono.
Sin decir nada más Tanya le cogió de la mano y lo arrastró al interior de
la casa.
Hugo miraba a todos lados con la boca abierta. Se sentía completamente tan
fuera de lugar. No encajaba para nada en un sitio como ese y para nada esperaba
estar en compañía de una mujer tan hermosa.
Tanya se paró en una habitación enorme e iluminada como el resto de la
casa. El suelo era completamente blanco. A un lado había una enorme cocina
americana, mientras que en el otro extremo había un elegante sofá de piel
blanco.
- Toma asiento, por favor. ¿Deseas tomar algo?
Hugo se quedó parado sin poder articular ni una sola palabra.
Tanya avanzó hasta la cocina y abrió el mueble bar de la cocina. Sacó una
botella de vino y sirvió dos copas.
- Es un Cabernet Sauvignion. Saboréalo.
Se sentó a su lado y mientras que Hugo dio un trago para empujar la
verguenza que sentía hacia su interior, ella tan sólo se mojó los labios. Al
apartar la copa de sus labios le quedó una mancha roja en el labio superior.
Tanya era consciente de que Hugo no dejaba de mirarla fijamente. Se lamió
los labios lenta y sensualmente y pudo percibir como la incomodidad del chico
aumentaba.
Le puso la mano encima de la pierna, muy cerca de su ingle y se la apretó
levemente. La erección de Hugo ya no se podía disimular ni tapándose con las
manos.
- Ha llegado el momento de que te explique porque te he hecho venir.
Tanya se levantó del sofá soltando lentamente la mano de Hugo. Éste no
podía dejar de mirarla ni un momento. Estaba completamente hipnotizado. Tenía
algo que hacía que estuviese completamente concentrado en cualquier movimiento
que hacía ella.
Le hizo una seña con la mano para que cerrase los ojos. Sin pensárselo dos
veces la obedeció. Sin ver absolutamente nada era aún más consciente de lo que
ocurría a su alrededor. Podía oír las conversaciones de los matones de fuera.
Escuchó el silencio de la noche. El remor del agua de la piscina, e incluso en
algún momento los sonidos de algún animal nocturno.
Lo que no podía oír era el sonido de los tacones contra el suelo. Tuvo el
instinto de abrir los ojos, pero se obligó a no hacerlo. Lo encontraba
divertido y hasta erótico el no saber que ocurría a su alrededor.
Oyó la voz de Tanya diciéndole que era el momento de que abriese los ojos.
Obedeció a ciegas. En el mismo momento en que abrió los ojos entendió porque no
había oído el ruido de los zapatos. La muy espabilada se los había quitado y
los había colocado perfectamente alineados en un lado del sofá.
Se levantó y empezó a buscarla por todas las habitaciones sin éxito. En las
escaleras de madera que llevaban al piso de arriba vio una prenda de color
negro colgando de la barandilla. Al acercarse se dio cuenta de que eran unas
bragas. El juego al que ella estaba jugando le encantaba. La presión en sus
pantalones era cada vez mayor. Siguiendo sus instintos más primarios subió las
escaleras para encontrar al final de un largo pasillo una habitación con la
puerta entreabierta. En el pomo de esta se acercó y encontró los sujetadores
del mismo color.
Estaba más que claro que Tanya se encontraba desnuda. Abrió la puerta sin
esperar a que le diesen permiso y lo que encontró lo dejo sorprendido.
Una habitación completamente negra con una cama de matrimonio en medio.
Alrededor de toda la pared había una serie de cadenas, esposas y otros
utensilios que en su momento habían sido diseñados para algún tipo de tortura.
En la cama se encontraba Tanya. Tumbada. Llevaba un picardías negro que le
trasparentaba lo justo y necesario para hacer que las fantasías más prohibidas
de Hugo se hiciesen realidad.
De pronto comenzó a sentirse indispuesto, la habitación le daba vueltas. A
medida que iba perdiendo el sentido vio que unas botas de cuero de tacón de
aguja se acercaban a él. Finalmente se desplomó al suelo y se desmayó.
Tarik andaba sin un rumbo fijo. Desde que había huido de casa de Chris
anduvo dando tumbos arriba y abajo.
Se sentía completamente extraño y fuera de sí. No se reconocía a sí mismo.
Jamás le había sucedido nada parecido. Siempre fue muy dueño de su propio
cuerpo. Verla desnudo le había superado. Aquella imagen volvía a su cabeza una
y otra vez. Lo bueno es que ahora si que se podía controlar y no responder de
una forma tan primaria a como le había sucedido.
¿Qué es lo que le había pasado? Había estado tentado de entrar en el baño y
tomarla allí mismo. Hubiese sido capaz de comportarse como un verdadero animal.
En el útlimo momento se había echado atrás y se marchó para evitar lo que él
más deseaba que hubiese pasado.
Cuando salió de su ensimismamiento vio que había llegado hasta los muelles.
Siempre fue uno de sus sitios preferidos de la ciudad. Tiempo atrás era un
lugar al que había acudido para dejar su mente en blanco y olvidarse de sus
preocupaciones.
Se sentó en el amarrador y miró fijamente al horizonte. Le encantaba el
silencio de aquella zona de la ciudad. Se reclinó y se quedó con la vista
clavada en el cielo. No podía dejar de darle vueltas a lo que había estado
viendo.
Su cuerpo volvió a reaccionar al ver de nuevo la imagen de el cuerpo de
Chris adentrándose en la bañera. Su cuerpo moldeado semi-oculto en la espuma
del baño. Su cabeza recostada sobre una toalla. Ese cuello largo y estilizado
que uno no dejaría de morder ni un momento.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por los gritos y alaridos que
proferían un grupo que venía dando tumbos por el puerto.
Primero pensó que no eran nada más que unos borrachos que iban a pasar la
borrachera al puerto. Fue unos momentos después, cuando los vio que se lo
quedaban mirando e iban directamente hacia él cuando supo que esos no estaban
ahí por accidente.
En poco menos de cinco minutos se encontró rodeado por un grupo de hombres
que lo miraban desafiante. No fue hasta el momento en que cayó al suelo por un
puñetazo en el estómago que reconoció a uno de sus agresores.
Chris se quitó los tacones nada más llegar a su casa. Toda la tranquilidad
y relax que había conseguido con el baño ya no estaba. Las varias copas de cava
que tomó durante la cena hicieron que su equilibrio fuese precario.
Fue al baño y se refrescó la cara pero no pasó nada. Esperaba que la
hiciera sentirse mejor. Pensó que lo mejor que podía hacer era tumbarse en el
sofá.
Justo en el momento en que se le empezaban a cerrar los ojos llamaron a la
puerta. Vio que la distancia entre el sofá y la puerta era demasiado
grande. Maldijo el momento en el que alquiló un piso con un comedor tan amplio.
Se levantó y fue casi cayéndose hasta la puerta para abrirle a su casero
que le pedía el alquiler del mes. Abrió el cajón del mueble del recibidor para
sacar un sobre con el dinero que tenía preparado de antemano.
Al soltarse resbaló cayéndose de culo en el suelo. Su casero la ayudó a
levantarse mientras ella se apoyaba en el mueble de la entrada. Cogiéndose a la
foto de sus padres terminó de ponerse de pie.
De repente ya no veía a su casero. Tenía una imagen borrosa del puerto de
la ciudad. La visión ser fue haciendo más nítida hasta que podía ver un hombre
tumbado en su propia sangre. Cada vez, como si se tratara de una cámara se iba
acercando más hasta la cara del hombre.
Por fin pudo ver quien era. El hombre que la salvó dos veces en la misma
noche. Era el momento de devolverle el favor.
Sin dar ninguna explicación le cerró la puerta a su casero en las narices.
Cogió el móvil y marcó el número de Edward. Éste contestó al tercer timbrazo.
- Ven a casa con el coche. En menos de diez minutos te quiero aquí.
Ella misma se quedó sorprendida de la autoridad de su voz. Pocas veces en
su vida había hablado de ese modo.
Como tantas otra veces Edward no la defraudó y llegó a su pido en un tiempo
récord.
- No preguntes.
Edward no se atrevió a decir nada. Chris daba vueltas de un lado a otro de
la habitación. Cogía cosas y las volvía a dejar. Miraba nerviosa a todas
partes. Guardaba cosas en el bolso para al segundo siguiente volverlas a sacar.
Finalmente se quedó quieta.
- ¿Te encuentras bien?
- No sé como me siento.
- ¿Para qué me has pedido que traiga el coche?
- Tienes que llevarme al puerto. No me preguntes el porque. Solo sé que he
de estar allí.
Edward no dijo nada. La cogió de las manos y la llevó hasta el coche.
Condujo rápidamente y aparcó en la entrada del puerto.
- ¿Qué hacemos aquí?¿Qué estamos buscando?
- No lo sé.
No podía decirle la verdad. Seguro que si le decía a su amigo que buscaban
a un hombre ensangrentado en el suelo y añadía que lo había visto en una visión
que tuvo al tocar la foto de sus padres la tomaría por loca.
Una fuerza la empujó fuera del coche. Iba recordando las imágenes de su
visión para encontrar en lugar exacto donde estaba Tarik. Recordó que había
visto su cuerpo en el amarre.
Sin esperar a que Edward saliese del coche fue corriendo hacia el amarre
del puerto.
El lugar estaba completamente a oscuras y era posible que los agresores
estuvieses aún por los alrededores. Pensó en dar media vuelta o esperar a que
llegase Edward. Fue en el justo momento en que terminó de pensar eso cuando vio
el cuerpo de Tarik.
Fue corriendo hasta el cuerpo de Tarik desplomado en el suelo. Lo cogió
suavemente de la barbilla para girarle la cabeza y asegurarse de que era él.
Definitivamente lo era. Esos rasgos enmarcados por una barba de dos días solo
los había visto una noche en toda su vida.
Edward llegó tras ella y se arrodilló a su lado. Sin necesidad de que le
dijese nada entendió que es lo que estaba sucediendo. Vio que unas lágrimas
asomaban a los ojos de Chris. Sabía que ella realmente sentía algo por aquel
desconocido lo suficientemente fuerte como para ir a buscarlo por lo que
Edward quería entender solo como una fuerte intuición.
Cogió al hombre en brazos y le pidió a Chris que le esperara con el coche
abierto. Lo introdujo en el asiento trasero y en el más absoluto silencio condujo
hasta casa de su amiga.
Una vez lo hubieron tumbado en la cama de la habitación de invitados
saliron ambos al comedor.
- Creo que lo más conveniente es que llames a un médico para que lo
atienda. Este tío ha perdido mucha sangre.
- ¿Realmente crees que es seguro llamar a un médico por alguien que a estas
horas estaba en el puerto y que ha tenido una pelea?
- ¿Qué quieres decir?
Chris se quedó un momento callada y miró hacia la habitación.
- Seguramente harán preguntas que a lo mejor él no quiere contestar.
Chris cogió un barreño que llenó de agua caliente. Cogió unas toallas del
baño y entró en la habitación.
Introdujo uno de las toallas en el agua caliente y se la colocó sobre la
frente. Al ver su cuerpo vio que la gran cantidad de sangre salía de su
estómago. Sin pensárselo dos veces le abrió la camisa. Hubiese querido hacerlo
lentamente. Disfrutar de como al desabrochar cada uno de los botones una parte
del cuerpo de él se iba descubriendo para ella. Pero no era sensato hacerlo.
Una vez tuvo su torso desnudo vio que tenía una profunda herida en el
abdomen. Toda la sangre tapaba un cuerpo perfectamente moldeado. Empezó a
limpiarle poco a poco. Sin hacer fuerza para evitar hacerle el menor daño.
No pudo evitar sentir cierta excitación al hacerlo. Hacía mucho tiempo que
no tocaba el cuerpo de un hombre, y menos un cuerpo como ese.
A pesar de que estaba realmente cansada no quería abandonar la habitación.
Tenía la sensación de que si lo dejaba a solas iba a pasar algo malo.
Edward apareció tras ella y le colocó una mano sobre su hombro.
- Ve a relajarte un rato. Yo cuidaré de él mierntras tanto.
Como un niño la chica obedeció a su amigo y fue a darse una ducha. Después
de haberle lavado parecía como si ella se hubiese llevado parte de la paliza,
pues también tenía las manos y parte de su ropa empapada en sangre.
Desde la ducha podía oir como Edward recogía las cosas que ella había
manchado y se preparaba un café.
Al salir de la ducha su amigo la acompañó hasta la habitación y la arropó
en la cama.
- Deja que me ocupe de los dos.
Edward salió de la habitación tras apagar la luz y fue de nuevo a la
habitación de invitados. Cerró un momento los ojos para descansar mientras
pensaba que no terminaba de fiarse de la persona que estaba herida en la cama
de invitados de la casa de su mejor amiga.
Hugo se despertó con un terrible dolor de cabeza. Se
encontraba completamente aturdido. Seguía estando en la misma habitación negra
.
Lo último que recordaba era que se había desmayado.
Fue a levantarse pero en el momento en el que intentó ponerse de pie se dio
cuenta de que no le era posible.
A medida que se le iba pasando el mareo miró a ambos
lados y se dio cuenta de que tenía las manos esposadas y los pies atados a la
cama.
- Es inútil que te resistas. No vas a poder
levantarte.
Tanya estaba en la puerta de la habitación apoyada en
el marco de la puerta con los brazos cruzados.
Le miraba con cierta lascivia. Llevaba puesto un
picardías negro que trasparentaba justo las partes que no tendrían que estar a
la vista.
- Quiero irme de aquí.
- Ya, ¿tan pronto? Si acabas de llegar.
Tanya se acercó lentamente, se puso a los pies de la
cama y se sentó a horcajadas encima de Hugo. Éste vio que a parte del picardías
negro llevaba unas botas de cuero con tacón de aguja. No supo muy bien porque,
pero aquello le produjo una excitación que no pudo controlar.
Aún y a pesar de lo caliente que estaba no podía
sentir un miedo irracional ante aquella situación. Intentó levantar el torso y
mover las manos para ver si era capaz de soltarse las esposas. Intentó mover
los pies para ver si podía aflojar las cuerdas. Todos los intentos fueron en
vano. Hiciera lo que hiciese seguía atado a aquella cama de pies y manos.
Se tomó unos segundos para coger aire y reunir la
fuerza y el valor necesario. Hundió la cadera para abajo e impulsó la pelvis
hacia arriba con fuerza. Tanya notó unos segundos su miembro erecto antes de
salir lanzada al suelo.
Al levantarse Hugo pensó que estaría enfadada pero su
sonrisa indicaba que le había gustado que la tratase con esa brutalidad.
Sacó un pañuelo de la mesita de noche y le vendó los
ojos. Ahora él estaba realmente acojonado y excitado al mismo tiempo y extrañamente
eso le gustaba.
- Pensaba que ibas a ir con remilgos, pero veo que a
los dos nos gusta jugar al mismo juego.
Tras esas palabras Hugo notó los labios húmedos y
calientes de ella en su cuello. Poco a poco, notaba los dientes. Un fuerte
mordisco en el cuello hizo que todo su cuerpo se tensara de repente. Los labios
de Tanya siguieron bajando y se quedaron en su pezón derecho. Se lo lamía
detenidamente y le iba dando pequeños mordiscos mientras que en el pezón
izquierdo lo pellizcaba cada vez más fuerte.
- No hay una palabra que te pueda decir para cuando no
soporte más el dolor.
- El dolor solo se supera con más dolor.
Las manos de ella estaban acariciando sus caderas y su
estómago. No le gustaba admitirlo pero le encantaba el cuerpo de Hugo. A pesar
de ser alguien más bien delgado, todo su cuerpo estaba completamente duro como
una piedra.
Ella era la que tenía que llevar el control. Las
riendas de la situación tenían que estar bajo su mando, pero le era realmente
difícil frenar el impulso de desnudarlo de golpe y hacer que la poseyera de un
modo tan salvaje que él no era capaz de imaginar.
Cuando el cuerpo de Hugo estaba ardiendo y él a duras
penas podía jadear notó que era liberado.
Se quitó la venda de las ojos y vio a Tanya tumbada
boca arriba con las piernas ligeramente levantadas. No pudo evitar desviar su
mirada hacia la entrepierna de ella y comprobar como sola se estaba dando un
pequeño placer.
- Vas a hacer lo que yo te diga en todo momento.
Obedecerás todas mis órdenes. Ahora estarás sentado en la cama y solo mirarás,
no harás nada en absoluto.
De nuevo, Hugo volvió a tener la misma sensación que
había tenido horas antes en el bar. Estaba completamente ensimismado y ni se
molestaba en cuestionarse las çordenes de Tanya. Simplemente las acataba.
Se sentó en la silla que había dispuesta al lado de la
cama y se la quedó mirando fijamente.
En el momento en que él estuvo sentado y ella estaba
segura de que no se iba a levantar, se sentó en la cama y de la mesilla de
noche cogió un bote de aceite para masajes. Se untó las manos y se fregó toda
la pierna desde el tobillo hasta el muslo. Con toda la mano en su pierna
apretaba con fuerza para que los músculos de sus pìernas se marcaran más. Subía
lentamente, entreteniéndose en cada uno de los recovecos y bajaba a toda prisa.
Así lo hizo un par de veces en cada pierna.
Después se acarició los brazos hasta llegar a sus
manos. Se frotó una mano con la otra, y cuando por fin comprobó que tenía las
manos empapadas en el aceite se las pasó por el cuello.
Fue tal el disfrute que se estaba dando a ella misma
que arqueó la espalda de modo que sus pechos quedaron marcados por debajo de su
ropa interior.
- Interven ahora, pero con calma.
Hugo se levantó de la silla hasta quedar a unos pocos
centímetros de ella.
- Alto. Quedate justo donde estás.
Hugo obedeció. Tanya se acercó un poco más hasta el
límite de la cama y puso sus manos en el culo del chico. No le defraudó en
absoluto aunque tampoco se sorprendió al ver que sus nalgas eran más duras que
una piedra. Pudo comprobar al mirar su entrepierna que todo aquello le estaba
gustando demasiado. Le desabrochó el cinturón ayudandóse solamente de sus
dientes y del mismo modo le bajo la cremallera. Introdujo sus dedos por dentro
de los pantalones y agarró los calzoncillos a la vez. Se los bajó de un tirón.
Hugo pudo notar como la cremallera le pellizcó uno de
sus testículos.
Tanya vio que al bajarle los pantalones le había hecho
una pequeña herida. Acercó su boca hacia esa parte de su cuerpo e introdujo
todo el escroto del muchacho en su cavidad bucal.
Hugo se puso rígido en el momento en el que notó la
suavidad de la lengua de Tanya en su escroto. Tuvo el impulso de agarrarla de
la cabeza con fuerza y empujarla para notar aún más presión pero el miedo de
que si hacía algo y la desobedecía podía terminar con eso le frenó.
Tanya pudo ver con sus ojos y notar con su cara como
el muchacho estaba gozando con todo ese juego. Con la mano derecha le agarró su
miembro y empezó a presionárselo y masturbárselo suavemente para cada vez ir
más deprisa y con más fuerza.
Él no podía controlarse. Tenía ganas de terminar pero
al ver la cara de ella supo que no era una opción viable.
- Tumbate en la cama de nuevo.
Hugo no tardó ni medio segundo en acatar sus órdenes.
Tanya se tumbó a cuatro patas encima de él y se colocó todo el miembro duro y
mojado de él en su boca.
Empezó a morderle el glande y comprobando como hacía
que él con cada mordisco arqueara la espalda. Prmero ella se apartaba para
comprobar como la musculatura del chico se dejaba ver perfectamente. Luego se
quedó quieta y en el momento en que él subió se introdujo su pene entero en la
boca. Lo succionó con fuerza y notó como Hugo quería terminar con
aquello.
Una de las veces que tuvo todo su ser dentro de ella
le mordió con fuerza lo que hizo que él soltara un gran grito.
Hugo estaba extasiado. Ella estaba sentada en la silla
mirándolo fijamente. No habían terminado. Tenía la sensación de que ella no
había hecho nada más que empezar.
Al volver a estar consciente Tarik sintió un terrible
dolor de cabeza y toda la habitación le daba vueltas. Sentía un fuerte dolor en
el abdomen y las piernas le pesaban hasta el punto de que era incapaz de
moverlas.
Poco a poco su cabeza se fue aclarando y la habitación
iba centrándose. La imagen de la habitación era más nítida por segundos.
Lo que vio a su alrededor no era nada parecido a lo
que él estaba acostumbrado.
Una habitación amplia e iluminada con
las paredes de un color rosa pastel. Al fondo de la habitación había un gran armario
blanco abierto en el que se veía que estaban perfectamente colocadas las
toallas y las sabanas.
El suelo de la habitación estaba
enmoquetado en blanco.
La cama sobra la que estaba tumbado
era una cama de metro noventa con una colcha de Hello Kitty que le produjo
escalofríos.
Intentó hacer memoria de todo lo que
había pasado anteriormente.
Le era imposible. El dolor que sentía
le impedía poder hacer siquiera el esfuerzo de pensar en ello.
Se miró el cuerpo y vio que estaba
completamente desnudo de cintura para arriba y donde sentía las punzadas de
dolor insoportables tenía gran cantidad de vendajes.
Estaba claro que alguien se había
ocupado de que no sufriese más o de que su estado fuese a peor. Pero, ¿con que
intención?
No iba a quedarse a comprobarlo ni
por un momento. Tenía que salir de allí y volver.
Intentó levantarse varias veces pero
su cuerpo no respondía. Estaba inmobilizado.
Finalmente sus piernas pareció que
empezaban a responder. Las fue arrastrando por la cama hasta que consigiuió
apoyarlas en el suelo. Con una mano se apoyó en la pared y rápidamente se
agarró a la cama para no caerse. La habitación le daba vueltas de nuevo.
Probablemente debido a que se levantó demasiado deprisa.
Sentado en la cama, tomó aire y se
armó del valor necesario para ponerse de pie. Estaba de pie. Podía ver la
puerta por la que iba a salir. En el momento en que intentó dar un paso las
piernas le fallaron. No aguantaron el peso de su propio cuerpo y se fue al
suelo.
Mientras estaba tumbado en el suelo
la puerta se abriío.
- ¿Qué haces? No tendrías que haberte
levantado.
- He de irme.
- Eso va a ser un poco imposible.
La persona que había entrado la ayudó
a reincorporarse y sentarse de nuevo en la cama.
Miró fijamente la cara de su
ayudante. Era ella. La tenía tan cerca y era tan agradable poder sentir su
perfume.
Lo entendía todo. Se encontraba en la
casa de la chica de la que estaba huyendo y estaba en su piso. En el mismo
donde un par de horas antes la había estado espiando.
Ella le miró a la ojos con ternura.
Él fue incapaz de aguantarle la mirada y bajó los ojos.
- Has estado durmiendo un buen rato.
- ¿Qué ha pasado?
No recordaba absolutamente nada. A lo
mejor los golpes habían sido peores de lo que ella había pensado en un
principio. Pensó en hacer caso a Edward y llamar a un médico. Al verle la cara
se dio cuenta de que no era la mejor opción. Pudo notar que se encontraba
desorientado y perdido. Lo último que quería era buscarse problemas con un
completo desconocido.
- No sabría decirte que es lo que ha
pasado. Sólo que te hemos recogido del puerto en un estado bastante lamentable.
- ¿Hemos?
- Mi amigo Edward y yo.
Edward asomó la cabeza por la puerta
y le tendió una toalla a Chris.
-¿ Cómo te encuentras?
- Bien. El descanso me ha ido mejor
de lo que te crees. Gracias pero ahora debo irme.
- Eso va a ser un poco difícil. Acabo
de poner una lavadora con tu ropa. Y hasta dentro de un rato no te vas a poder
ir. A menos que quieras ir por la calle con el pecho al descubierto.
Tarik volvió a hacer intentó de
levantarse de nuevo. En el momento en el que se fue a caer Chris lo cogió y
apoyó todo el cuerpo de él encima de su hombro.
Tarik tenía una maravillosa
perspectiva de su escote y no pudo reprimir una sonrisa picara que a ella le
pase desapercibida. No sucedió lo mismo con Edward. Se intercambió el sitio con
Chris.
- Será mejor que descanses un rato
más, tío. No estás en condiciones de levantarte.
Edward sacó a Chris de la habitación
y la llevó hasta el comedor. Tarik quiso seguirles. No quería quedarse en esa
habitación que le daba cierta grima.
Chris se sentó en el sofá del salón.
Edward la miraba fijamente con un gesto de odio en su cara.
- Sácalo de tu casa, ya. No me fío ni
un pelo de este tío.
- No puedo.
- Dime, ¿por qué?
- No lo sé. Simplemente sé que tengo
la necesidad de cuidarlo.
- Nadie te obliga.
- Lo sé. Es sólo que siento que es lo
que de hacer en estos momentos.
- Muy bien. Entonces dime, ¿cómo
sabías que iba a estar en el puerto?
- No puedo explicarlo.
- Creía que confiabas en mí. Creía
que era especial y que lo nuestro era único. Veo que estaba muy equivocado.
- No es eso....
Edward la dejó con la palabra en la
boca. Se fue dando un portazo. Chris se derrumbó y se quedó llorando en el
sofá.
Tarik salió de la habitación a duras
penas apoyándose en la pared y se sentó a su lado cogiéndole la mano.
Ella se secó las lágrimas y se lo
quedó mirando. La compasión que él tenía en su mirada hizo que aún se sintiese
peor y los llantos fueran más fuertes.
-¿Lo has oído?
- He oído lo suficiente. Ese tío no
te merece.
Chris no sabía en que sentido se
refería exactamente.
Solamente tenía ganas de llorar pero
no se lo podía permitir. Tenía a su lado a un hombre herido que necesitaba que
lo cuidaran.
Tarik la miró fijamente a los ojos y
le sonrió. Creía que había olvidado como era eso de sonreír, pues hacía mucho
tiempo que no lo hacía.
Ella se sintió mucho más confortada
con su sonrisa y fue a levantarse para prepararle algo y que comiese.
- No te preocupes por mí. Yo estoy
bien. Déjame que cuide yo de ti.
Sin que ella le dijera nada se
levantó y fue a la cocina. Se movía como pez fuera del agua. Era como si ya
hubiese estado anteriormente, pero esa era imposible. Hacía mucho tiempo que en
el piso de Chris no entraba ningun hombre salvo Edward.
Una hora más tarde Chris estaba
sentada a la mesa con un plato de sopa caliente y una botella de agua en la
mesa.
Se sentía incómoda siendo la invitada
en su propia casa. Tarik se quedó delante de ella mirándola embelesado.
- ¿No vas a comer nada?
- No tengo apetito. De hecho, no como
casi nunca.
- ¿Cómo mantienes ese cuerpo?
En seguida se arrepintió de su
pregunta. Daba la imagen de que de lo único que se había percatado despùés de
haber estado unas horas cuidándolo era de su gran físico.
- No te preocupes. Es la manera más
educada a la que se han referido esto jamás- dijo mientras se señalaba los
abdominales marcados.
Chris terminó de cenar y se sentó de
nuevo en el sofá mientras se encendía un cigarrillo. Tarik recogió la mesa y
fregó los platos. Después se sentó a su lado.
- ¿Te importa que te coja uno?
- En absoluto- le tendió los
cigarrillos.
Se hizo un silencio incómodo. Tarik
fue a preguntar más sobre la conversación que ella había mantenido antes con
Edward, pero Chris le pidió amablemente que no lo hiciese. En ese momento no
estaba preparada.
- Perdona pero he de preguntartelo.
¿Cómo acabaste así en el puerto?
- No lo recuerdo. Sólo sé que estaba
paseando y terminé allí.
Le estaba mintiendo. En el rato en el
que lo habían dejado solo lo había recordado perfectamente todo, e incluso
había recordado que sabía quien era uno de los que habían agredido de aquel
modo. No dijo nada por no preocuparla más. Desde el primer momento se había
dado cuenta que ella era una chica más sensible de lo normal. La venganza de
esos tíos se la tomaría él por su mano en cuanto se recuperase.
- No tardaré mucho en irme.
- No tengas ninguna prisa.
La sola idea de que se fuera la
aterrorizaba. Desde el mismo momento en que lo vio lo había deseado y ahora lo
tenía justo a su lado.
- Deberías tumbarte.
- Tal vez tengas razón.
Se había levantado con las fuerzas
renovadas, pero todo lo que había hecho en un momento lo había dejado aún más
agotado de lo que estaba antes.
- Te acompañaré.
Volviendo a apoyarse encima de su
hombro, Tarik fue cojeando hasta la habitación y se tumbó de nuevo.
- Descansa.
- Por cierto- Chris se paró en seco-
¿Cómo supìste que estaba en peligro?
- Intuición femenina, supongo.
Cerró la puerta tras de sí con una
sonrisa pìcara en los labios.
Edward cerró la puerta de su
apartamento de un portazo. No recordaba haber estado tan enfadado nunca en su
vida. Normalmente se tenía por una persona tolerante y muy calmada, pero ella
había conseguido sacarlo de sus casillas.
Se sentía traicionado. Se conocían
desde hacía mucho tiempo y era él quien se había acercado el primero cuando
ella acababa de entrar a trabajar en la empresa. Era él quien había sido uno de
sus amigos más íntimos. La conocía mucho mejor de lo que la conocían mucho de
sus familiares más cercanos y en más de una ocasión había demostrado darle más
de lo que le había dado nunca en toda su vida.
¿Todo para qué? Para verse apartado
de ese modo, para que ella jugase a las enfermeras con un completo
desconocido.
Después de todo quien era ese tío. Un
don nadie salido de ninguna parte con el que ella sentía que tenía una deuda de
gratitud.
Él habia insistido fervientemente en
que lo sacara de su casa. No era para nada de su confianza y más después de lo
que había podido observar en uno de los momentos en que estuvo cuidando de él.
Entre todas las heridas de su cuerpo
hubo una cerca de su pelvis que le había llamado la atención. Era como un
arañazo que cicatrizó hace mucho tiempò pero seguía estando allí.
Otra de las cosas que le sorprendió
fue que mientras estaba dormido en uno de los ratos en que lo miraba fijamente
notó que el cuerpo de ese desconocido se convulsionaba como si estuviese en una
terrible pesadilla, pero eso no era todo. Lo que le llamó la atención es que es
que durante esas convulsiones algunas de sus heridas se habían curado solas.
¿Cómo era posible?¿De dónde coño
había salido esa cosa? Ni siquiera parecía humano. Nadie con esa cantidad de
sangre y esas heridas hubiese aguantado de la forma en que lo había hecho él.
Ella no le había echado, se había ido
él por su propio orgullo, pero aún y así no podía evitar sentirse decepcionado.
Nunca hubiese pensado que Chris antepusiese a un hombre a su amistad.
No pudo soportar la idea de que su
amiga estuviese a solas con ese. Fue directo a la puerta, pero en el momento en
que fue a abrir la voz de Angie, su compañera de piso lo detuvo.
- Ella es mayorcita y sabe cuidarse
sola.
- Nunca la he dejado sola.
- Tal vez va siendo hora de que
empieces a dejarla a su aire.
Tanya salió de la habitación unos
minutos después de haber terminado. Se giró para ver el cuerpo de Hugo tendido
sobre la cama y envuelto en sudor.
Fue a la cocina y se sirvió una copa
de vino. Mientras bebía lentamente y lo saboreaba sintió un pichazo en el
estómago. Algo no iba bien. Sabía muy bien quien era el que se encontraba en
peligro. En otra circunstancia hubiese ido corriendo a su rescate, pero tal y
como se habían dado los acontecimientos decidió que lo dejaría sufrir. Ese
sería su castigo, de ese modo Tarik aprendería a no desobedecer una orden de la
persona que lo había sacado del pozo de miseria en el que vivía.
Recordaba con todo lujo de detalles
la noche que conocía a Tarik y las circunstancias en las que lo había
encontrado. Él era una de esas personas sin ninguna esperanza ni ilusión en la
vida.
Se trataba de la clase de persona que
lo había perdido todo a una carta en la vida.
Lo encontró entre unos cubos de
basura en la parte trasera del mismo bar donde había ido a buscar a Hugo.
Estaba todo trajeado. En realidad parecía alguien que lo había tenido todo.
Apestaba a alcohol y llevaba una imagen muy desaliñada.
Sin decirle nada lo cargó en su coche
y lo llevó a su casa. Durante meses le pagó los mejores profesionales para que
se convirtiera en alguien digno de ver.
Después de medio año de haber estado
postrado a una cama sin ganas de salir y con la muerte a su vera, llegó una
mañana en que se levantó.
Durante todo este tiempo no había
tenido ni el más mínimo contacto con él. Había dejado que otros se ocupasen de
él, mientras que ella se limitó a cada cierto tiempo entrevistarse con médicos
y otros para hacer un seguimiento de su mejora.
Aquella mañana era la primera vez que
lo veía después de haberlo recogido aquella noche tumbado encima de su propio
vómito.
Era un hombre alto. Casi un metro
noventa de algo y una complexión en aquellos momentos delgada, pero que dejaba
entrever que aquel cuerpo antes parecía haber estado moldeado por los dioses.
Tuvo clarísimo que ahora que estaba mejorado, el siguiente paso iba a ser
contratarle un entrenador personal para que aquel cuerpo recuperase aquellas
formas.
- Me imagino que querrás comer algo.
Llevas mucho tiempo alimentándote a base de sueros y comida de hospital que no
sabe a nada.
Tarik se acercó con miedo a la mesa y
se sentó temblando. La miraba con miedo y desconfianza. En ningún momento dejó
de preguntarse quien era esa extraña mujer que lo había acogido y cuidado y
sobretodo que es lo que podía o quería sacar de él.
- No entiendo nada.
- Simplemente has de tomarte esto
como una estancia en un hotel de lujo.
- ¿Por qué lo has hecho?
- De momento lo único que has de
saber es que tienes un piso en donde vivir y un coche para ti para que te
muevas en la ciudad a sus anchas. Además tienes una asignación de 2000 dólares
semanales para tus gastos. No habrá más así que adminístratelos bien.
- ¿Por qué?
- No hagas más preguntas y come.
Una semana más tarde de aquella
situación tan incómoda Tarik estaba descansando.
Justo al día siguiente de esa comida
Tanya le presentó a Tyron, el que iba a ser su entrenador personal. El tío era
de esos que eran aterradores. Medía dos metros de alto y era un armario
empotrado. Su cara angulada estaba enmarcada en una melena negra que le llegaba
hasta los hombros y acentuados con unos profundos ojos azules. Era realmente
atractivo. Aunque los hombres no eran su fuerte Tarik no podía dejar de
mirarlo. Lo que le daba el aspecto aterrador era el gran tatuaje que
representaba a un trival que le empezaba en la frente y terminaba en la
barbilla situado en su mejilla izquierda.
Sus entrenamientos eran exhaustivos y
muy agresivos. Los tres primeros días Tarik llegó a tener doloridas partes de
su cuerpo que no sabía ni que tenía.
Le entrenó en todas las modalidades
desde el cuerpo a cuerpo hasta armas de todo tipo y de todas las épocas
históricas.
Pasadas las dos primeras semanas de
los entrenamientos uno de los matones que vigilaban la mansión de Tanya fue a
buscarle a la piscina y le dije que ella quería verle en su despacho.
Le condujo hasta una enorme
biblioteca que estaba toda amueblada con unas estanterías que llegaban hasta el
techo con libros de diferentes géneros y épocas.
Tanya estaba sentada en un enorme
escritorio de madera hecha a mano y en una gran butaca que parecía el trono de
algún rey de la Edad Media.
- Estás progresando mucho en tus
entrenamientos. Tyron me ha comentado que en breve estarás listo.
- Listo, ¿para qué?
- Bueno, te he acogido y he cuidado
de ti. No te he pedido nada a cambio hasta ahora.
- ¿Qué quiere decir?
- Por favor, tutéame. Digamos que ya
es hora de que me devuelvas el favor.
Hugo la despertó de sus ensoñaciones
devolviéndola a la realidad. La abrazó por la espalda y le besó en el cuello.
Ella se levantó y se apartó de él.
- Creía que...
- Es obvio que estabas equivocado.
HUgo se quedó perplejo. Unas horas
antes prácticamente había abusado de él y ahora lo rechazaba como si tuviera la
peste. Se sentía realmente molesto pero no dijo nada. No entendía porque pero
la reacción de esa mujer le aterraba.
- Ahora vete. Ya te llamaré cuando te
necesite.
Mientras Hugo abandonaba la
habitación, Tanya se quedó pensativa de nuevo. Sintió una punzada en el
estómago y pensó de nuevo en Tarik. Había hecho su elección de que no iba a
ayudarle. Era el único modo de aprender.
Uno de los gorilas entró en el
despacho y anunció la llegada de un nuevo invitado. Tanya le dijo que le
acomodara en el salón. Iba a tener que atenderle aunque realmente lo que quería
era estar sola.
Tarik estaba tumbado boca arriba en
la cama. Seguía doliendo todo el cuerpo pero se iba aguantando como podía.
Cerraba los ojos y veía una y otra vez a sus agresores. En especial a uno que
había visto anteriormente.
El piso estaba completamente en
silencio. Miró el reloj que había en la mesita de noche y vio que eran las
cinco de la madrugada.
Se levantó y se vistió. Salió del
piso sin hacer el más mínimo ruido. Pensó un momento en dejarle una nota o
algo.
Antes de irse miró hacia la
habitación de Chris. Se iba porque era lo mejor para ambos y en especial lo
mejor para él. No podía soportar estar bajo el mismo techo de ella. Se sentía
completamente extraño y cómodo a la vez ante la presencia de la chica.
Unas horas más tarde sonó el
despertador. Chris se despertó y medio sonámbula se metió en la ducha. Una vez
hubo terminado salió de la ducha y mientras hacía una cafetera fue a la
habitación dónde él estaba. Vacía. Se había ido. Ver la habitación vacía hizo
que le oprimiese el corazón y le costase respirar.Aquello sólo podía significar
una cosa. Se había enamorado de un completo desconocido que había entrado en su
vida cuarenta y ocho horas antes.
¿Qué iba a hacer ahora? No se tenía
que haber ido. Aún no estaba recuperado del todo y seguramente seguía débil. No
podía ponerse a buscarle por toda la ciudad ella sola. Iba a necesitar la ayuda
de alguien. El único que sabía que él había estado allí era Edward, y tal como
habían terminado la noche anterior no creía ni que le fuese a contestar.
Hablar con Angie iba a ser un poco
inútil ya que tendría que explicarle toda la historia para que su amiga le
terminase diciendo que llamase a Edward y le pidiese ayuda.
Estaba claro que lo iba a tener que
hacer ella sola. Salió de su apartamento sin coger nada más que las llaves y
fue a encontrarle.
No sabía porque lo hacía. Tenía muy
claro lo que sentía por él y lo único que sabía es que una fuerza en su
interior la empujaba a encontrarle y asegurarse de que estaba bien y a salvo.
Escogiendo la opción más racional lo
fue a buscar al sitio donde lo había encontrado. Tenía la intuición de que
encontraría algo que le diría donde lo podría encontrar o en que sitio se había
ido a refugiar.
Salió del portal y cruzó la calle sin
mirar. No vio que en la acera de enfrente alguien vigilaba la entrada de su
edificio.
Llegó al puerto más o menos una hora
después de haber salido de casa. Había ido andando, ya que con las prisas
olvidó hasta el monedero.
Estaba completamente distinto de la
noche anterior. Ahora se encontraba cargado de actividad. Los pescadores salían
con sus lanchas a hacer la pesca diaria y había muchisimo bullicio. Intentó
pasar desapercibida hasta llegar a los amarres donde le había encontrado.
Tuvo suerte de que no había ningún
barco amellado y estaba desierto. Miró al suelo y allí estaba aún su sangre
seca. Se agachó y se la quedó mirando. Unas lágrimas se le escaparon al
recordar el deplorable estado en el que lo había encontrado. El llanto iba a
hacerse más fuerte cuando pensó que aún podría haber empeorado. No soportaría
que él sufriese por el simple hecho de que ella no había sido más cuidadosa a
la hora de vigilarle.
Pasaron unos minutos mientras el
dolor de no saber donde encontrarle la carcomía por dentro. No iba a hacer nada
allí parada lamentándose. Se fue a levantar, pero llevaba tanto tiempo en
cuclillas que se le habían dormido las piernas. Cuando fue a incorporarse
perdió el equilibrio y le fue de muy poco que no se dio de bruces contra el
suelo. Apoyó las palmas de sus manos encima del charco de sangre seca de Tarik
De nuevo le pasó lo de esa misma
noche. En un momento no estaba en el puerto. Se encontraba como si estuviese en
una película pero nadie pudiese verla, mientras que ella lo veía absolutamente
todo.
Veía a Tarik sentado en un banco
apretándose la herida. Le sangraba aún más que la noche que ella y Edward le
habían estado curando. Había ido a peor. Tuvo una vista más general y vio que
el banco era el que se encontraba enfrente de su casa.
Sin perder ni un minuto más arrancó a
correr y se dirigió a su casa. Cuando llegó a su casa con la lengua fuera
debido al cansancio, se tomó unos segundos para recuperar el aliento y miró
enfrente. Era el banco que ella había visto, pero no había nadie sentado en él.
¿Dónde demonios había ido?
Volvió a entrar en su piso y al verlo
completamente vacío se sintió extraña. Entró en la habitación donde él había
estado alojado y se sentó encima de la cama. Aún estaba caliente. Las sábanas
estaban manchadas con la sangre de sus heridas. Pensó en lavarlas pero si lo
hacía perdería lo único que le quedaba de él.
Miró alrededor a la espera de
encontrar algo que se hubiese dejado, algo que le diese un motivo para volver y
verle de nuevo, pero no había nada.
Se fue a su cuarto y se tumbó en la
cama. No estaba nada cómoda con la situación que estaba viviendo. Por una parte
tenía la necesidad de tener a ese hombre cerca, pero por otra, eso hacía que
uno de sus mejores amigos, el que mejor la conocía estuviese alejado de ella.
Cogió el teléfono y marcó el número
de Angie. Como siempre saltó el buzón de voz y le dejó el mensaje de que la
llamara en cuanto oyera el mensaje.
Unos minutos más tarde, mientras se
preparaba una taza de café su teléfono sonó.
- ¿Qué ocurre?
- Nada. Sólo es que necesitaba
hablar.
- ¿Quieres que vaya?
- No es necesario. No quiero
molestarte.
- Hablaba de Edward, no de mí,
- Veo que estás al corriente.
- Me lo contó todo anoche. Solo dale
tiempo, ¿vale?
Eso era fácil de decir. Tiempo era
precisamente una cosa que le sobraba. Un tiempo que querñia emplear en
encontrarlo y sabía que para ello la única persona que le podía ayudar era
Edward, de la misma forma que sabía con total seguridad que no iba a hacerlo.
No paraba de sangrar y cada vez se
encontraba peor. Ya casi no se sostenía en pie. A duras penas conseguía andar y
su marcha cada vez era más lenta. Había intentado subirse a más de un
transporte público, pero al ver su aspecto le habían invitado amablemente a
bajarse.
Cada vez estaba más convencido de que
irse de casa de ella era lo peor que podía haber hecho. Allí por lo menos
estaba con cuidados, y muy a su pesar, vigilado.
Ahora, estando en medio de ninguna
parte le podía pasar cualquier cosa.
Había sobrevivido a circunstancias
realmente peligrosas y en condiciones muy duras, pero con todas sus fuerzas.
Malherido como estaba, sus fuerzas se le iban escapando por momentos.
Miró un momento hacia atrás y vio las
pequeñas gotas de sangre que iba dejando por el camino. Si no se daba prisa y
se alejaba de allí y alguien veía todo aquel rastro acabaría llamando la
atención.
No iba a volver a casa de ella, eso
sería un gran error. Por una sencilla razón, no podía estar bajo el mismo techo
que ella. Se sentía incómodo y a gusto a la vez cuando la tenía cerca y las
pocas veces que le había tocado, él sintió un hormigueo por su espalda que le
iba subiendo lentamente. Cada una de las palabras que ella decía él las
escuchaba atentamente y se fijaba en como al pronunciar ciertas palabras se le
marcaban los hoyuelos. El poco rato que había estado cerca de ella, en especial
cuando ella se había recostado encima de su pecho, pudo aspirar profundamente
el aroma de su pelo que lo embriagaba. Todas aquellas señales solo significaban
una cosa. Quería más de lo que podía expresar a aquella mujer, sólo tenía un
leve inconveniente y es que tenía que acabar con su vida.
Perdido y confuso como estaba siguió
andando costosamente y se dirigió al lugar y a la persona con la que había
empezado todo.
Agotado por el cansancio y el dolor
se sentó un momento en un banco y cerró los ojos. El dolor agudizó más su
cansancio.
Le ocurrió algo que desde hacía mucho
tiempo no se había permitido. Estaba empezando a recordarlo todo desde el
principio.
Encima del escritorio de la gran
mansión en donde llevaba un par de semanas alojado por cortesía de una completa
desconocida tenía una carpeta.
La mujer que lo miraba desde el otro
lado de la mesa era realmente atractiva y desprendía una fuerte ola de tensión
sexual a su alrededor. Tenía que controlarse y era capaz.
- No entiendo que quiere que haga.
- Para empezar no tratarme de usted,
o acabarás peor de lo que entraste en la casa- no tenía ni idea de porque, pero
estaba seguro de que era capaz de cumplir con sus amenazas- Después, dentro de
esa carpeta vas a encontrar una serie de datos e instrucciones. Verás que se
trata de los datos de una mujer. Antes de que lo preguntes no, no soy ninguna
clase de madame de una casa de citas ni nada por el estilo. Sólo quiero que
hagas una cosa por mi y es que termines con ella. Una vez lo hayas hecho
llamarás a este número que sale en la carpeta e indicarás donde está el cuerpo.
Ahí terminará tu trabajo. No necesitarás saber nada más. Ahora vuelve a tu habitación.
Tienes veinticuatro horas para pensar la respuesta. Ahora vete.
Todo fue tan rápido que no le dio
tiempo a decir nada. Tan sólo había estado escuchando atentamente y ensimismado
lo que ella había dcho.
Una vez se encontró en la soledad de
la habitación que había sido suya durante las últimas semanas reaccionó, como
si le hubiesen tirado una jarra de agua fría que lo hubiese devuelto a la
realidad.
¿Le acababan de pedir que asesinara a
una mujer y luego dijera donde estaba el cuerpo? ¿Dónde coño se había metido y
quien era esa extraña mujer?
Se tumbó en la cama y sin darse
cuenta se quedó dormido. No tenía ni la más mínima idea de cuanto tiempo había
estado descansando. Supuso que era de noche, ya que no entraba ningún tipo de
luz en la habitación. Con tan poca luz el cuarto aún parecía más pequeño de lo
que en realidad era.
A su lado seguía teniendo la carpeta
que ella le había dado. Le vino a la mente toda la reunión mantenida unas horas
antes en la que le pedía que asesinara a la mujer que salía en la carpeta sin
darle ningún detalle más.
Abrió el dosier y leyó atentamente
todos los datos que ponía.
A medida que iba leyendo la
información en relación a esa mujer pudo ver, a su parecer, un motivo para que
el asesinato se llevase a cabo. Esa mujer había maltratado a sus hijos
repetidas veces, además de que en sus años de instituto había sido una ladrona
de licorerías reincidente.
Salió de su cuarto con una gran
cantidad de preguntas en su cabeza. Preguntas que por mucho que ella se negase
iban a tener que ser contestadas. Si se negaba ya se podía olvidar de él como
sicario.
Tarik volvió al momento actual. Su
memoria no quiso recordar más datos de todo aquello. Lo único que podía
recordar es que tras haber obtenido respuestas de todas las preguntas que en su
momento tuvo en la cabeza y las decisiones que había tomado nunca había podido
volver a mirar atrás ni ser el que fue antes.
Se encontraba ante la casa de Tanya.
Aquella enorme mansión que hacía mucho tiempo que no pisaba. La entrada seguía
custodiada por la misma verja.
Se acercó al intercomunicador y una
voz grave le pidió que se identificase. Al hacerlo estuvo esperando un buen
rato.
Mientras tanto en el interior de la
mansión Tanya se masajeaba lentamente el cuello. Se había hecho daño en ciertas
posiciones que había adoptado con Hugo. ¿Sería una señal de que se estaba
debilitando?¿Se estaba haciendo mayor tal vez? Imposible. El precio que pagó
por estar como en ese momento había sido demasiado alto.
La abrupta entrada de uno de sus
matones hizo que diese un pequeño salto encima de su silla.
- Te he dicho que le hicieras esperar
donde siempre.
- Lo sé. Ahí está. Es simplemente que
tiene visita.
- ¿A estas horas? ¿Quién?
- Tarik.
- Dile que espere.
- ¿Le hago pasar?
Tanya se levantó y salió de su
despacho. El matón la siguió con la mirada y la acompañó. En el momento en que
llegó a la entrada él se paró en seco, mientras que ella siguió andando hasta
el salón. Sin decirle nada, había contestado a su pregunta.
Tanya abrió elegantemente las puertas
para tener una reunión con un hombre al que veía en contadas ocasiones. Una
reunión que había sido organizada por ella misma. Llevaba mucho tiempo viendo a
ese hombre, aún y así no podía evitar estremecerse al ver ese gran tatuaje que
cubría parte de su cara
Tanya se sentó enfrente de él en un
enorme sillón orejero que le daba más majestuosidad aún más majestuosidad al
porte que tenía ella en cualquiera de los movimientos que hacía.
- Era ya mucho tiempo sin que me
llamaras.
- Hacía mucho tiempo que no te
necesitaba. Aunque por lo que tengo entendido, no te ha ido nada mal durante mi
ausencia.
- Siempre estás al tanto de todo.
- Sabes perfectamente que no me puedo
permitir ningún descuido del mismo modo que no me gusta perder el tiempo.
- Tú diras.
- Tengo de nuevo un trabajo para ti.
Has de entrenar a uno nuevo. Del mismo modo que entrenaste a Tarik.
- Ignoraba que tuviste a otra en el
punto de mira.
- Pues si. Esta es posiblemente la
definitiva. Lo más seguro es que después de ella ya no tenga que seguir
buscando.
- ¿Por qué has obtenido a otro? Creía
que Tarik era el ideal para cualquier tipo de trabajo.
- Tarik me ha demostrado que es débil
y por lo tanto me es inservible.
- Muy bien. Empezaré si quieres esta
misma noche con él.
- Eso no va a ser posible ya que lo
he echado. Pero no te preocupes, volverá.
Nunca antes lo habían tratado de un
modo tan mezquino y desagradable. Hugo era el típico chico que se había servido
de la fuerza bruta y la intimidación para sus propios fines. Era la primera vez
que lo despreciaban y se encontraba por debajo. Había pasado de ser un abusón a
ser una vícitima.
Tanya le había hecho pasar una de las
mejores noches de toda su vida. Si que es cierto que en algunos momentos de la
noche le había infligido un gran daño. De hecho, algunas partes de su cuerpo
aún le dolían y eran partes que hasta esa noche no sabía que había tenido.
Aunque le había hecho un daño indescriptible había alcanzado un orgasmo que lo
había dejado exhausto y dormido justo después de terminar. Cosa que nunca le
había pasado. Sus relaciones sexuales siempre habían sido rápidas y fugaces,
una vez terminado se había ido dejando a la chica con la que se había acostado
con un mal de sabor de boca al irse.
- Maldita zorra.
Siguió caminando hasta que llegó a la
zona que estaba repleta de bares. Comprendió que la única manera en que iba a
borrar de su mente aquella humillación era con el alcohol. Era el método con el
que solucionaba todos sus problemas.
Empezó de bien joven cuando sus
padres se divorciaron. Él tan sólo tenía deciseis años. Sabía perfectamente que
sus padres no eran felices. Discutían a todas horas y cada dos por tres acababa
uno con el ojo hinchado o otro con alguna extremidad de su cuerpo rota o
dislocada.
Hugo lo sufría en silencio en su
habitación poniendose los cascos y la música a todo volumen para no ir todo lo
que le rodeaba.
Cuando anunciaron su divorcio pensó
que las coas irían a mejor. Pero estaban separados pero viviendo bajo el mismo
techo, ya que ninguno se podía permitir el irse. Esa extraña convivencia hizo
que las cosas no mejorasen y empezasen a repercutir en él. Al cabo de poco
tiempo fue él quien empezó a ser el saco donde iban todas las riñas y los
golpes. Los medicamentos no conseguían aliviar el dolor que sentía, mientras
que el alcohol no solo hacía que no le doliesen todas las partes de su cuerpo
sino que además le permitía olvidarse de lo sucedido.
Esa iba a ser su intención de esa
misma noche. Empezaría a beber hasta perder el sentido y olvidar como una mujer
le había humillado, se había reiío de él y se había aprovechado.
Tras unos cuantos tragos más la
memoria se le fue desbloqueando y empezó a recordar otro acontecimiento que lo
hizo sentirse como una mierda.
Dos noches antes en el bar intentó
ligarse a aquella preciosidad y un completo capullo lo apartó de ella de malas
maneras mientras las otras dos lo miraban sin decir nada. Aunque no era
necesario. Sabía muy bien que aquellas dos chicas pensaban que era penoso que
él se hubiese dejado ganar de una manera tan patética.
Con lo de la primera no podía hacer
nada en absoluto. Pero en lo que se refería a la segunda iba a tomar cartas en
el asunto. Conocía perfectamente a la amiga que la acompañaba. Más de una vez
habían tenido algo de una noche entre ellos dos.
Lo decidió al momento de terminarse
la copa de un solo trago. A pesar de que iba borracho y dando tumbos, con las
ideas muy claras iba a volver al club de aquella noche y averiguaría el
paradero de la muchacha si no es que la encontraba allí mismo y se tomaría su
propia venganza.
El bar no quedaba nada lejos de donde
estaba. Calculó que en menos de cinco minutos se encontraría en la puerta. En
su interior deseaba encontrar a alguna de las dos. Si encontraba a la chica con
la que había intentado ligar, ¿qué iba a hacer?
No tenía ni la más remota idea,
pero algo se le ocurriría. Si encontraba a su amiga, a la que ya conocía, tenía
muy claro que fuese del modo que fuese le iba a dejar claro lo mal que le había
sentado que hubiese ayudado en su humillación.
Hugo entró decidido en el bar. Tenía
la esperanza de que se las iba a encontrar a las dos allí dentro. Estaba claro
que la suerte no iba a estar de suerte esa noche.
- Lo siento, tío. Tienes la entrada
prohibida.
- ¿Perdón?
- Bastante la liaste la última vez
que estuvimos aquí. No queremos alborotadores por aquí.
- No fui yo el que creó el follón,
sino el otro idiota que iba de caballero andante.
- Me da igual. Tanto el uno como el
otro tenéis la entrada vetada.
Hugo comprendió al momento de que no
iba a sacar nada bueno de todo aquello. Se terminaría discutiendo con el
portero y saldría perdiendo.
Dio media vuelta, derrotado, con la
intención de regresar a su casa cuando oyó la voz de a quien estaba buscando.
- Veo que vuelves a estar de nuevo
aquí.
- Ya lo sabes. Nunca fallo, Greg.
¿Están todos dentro?
Era Angie. La amiga de la otra.
Estaba claro que no entraría en el local a menos que se colara por la puerta
trasera. Cosa que por la simple locura que era el mencionarlo, era imposible.
Se conocía el bar de memoria y estaba abarrotado de seguridad por todos los
lados.
Decidió que lo mejor sería esperarla
fuera y cuando estuviese volviendo a su casa y se encontrara sola que nadie la
pudiese ver llevaría a cabo su venganza.
Se fue a la única cafetería que
conocía que estuviese abierta y se pidió un café americano largo. La espera iba
a ser muy larga, y por nada del mundo quería quedarse dormido. No se lo podía
permitir. La oportunidad que se le había presentado era única y no la iba a
desperdiciar.
Angie estaba deslumbrante con la ropa
que llevaba. Un sencillo vestido de tirantes negro con la espalda al aire y que
terminaba a la altura por encima de la rodilla. A juego unas sandalias de tacón
de color negro con tacón de aguja.
No es que fuese una chica creída sino
que el resto del bar la miraba con deseo. Ella era plenamente consciente de que
todos los hombres del bar, ya tuviesen o no pareja, la estaban desnudando con
la mirada.
Le gustaba sentirse deseada y pensar
que podía hacer con los hombres lo que le diera la gana. Era algo que había
conseguido desde lla pubertad.
Se acercó con un paseo provocativo
hasta la barra y saludó al camarero. Pidió la consumición de siempre.
- Los tienes a todos pendientes de
ti.
- ¿Qué le vamos a hacer?
- ¿Acaso te vas a llevar alguno a
casa?
- Ya sabes que al único que me quiero
llevar a casa es a ti, James.
- Sabes perfectamente que aunque te
encuentre una mujer preciosa es un poco díficil.
- Bueno, ya lo decía el anuncio que
todos los hombres guapos o están casados o son gays.
Angie estuvo charlando animadamente
con el camarero durante toda la noche a la vez que se iba quitando a
moscardones de en medio que no dejaban de querer invitarla a copas con el fin
de emborracharla y llevarsela a la cama. Ella era más lista que todo eso y tras
aceptar la copa se ingeniaba el modo de perderlos de vista.
James la miraba desde detrá de la
barra e iba comprobando como cada vez estaba más borracha.
En un momento en que fue a la pista a
bailar un rato el alcohol hizo efecto y terminó por los suelos.
El camarero la recogió y la sentó en
un sofá que había en una esquina del bar. Tras besarle la frente cariñosamente
le dijo:
- Creo que para ti la noche ya ha
terminado y has de irte a casa.
- Pero aún es pronto.
- Son las seis de la mañana y estamos
a punto de cerrar. Llamaré a Edward para que te venga a buscar.
- Llamaré a Edward para que venga a
buscarte, aunque no creo que venga.
- Si eres tú quien se lo pide estoy
segura de que vendrá.
Angie estaba al corriente de los
sentimientos de Edward hacia James. De igual forma que había sido testigo de
las muchas veces que fue testigo de lo mal que lo pasaba su amigo con ciertos
comportamientos del camarero.
La historia empezaba de mucho atrás y
todo el silencio de Edward respecto al tema no hacía más que empeorar las
cosas.
Todo se remontaba a unos tres años. A
la primera vez que Edward entró en aquel bar y lo había visto. Aún recordaba
perfectamente lo nervioso que se había puesto nada más verle y la ilusión que
iluminó su rostro en el momento en que descubrió de una fuente de confianza,
ella misma, las tendencias sexuales del muchacho.
James se quedó atónito ante la
respuesta de Angie. No supo que contestar. Aunque eso no era lo importante. En
aquellos momentos lo que tenía prioridad era que ella llegase a casa. Era
evidente que no iba a dejar que se marchara sola.
Edward se encontraba en casa sentado
en el sofá mirando la tele. Cambiaba de canal sin dejar de ver nada sin parar
de mirar el teléno ni un solo segundo, a la espera de que sonara.
Tenía la esperanza de que Chris le
llamara para que pudiesen aclarar la situación y todo lo que pasó en su último
encuentro. En su cabeza no dejaban de sonar las palabras de Angie en la
conversación que habían tenido esa misma mañana.
Se levantó para coger un cigarrillo.
Cada vez estaba fumando más y eso no era algo que terminara de gustarle. El
esfuerzo que había hecho para fumarse sólo entre dos y tres cigarrillos diarios
habían sido inhumanos y ahora estaba volviendo a las andadas. Esa misma
cajetilla la compró por la mañana y ya apenas quedaba menos de la mitad.
Justo en el momento en que le dio la
primera calada al cigarro su teléfono empezó a sonar. De un salto llegó al
aparato y apretó el botón verde para descolgar.
- Edward, ¿puedes venir a buscar a
Angie al club? Está demasiado borracha para irse sola a casa.
Reconoció esa voz al momento. Era la
voz de James, el camarero del bar. El camarero que le había robado el corazón
desde la primera vez que le había servido una cerveza con una sonrisa en los
labios. Él fue plenamente consciente de que no era más que un gesto de
educación, pero él se permitió fantasear e inventarse que aquello significaba
algo más. Tal vez eso fue lo peor que podía haber hecho, ya que por esa simple
fantasía habían empezado todos sus quebraderos de cabeza.
James era físicamente todo lo que él
había soñado. Como persona no sabía como era, no porque no se hubiese molestado
en conocerle. Fueron muchas las veces en que intentó entablar conversación,
pero él siempre tuvo algo mejor que hacer. Algunas otras veces se le había
quedando mirando desde la lejanía e imaginando como sería. Lo había imaginado
sin ningún defecto, o en el caso de que lo tuviera, era de aquellos con los que
se podía hacer la vista gorda.
- Edward, ¿estas ahí?
- Sí, perdona. En menos de diez
minutos estoy ahí.
Bajó corriendo a la calle y en menos
del tiempo que dijo estaba plantado en la puerta del bar. Le preguntó a Greg,
el portero, donde estaba su amigo. Le indicó que la habían acomodado en el
almacén. Mientras se dirigía allí pensaba cómo era posible acomodar a alguien
en un almacén.
Al llegar la vió tumbada encima de un
montón de sacos de café molido. Estaba completamente dormida, la miró pensando
que parecía una niña buena que no había roto un plato en su vida.
- Vaya, la puntualidad es tu fuerte.
Te lo agradezco, ¿sabes? Ibamos a cerrar y no quería dejarla aquí y yo no la
podía llevar ya que no sabe donde vive.
No se había percatado de que James
estaba detrás de la puerta de pie y con los brazos cruzados.
Estaba descomunal. Llevaba el pelo
rapado a un estilo militar. Una camiseta de tirantes roja con unos pantalones
negros ajustados que dejaban a la vista que no tenía nada que envidiar a ningún
hombre. No era de extrañar que se los llevase a todos sin proponérselo. Sus
ojos color miel lo miraban con cierta dulzura, esa dulce e intensa mirada que
quedaba más acentuada con su tono de piel moreno. Por un momento olvidó que
Angie se encontraba alcoholizada perdida y sólo se veía a él mismo y a James en
un almacén donde estaban escondidos a la vista de todo el mundo.
- ¿Estás bien?
- Sí.
- Es que estás como ausente. Antes
por teléfono te ha pasado lo mismo. Me estás preocupando.
Edward no se ha dado ni cuenta. Está
siendo muy descuidado y si sigue así a lo mejor termina por descubrirse. No
quiere que eso ocurra. Prefiere seguir guardándose el secreto para él mismo.
El chico se acerca a su amiga e
intenta levantarla. No quiere admitirlo e intenta disimularlo del mejor modo
posible, pero no puede. Es demasiado pesada para él. James se da cuenta de ello
pero no le dice nada. Edward vuelve a intentar levantarla, pero cuando casi la
tiene de pie resbala y ambos caen encima de los sacos en los que ella ha estado
recostada desde qua he llegado.
- Anda, deja de hacerte el héroe. Si
te esperas a que cerremos te ayudaré a llevarla u os acompañaré hasta un taxi.
- Gracias.
- De nada. Mientras tanto, ¿por qué
no te tomas una copa?
Edward acepta y espera en la barra a
que terminen de cerrar.
Le dan las ocho de la mañana con toda
la que se ha armado durante la noche. Cuando cierran James aparece tras él que
aún está apurando la copa.
Al girarse se queda con la boca
abierta. Lleva la misma ropa pero con una chaqueta de cuero que marca aún más
su ancha espalda.
- Vamos a por la borracha de tu
amiga.
Edward entra con él en el almacén.
Cuando va a cogerla de un brazo mira, como sin ningún esfuerzo, James la
levanta y se la carga a sus espaldas como un niño pequeño al que suben a
caballito.
- Ahora sólo tienes que decirme donde
vivís.
- Solo estamos a dos manzanas de
distancia de aquí.
- Ahora entiendo porque viene tan a
menudo.
Ambos estallan en risas y van
charlando animadamente hasta que llegan a la portería del piso.
- ¿Quieres que la deje tumbada en la
cama?
- No te precoupes. Con el ascensor
será más fácil y está más espabilada que antes.
James se la baja de la espalda y
entre los dos la sujetan de pie, aunque ella a duras penas se aguanta. Cuando se
quiere dar cuenta están a unos pocos centímetros de distancia el uno del otro.
Edward siente la irrefrenable tentación de besarle, ese momento con el que ha
soñado tantas veces. Ve un brillo en los ojos de James. Sabe que él piensa lo
mismo. Está a punto de ocurrir. Ambos se acercan. Cada vez están más cerca.
Justo, está a punto de ocurrir, en el momento en que Edward nota el aliento de
James en su rostro, nota algo caliente en sus zapatos. Baja la mirada y ve que
Angie le ha vomitado encima.
- Anda, lo mejor será que la acuestes
y que duerma la mona.
- Tienes razón. Gracias de nuevo.
- No hay de qué. Buenas noches.
Mientras Edward sube a Angie al piso
y la deja tumbada en su cama, piensa que ha estado a punto de ocurrir lo que
lleva tres años deseando y piensa también que posiblemente esa noche ha sido el
momento que más odió a su amiga.
Tarik no tenía intención de darse por
vencido. A pesar de que le dolía todo el cuerpo se mantuvo de pie en la entrada
de la casa de Tanya.
Era exactamente como la primera vez
que tuvo que ir por cuenta propia. Después de haberle dado el dossier y haber
esperado a que le diese la respuesta lo había echado literalmente de su
casa.
Lo único que le dio antes de salir
fue un juego de llaves. La primera llave era de una Suzuki GSR-X 600 y la
segunda llave era la de un apartamente en una zona bien situada de la ciudad.
Junto con la llave le entregó una breve nota.
"Esta es una de las ventajas de
entrar a forma parte de mi equipo. Si decides seguir conmigo habrá más"
Salió de ese piso regalado y con esa
moto y fue a casa de Tanya. Simplemente tenía que comunicarle que el trabajo se
había realizado sin ningún inconveniente. Si bien era cierto que ella le dijese
que se desentendiese una vez hecho, pero por asegurarse se lo quiso comunicar
en persona.
Lo tuvo más de una hora en la reja
esperando, como si de una prueba se tratase. Esa vez era lo mismo con la
diferencia de que sabía que aquella vez no lo iba a dejar entrar. Había
cambiado una cosa. Le había fallado y él lo sabía. Aún y así iba a asumir los
riesgos al decirle que era incapaz de hacerlo. No era capaz de asesinar a la
mujer de la que se estaba enamorando, si es que no lo había hecho ya.
Del mismo modo que le iba a decir que
no iba a permitir que no iba a permitir que nadie le hiciese daño. Si ella
seguía insistiendo sabía que se iba a enzarzar en una pela que no iba a dejar
que ella ganase.
De repente se abrieron las puertas y
un Aston Martin One salía. El conductor llevaba unas enorme gafas de sol que le
tapaban la cara, pero que no ocultaban un enorme tatuaje que iba desde la
frente hasta la barbilla. En seguida lo reconoció y supo que es lo que estaba
ocurriendo. Tanya se le había adelantado.
Aprovechando el momento en que las
rejas se estaban cerrando se coló y entró en la enorme mansión. No tenía otro
remedio.
Una vez dentro le vino a la cabeza el
conductor del coche que ha salido de la casa ha sido tan solo unos segundos
antes. No era otro que el tipo que lo estuvo entrenando hasta que le sangraban
los nudillos cuando empezó todo aquello. No había ninguna duda. El único motivo
de su presencia en la casa es que Tanya había reclutado a un nuevo miembro y lo
iban a entrenar.
Él aún recordaba lo exhasutivos y sin
descanso que fueron aquellos entrenamientos. Una vez terminado era
completamente distinto. Tanto a forma física como al resto de aspectos. Estaba
claro que aquel tío tuvo una formación de lo más completo y del modo con que
sin decirse nada tanto él como ella se entendían, estaba claro que llevaba a su
servicio mucho tiempo.
Observó a su alrededor y todo estaba
como antes, excepto por una cosa. Había doblado la seguirdad. Tendría que ir
con pies de plomo si no quería que lo descubriesen y lo echasen de allí a
patadas.
Fue pasando entre los setos, arbustos
y árboles del jardín, escondiéndose en los momentos en que alguno de los de
seguridad pasaba por donde estaba él. El hecho de que fuese de noche le ayudaba
a esconderse mejor y acercarse más a la casa. Pudo comprobar que iba a ser
imposible colarse por la puerta principar, de modo que rodeó la casa y fue a la
parte de atrás.
Al ver la pared de piedra vista
recordó las lecciones de ese tío cuando lo hacía escalar muros muy altos, e
incluso algunas veces se habían servido de las mismas paredes de la casa, cosa
que en aquellos momentos le pareció una tontería pero que ahora encontraba de
lo más útil.
Supuso que la habitación de Tanya
sería la única que tenía la luz abierta. Empezó a escalar hasta quedarse
colgando justo debajo de la ventana.
- Necesito que estés de nuevo aquí
mañana a las ocho.
Había olvidado por completo lo
sensual que podía llegar a ser su voz. ¿Con quién estaba hablando?
Oyó como la puerta se cerraba y asomó
un poco la cabeza. La habitación estaba completamente vacía. Se impulsó con los
brazos y entró en la habitación. Se dio unos segundos para tomar aire y se
sentó en la silla del escritorio que tenía en la habitación. Iba a dejar las
cosas claras con ella, tanto si le gustaba lo que le tenía que decir como sino.
Tras unos minutos de espera, ella
apareció por la puerta con una taza de café en la mano.
Tanya se quedó sorprendida al verlo,
pero no hizo ningún gesto que lo demostrara. Se quedó de pie en la puerta con
una expresión fría e inexpresiva en el rostro. ¿Qué demonios quería?¿Por qué
había venido? El acuerdo estaba muy claro, solo iría a su casa en casa de que
ella lo pidiera. Estaba burlando una de las normas básicas de su acuerdo.
- ¿Sabes que estás violando nuestro
acuerdo?
- Sí.
- Me imagino que recuerdas las
consecuencias de hacerlo.
- Me da exactamente lo mismo.
Increíble. Nunca había acertado tanto
al reclutar a un nuevo miembro tan deprisa. Aquella respuesta la ponía más
sobre seguro en la idea que tenía de Tarik. Se le había escapado de las manos y
si se lo ponía en contra iba a tener que enfrentarse a un enemigo bastante
difícil de eliminar.
Supo que lo mejor era intentar
hacerle ver que estaba de su lado. Jugar en sus mismas condiciones y poco a
poco llevárselo a su terreno y terminar luego con él. Tuvo muy claro viendo la
expresión de su rostro que si se ponía la defensiva no iba a conseguir nada.
- Está bien. Tú dirás.
- Si no te importa, yo haré las
preguntas.
- ¿Qué hacía aquí Tyron?
- Ha venido simplemente a charlar.
Tarik soltó una sonora carcajada.
- Por favor, no me hagas reír. Tú no
invitas a la gente a tu casa sólo para charlar.
- Teníamos que arreglar unos asuntos
que no tienen nada que ver contigo.
- ¿Has incorporado a alguien más al
juego?
- Teniendo en cuenta que tú ya no
quieres jugar.
Se quedó de piedra. Así que estaba en
lo cierto. Ella se había dado cuenta de que no iba a cumplir su acometido y
había empezado a entrenar a otro para que lo llevase a cabo.
No tenía porque alterarse. Si estaba
entrenando a otro eso le daba cierto tiempo y ventaja con respecto a ella.
Tendría un tiempo para prepararse tanto a él como a la chica para defenderse de
esa arpía malnacida.
- ¿Deseas un café?
- Se me ha hecho tarde. He de irme.
Así que si me disculpas.
- Por cierto, ¿qué es lo que has
venido a decirme?
- No tiene importancia.
Salió del mismo modo que había
entrado incluso aún más rápido. Mientras saltaba el muro y se subía a la moto
sólo tenía una idea en su cabeza. Iba a acabar con esa hija de puta.
Chris estaba realmente cansada. Había
pasado la noche en vela dando vueltas por la ciudad buscándole. Tenía que
asegurarse que se encontraba en perfecto estado, pero no lo logró.
Al llegar a casa miró el teléfono
para comprobar si tenía alguna llamada. La única que tenía era de su jefe el
cual seguramente le preguntaba porque no había ido a trabajar.
Teniendo en cuenta que había empezado
el fin de semana decidió que hablaría con su superior el lunes a primera hora
en cuanto llegase a la oficina.
De manera automática marcó el número
de Edward. Éste le contestó con una voz de que le acababa de despertar.
- Perdona, ¿te he despertado?
- Simplemente estaba con los ojos
cerrados. ¿Qué pasa?
- Tengo una llamada del jefe.
- Ah, es eso. Le he dicho que estabas
con fiebre y mareos. Lo ha entendido perfectamente. Ves con un justificante el
lunes y ya está.
- ¿Crees que tendríamos que hablar de
algo en concreto?
- Lo que creo es que ahora no es el
momento y lo que has de hacer es irte a dormir.
Tras esa frase la cual dijo en un
tono de voz muy seco. Chris se quedó muy sorprendida. Era obvio que seguía
enfadado por lo que había pasado. Ambos eran muy orgullosos y ninguno de los
dos iba a reconocer que estaba equivocado sino que esperarían a que fuese el
otro el que viniese. Pero como Edward había dicho no era el momento.
Dejó el teléfono y miró la foto de
sus padres que tenía en la entrada. ¿Qué hubiese hecho su madre en una
situación de esas? Se lo preguntaba muchas veces antes de tomar un decisión.
Siempre fue una fuente de inspiración y un modelo a seguir para Chris.
Antes de irse a acostar fue a coger
la fotografía para darles un beso a ambos antes de echarse a descansar un
rato.
Al sostener la fotografía entre sus
manos volvió a tener una de aquellas visiones que nunca había podido controlar
el momento en el que aparecían.
Podía ver a Tarik en la entrada de
una casa muy lujosa esperando. Luego lo vio como entraba y se colaba. Había
como un salto en el tiempo y luego lo veía marcharse por las calles hasta un
barrio que conocía perfectamente.
Lo reconoció al ver el restaurante de
comida china que había justo al lado de la portería en la que él entraba en su
visión. No era otro que el restaurante donde un año antes celebraron su
cumpleaños.
Una vez vuelta a la realidad anotó en
un bloc el nombre del restaurante. Abrió la guía de la ciudad y anotó la
dirección del restaurante.
Se tumbó en la cama con una sonrisa
en los labios. No estaba tan perdida como antes. Ahora al menos tenía un lugar
en el que buscar. Supuso que se trataría del piso donde vivía. No era seguro
que se tratara de eso, pero mejor eso que no tener nada.
Mientras se dormía pensaba en que
nada más despertarse comprobaría si sus suposiciones eran las correctas.
Unas horas más tarde Chris estaba con
los ojos abiertos. No es que hubiera conseguido dormir demasiado. La visión que
tuvo no le permitía dormir. Con los nervios a flor de piel no paró ni un
segundo de planear como iba a ser el primer encuentro con él.
En todo momento creyó que le iba a
costar mucho más encontrarlo cuando lo cierto es que había sido demasiado
fácil, y en cierto modo, eso le aterraba.
Viendo que no iba a poder dormir ni
descansar ni un solo minuto más, se levantó y se dio una ducha. Se vistió con
las primeras prendas que cogió del armario y tras almorzar un café y un bollo
cogió un taxi y le indicó la dirección donde quería ir.
Unos veinte minutos más tarde estaba
ante la puerta donde un año antes habían celebrado su cumpleaños. Justo al lado
donde había una puerta de color verde toda descascarillada estaba la casa donde
le había visto entrar en su visión.
Delante de la puerta vio que no había
timbre ni nada que se le pareciera. Lo que si que notó fue como un pequeño
pinchazo y al mirar al suelo donde lo había sentido vio que en el tobillo tenía
un pequeño corte. Seguramente se lo hizo con algún trozo de algo que hubiera en
la calle.
En el piso de arriba Tarik vio que la
alarma casera que tenía para saber si había alguien estaba activado.
Se asomó a la ventana y corrió un
poco la cortina para mirar quien era. Sólo deseaba que no fuese Tanya. El
acopio de valor que había reunido para ir a su casa se había evaporado nada más
llegar a su casa. No era ella ni mucho menos. Era la chica del bar y la que lo
había acogido en su casa cuando misteriosamente lo encontró sangrando en el
puerto. ¿Cómo demonios le había encontrado? Dudó un momento si abrirle, pero
esa duda en seguida se disipó. Estaba seguro que cometía una imprudencia al
apretar el botón que abría la puerta de la calle, pero si algo definió a Tarik
fue siempre ese instinto por correr peligros.
No pensó que le iba a costar tanto
tenerla delante. Era completamente diferente a cualquier situación que hubiera
vivido anteriormente. Siempre había tenido el control de todo. Ahora no tenía
nada bajo control. Le temblaban las piernas, un sudor frío le caía por la
frente y empezaba a sentir unas náuseas que le subían desde la boca del
estómago.
Solamente estaba subiendo las
escaleras.
¿Qué iba a pasar una vez la tuviese
delante?¿Cómo se iba a comportar? Tenía la horrible sensación de que se le iba
a trabar la lengua y que sería incapaz de decirle nada, tan sólo balbucearía
palabras incomprensibles.
Al fin había llegado el momento. Desde
la mirilla de la puerta la vio. Estaba ahí de pie. A la espera. La luz de la
escalera la mostraba aún más hermosa de lo que era. Solamente antes una vez en
su vida había admitido que una mujer fuese tan bella. Pero de eso hacía ya
mucho tiempo.
Ahora era otro momento diferente. Una
persona completamente nueva. Su comportamiento era el mismo. El de un niño
pequeño que no se quería enfrentar a sus miedos.
Cogió aire y se armó de valor. Antes
de que ella llamase al timbre abrió bruscamente la puerta con una expresión
seria en su rostro.
- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me has
encontrado?
- Intui...- no la dejó terminar y la
cortó en seco, dejándola con la palabra en la boca.
- Entra y siéntate.
Chris estaba aterrada. Por un momento
se dio cuenta de que aquello había sido una temeridad y una tremenda locura.
Pensó en dar media vuelta e irse, pero ya que había llegado hasta allí no tuvo
más opción que llegar hasta el final. Entró cerrando la puerta tras de sí y
tomó asiento en el sofá que Tarik le señalaba con la mano.
No se dio en ningún momento la
vuelta. No iba a permitirle que viera lo vulnerable que se sentía teniéndola
tan cerca. Podía notar que ella estaba muerta de miedo, pero no por lo mismo
que él.
- ¿Por qué tienes miedo?
¿Cómo se dio cuenta? Nunca tuvo tantas
ganas de salir de ningún sitio como en aquel momento.
- Siempre me da miedo las situaciones
que no puedo controlar.
Era asombroso que los dos tuvieran
miedo de lo mismo. Era la primera vez que su empatía con el resto de la gente
no le funcionaba como el esperaba.
- Puedes estar tranquila. No tengo
ninguna intención de hacerte daño.
Por un momento Chris consiguió
relajarse. Aquellas sinceras palabras dieron
cierta calma, pero al ver su cara de nuevo volvió a sentir miedo.
Tarik tenía la cara
contraída por el dolor de las heridas. Aún y así hizo acopio de fuerzas. No
quería que ella lo viese débil y vulnerable. Cada vez que había dejado que una
mujer lo viese en ese estado las cosas para él siempre habían ido a peor.
- Está bien. Ya basta
de rodeos. ¿Cómo has sabido que estaba aquí? Y no me sirve lo de la intuición
femenina.
- Está bien- Chris
tenía que sincerarse. Tuvo la corazonada de que si le mentía de nuevo o le daba
una excusa la echaría y perdería la oportunidad de conocerle, y eso era algo
que no se podía permitir- Sólo hay una persona que lo sabe. Y contigo ahora
seréis dos. Desde pequeña he tenido un don. Con sólo tocar algo que haya tocado
alguien tengo visiones de esa persona. No puedo controlar el momento en que me
salen. Es gracias a ello que te he encontrado las dos veces.
- De modo que eres
psíquica.
- Prefiero decir que
tengo un don. Dicho de esa forma parece que esté loca.
Tarik no pudo reprimir
una sonrisa. Además de guapa era ingeniosa.
- ¿Por qué sin
conocerme de nada me has ayudado? Incluso me has acogido en tu casa.
- Simplemente tuve la
necesidad de hacerlo.
- ¿Esperabas algún tipo
de recompensa?
Era increíble que el
tío se estuviese poniendo condesciente. Seguramente la estaba poniendo a
prueba. Estaba más que preparada para ello y lo iba a pasar con creces.
- Para nada. Nunca hago
las cosas esperando algo a cambio. Lo hago por mí.
- ¿Y a qué has venido?
- No lo sé. Supongo que
a cerciorarme de que estabas bien.
- Ya ves que sí. Puedes
irte.
Chris se levantó. Había
perdido y le tocaba irse. Justo en la puerta giró sobre si misma y se convenció
de que no acababa ahí y de ese modo. Él no era el que tenía que recibir
explicaciones, sino más bien darlas.
- ¿Quién eres?
- ¿Cómo?
- Lo único que sé de ti
es que eres un don nadie salido de ninguna parte que no se sabe porque me salvo
dos veces la misma noche, eso sin sumarle que a la noche siguiente te encontré
en el puerto bañado en sangre y que unas horas después desapareciste de la
manera más miserable posible.
- Lo siento. No puedo
contestar a eso.
- Al menos quisiera
saber tu nombre.
- Tampoco te lo puedo
decir.
- Pues entonces no
esperes ninguna explicación más de mi parte.
Tras esas palabras
Chris se sentó bruscamente en el mismo sitio de antes.
- No me iré de aquí
hasta que no tenga alguna explicación por tu parte.
- ¿Por qué se supone
que debería dártelas?
- Por la sencilla razón
de que evitara que murieras desangrado no hace ni dos días.
- Nadie te obligó a
hacerlo.
- A ti tampoco te obligó nadie hacerlo.
Así que, ¿por qué lo hiciste?
Tarik se mantuvo en
silencio. Lo tenía entre la espada y la pared con esa sencilla pregunta. Debía
inventarse alguna excusa creíble para evitar el verdadero motivo de porque iba
tras ella de ese modo tan insistente.
Chris no dejaba de
mirarle fijamente. Vio claramente que no sabía que podía contestar y escapar de
esa pregunta.
Sabiendo que no iba a
sacar nada en clave optó por una táctica mucho más simple y que a su madre
siempre le había funcionado con ella.
- Cambiando de tema,
¿cómo alguien con tus pintas consigue un piso en esta zona y tener una moto de
esa calidad? Debes de ser un pez gordo o el hijo de un multimillonario.
- Lamento defraudarte
pero no soy ninguna de esas dos cosas. Podemos decir que he tenido suerte con
mis jugadas en bolsa.
Aquella excusa parecía
que le servía y que ella se la creía a pies juntillas.
- Menuda suerte tienes
entonces. No te imaginas las ganas que tengo de dejar mi trabajo y poder vivir
del cuento.
- Yo no he dicho que
viva del cuento.
Mierda. Había metido la
pata al volver a juzgar un libro por su portada.
- Yo...No quería.
- No pasa nada. No te
preocupes. Si que es verdad que casi no trabajo. De hecho, las pocas veces que
me paso por allí muchos de mis compañeros se preguntan si sigo trabajando con
ellos.
Tarik se acerca a la
cocina y le prepara un café sin que ella le diga absolutamente nada.
Ella toma la taza entre
sus manos y casi se quema. La deja a tiempo en la mesa para no provocar un
desastre. Espera a que se enfría un poco y sopla. Cuando va a beber él la
interrumpe.
- Espera un momento. No
puedes apreciar un buen capuccino sin su nata y canela por encima.
Una vez que se lo ha
preparado ella le da el primer sorbo. Es el mejor café que ha probado en su
vida. Intenso y con un aroma exquisito.
Al dejar la taza en la
mesa, Tarik comprueba que la nata le ha dejado un gracioso bigote en la
comisura del labio superior. Le acerca una servilleta y le hace un gesto para
que se limpia.
Ella ríe divertida por
la imagen que tiene que estar dando y se lame los labios.
Ese simple gesto
provoca lo mismo que hace unos días mientras la espiaba a través de la puerta
del baño. Ella se percata al momento.
- Espero que no te esté
molestando.
- En absoluto. De
hecho, quiero proponerte una cosa. ¿Te apetece pasar el fin de semana conmigo?
Aquella frase la hizo
sentirse tremendamente segura. Todos los miedos que tuvo unos minutos antes se
disiparon por completo.
- Es una oferta tentadora, pero tal vez, necesitaría alguna condición que me hiciera aceptarla finalmente.
- ¿Qué te parece si te digo que estarás completamente a salvo de todo?
Eso la hizo sonreír tímidamente al recordar el modo en cómo se conocieron. La primera vez que lo vio y lo que sintió una vez lo hubo perdido de vista.
- ¿A salvo de qué? Que yo sepa no estoy en peligro.
A lo mejor habló demasiado y dejado entrever cosas que tendrían que permanecer en silencio. Ahora que la tenía tan cerca y que por fin estaba con él no podía dejarla marchar. Sabía seguro que si ella conocía toda la verdad huiría, pero por otra parte, tampoco era justo que la tuviese en un desconocimiento constante. En algún momento debería decirle la verdad. Mientras tanto, ¿qué mal había en disfrazar un poco los verdaderos motivos de retenerla a su lado?
Tyron conducía a toda velocidad sin respetar ninguna de las señales de tráfico. El objetivo que tenía que conseguir era una persona más bien escurridiza. Tanya fue una completa estúpida al sacarlo de su casa. Lo tendría que haber retenido del modo que fuera. No le hubiese costado mucho esfuerzo.
Cuando Tanya le contó el modo en que lo reclutó y el porque, Tyron en seguida lo vio claro. Más claro lo tuvo aún en el momento en que vio como el muchacho se marchaba.
Le había facilitado los datos de los dos lugares en el que probablemente estaría.
El primero era un club bastante céntrico de esos a los que la gente solía ir demasiado arreglada y el siguiente era su apartamento.
Probó suerte en el primero y preguntó al portero.
- Éste tío no va a volver a entrar aquí nunca más después de la que lió la otra noche.
Tyron hizo unas cuantas preguntas más al portero y tras enterarse de lo sucedido se fue directo al apartamento de Hugo.
Una vez allí se dio cuenta de que no iba a ser muy difícil entrar. No había portero ni ningún tipo de sistema de seguridad ni de vigilancia.
Dentro del portal miró en los buzones para cerciorarse de que el piso era el mismo que le facilitó Tanya en los documentos.
Llegó y llamó a la puerta. En el mismo instante en el que llamó, oyó que la televisión se apagaba de repente y por debajo de la puerta observó como el piso se quedaba a oscuras.
Tyron usó la copia de la llave que ella no le quiso decir como había conseguido y entró.
Gracias a su preparación supo que detrás de la puerta había alguien.
Antes de que Hugo pudiese reaccionar el completo desconocido que acababa de entrar en su casa lo tenía tumbado en el suelo y retorciéndole el brazo por detrás de la espalda. El dolor era insoportable y las lágrimas de sufrimiento le resbalaban por las mejillas.
- Cómo sigas escondiéndote detrás de las puertas en una ciudad como ésta no va a pasar mucho tiempo para que termines muerto.
Hugo hizo un intento de levantarse pero el peso de ese tío encima suyo causó que le resultara imposible.
- ¿Qué quieres?
- Que te calles y te vengas conmigo.
- ¿Por qué si se puede saber?
- Digamos que una amiguita que tenemos en común quiere verte.
Hugo hizo un gesto de asentimiento y le pidió que le soltara. Nada más hacerlo empezó a correr hasta la escalera de incendios con la sola idea de escapar de ese lunático.
En menos de dos zancadas Tyron lo atrapó y lo estampó contra la puerta de la nevera. Lo tiró al suelo y lo dejó igual de indefenso que al entrar.
- Vuelve a hacer una de esas gilipolleces y me salto las normas y te mato aquí mismo.
¿Normas? ¿De qué hablaba ese capullo? Hugo aceptó las condiciones tras sentirse intimidado por la amenaza y siguió a Tyron hasta su coche.
Otra opción no tenía ya que al salir a la luz del pasillo del recibidor vio que el tío ese en una mano llevaba un puño americano y en la otra una navaja que parecía estar muy afilada. No pudo retirar la vista ni un segundo de esas armas.
- Ni lo dudes que temeré usarlas. Si es que me obligas a ello claro.
Hugo subió al coche y permaneció en silencio. Poco a poco fueron circulando por las calles. Esta vez Tyron iba más despacio que en el viaje de ida. Ahora llevaba a alguien a su cargo.
Hugo cada vez estaba con más miedo en el cuerpo. Sin que se lo esperara Tyron le propinó un fuerte puñetazo que le dejó inconsciente.
Tanya fue muy explicita al decir que en ningún momento tenía que saber adonde iba.
- Será una bonita sorpresa para él. Eso ni lo dudes.
Es lo último que le dijo al despedirle cerrando la puerta del coche y haciéndole un gesto para que emprendiera la marcha.
- Es una oferta tentadora, pero tal vez, necesitaría alguna condición que me hiciera aceptarla finalmente.
- ¿Qué te parece si te digo que estarás completamente a salvo de todo?
Eso la hizo sonreír tímidamente al recordar el modo en cómo se conocieron. La primera vez que lo vio y lo que sintió una vez lo hubo perdido de vista.
- ¿A salvo de qué? Que yo sepa no estoy en peligro.
A lo mejor habló demasiado y dejado entrever cosas que tendrían que permanecer en silencio. Ahora que la tenía tan cerca y que por fin estaba con él no podía dejarla marchar. Sabía seguro que si ella conocía toda la verdad huiría, pero por otra parte, tampoco era justo que la tuviese en un desconocimiento constante. En algún momento debería decirle la verdad. Mientras tanto, ¿qué mal había en disfrazar un poco los verdaderos motivos de retenerla a su lado?
Tyron conducía a toda velocidad sin respetar ninguna de las señales de tráfico. El objetivo que tenía que conseguir era una persona más bien escurridiza. Tanya fue una completa estúpida al sacarlo de su casa. Lo tendría que haber retenido del modo que fuera. No le hubiese costado mucho esfuerzo.
Cuando Tanya le contó el modo en que lo reclutó y el porque, Tyron en seguida lo vio claro. Más claro lo tuvo aún en el momento en que vio como el muchacho se marchaba.
Le había facilitado los datos de los dos lugares en el que probablemente estaría.
El primero era un club bastante céntrico de esos a los que la gente solía ir demasiado arreglada y el siguiente era su apartamento.
Probó suerte en el primero y preguntó al portero.
- Éste tío no va a volver a entrar aquí nunca más después de la que lió la otra noche.
Tyron hizo unas cuantas preguntas más al portero y tras enterarse de lo sucedido se fue directo al apartamento de Hugo.
Una vez allí se dio cuenta de que no iba a ser muy difícil entrar. No había portero ni ningún tipo de sistema de seguridad ni de vigilancia.
Dentro del portal miró en los buzones para cerciorarse de que el piso era el mismo que le facilitó Tanya en los documentos.
Llegó y llamó a la puerta. En el mismo instante en el que llamó, oyó que la televisión se apagaba de repente y por debajo de la puerta observó como el piso se quedaba a oscuras.
Tyron usó la copia de la llave que ella no le quiso decir como había conseguido y entró.
Gracias a su preparación supo que detrás de la puerta había alguien.
Antes de que Hugo pudiese reaccionar el completo desconocido que acababa de entrar en su casa lo tenía tumbado en el suelo y retorciéndole el brazo por detrás de la espalda. El dolor era insoportable y las lágrimas de sufrimiento le resbalaban por las mejillas.
- Cómo sigas escondiéndote detrás de las puertas en una ciudad como ésta no va a pasar mucho tiempo para que termines muerto.
Hugo hizo un intento de levantarse pero el peso de ese tío encima suyo causó que le resultara imposible.
- ¿Qué quieres?
- Que te calles y te vengas conmigo.
- ¿Por qué si se puede saber?
- Digamos que una amiguita que tenemos en común quiere verte.
Hugo hizo un gesto de asentimiento y le pidió que le soltara. Nada más hacerlo empezó a correr hasta la escalera de incendios con la sola idea de escapar de ese lunático.
En menos de dos zancadas Tyron lo atrapó y lo estampó contra la puerta de la nevera. Lo tiró al suelo y lo dejó igual de indefenso que al entrar.
- Vuelve a hacer una de esas gilipolleces y me salto las normas y te mato aquí mismo.
¿Normas? ¿De qué hablaba ese capullo? Hugo aceptó las condiciones tras sentirse intimidado por la amenaza y siguió a Tyron hasta su coche.
Otra opción no tenía ya que al salir a la luz del pasillo del recibidor vio que el tío ese en una mano llevaba un puño americano y en la otra una navaja que parecía estar muy afilada. No pudo retirar la vista ni un segundo de esas armas.
- Ni lo dudes que temeré usarlas. Si es que me obligas a ello claro.
Hugo subió al coche y permaneció en silencio. Poco a poco fueron circulando por las calles. Esta vez Tyron iba más despacio que en el viaje de ida. Ahora llevaba a alguien a su cargo.
Hugo cada vez estaba con más miedo en el cuerpo. Sin que se lo esperara Tyron le propinó un fuerte puñetazo que le dejó inconsciente.
Tanya fue muy explicita al decir que en ningún momento tenía que saber adonde iba.
- Será una bonita sorpresa para él. Eso ni lo dudes.
Es lo último que le dijo al despedirle cerrando la puerta del coche y haciéndole un gesto para que emprendiera la marcha.