domingo, 22 de julio de 2012


- Le das demasiada importancia a cosas que no la tienen.
Lo más seguro es que Angie tuviese razón. Normalmente nunca se equivocaba en cosas de esas.
- ¿Y que quieres que le haga?
- Que espabiles de una puñetera vez. Siempre te pasa lo mismo. Te enamoras de alguien perdidamente, lo entregas todo sin pedir nada a cambio y todo cuanto recibes no es nada más que una patada en el culo.
Se estaba refiriendo a su última relación. A lo que en principio iba a ser un fin de semana idóneo. No había sido nada de eso. Se había visto sola, con dos billetes de tren, unas maletas hechas y plantada en la estación como una idiota esperando a alguien que nunca iba a llegar.
- Está claro que lo único que tienes que hacer ahora es pasar página. Ya sabes lo que dicen de que un clavo quita otro clavo.
- Sí claro. Como si fuese tan fácil. ¿Que pretendes que salga esta noche de fiesta y no deje títere con cabeza?
- Yo no lo hubiese expresado mejor.
 La camarera se acercó y les sirvió los cafés que llevaban un buen rato esperando. Tras el primer sorbo, Angie siguió hablando:
- No es tan disparatado lo que te estoy proponiendo, así que haz el favor de cambiar la cara y dejar de mirarme de ese modo.
- Es posible que para ti no se nada del otro mundo ya que cada día estás con uno diferente, pero hay algunas personas que aún creemos en eso de que hay uno para toda la vida.
- Al menos a mi no me han hecho daño repetidas veces. Además que puedes perder por que una noche seas una chica ligera de cascos.
- En verdad nada.
- Pues está decidido. En cuanto nos terminemos el café, nos vamos para casa y nos preparamos.
Realmente no es algo que le hiciese demasiada gracia. Pero por otra parte, llevaba demasiado tiempo siendo la chica buena. La que decía a todo que si y pedía por favor las cosas y daba las gracias en todo momento.
Angie tenía razón. ¿Que tenía de malo ser por una noche alguien completamente diferente? Se convenció a sí misma y le encantó la idea de levantarse al día siguiente, mirarse al espejo y no reconocer a la chica que tenía enfrente.
Después de todo, una noche era una noche.
Angie siempre había tenido esa cualidad de ver la parte buena de las cosas. Estaba completamente segura de que era la única persona en la faz de la tierra que después de que su mejor amiga le contara que la habían dejado plantada le proponía que se buscara a otro.
Ahora ya le había dicho que sí, de modo que no se podía echar atrás.
De camino a casa, ni por un momento, Angie dejó de explicar a viva voz que es lo que iba a hacer. Hasta incluso se había puesto un número mínimo de tíos que iban a caer, mientras que Chris no dejo de mirar el móvil ni por un momento.
- Como me giré otra vez y vea que estás mirando el teléfono, te juro por lo más sagrado que lo tiro a la basura y te arranco la cabeza.
Otra de las cosas que caracterizaba a Angie es que tenía muy poco tacto a la hora de decir las cosas.


El club estaba a rebosar de gente y la cola daba casi la vuelta a la manzana.
- Espera aquí un momento. Miraré si puedo utilizar mis influencias.
Gracias a todas las noches que había estado saliendo durante todo un año, Angie conocía a todo el personal de la noche, lo cual le garantizaba más de una ventaja respecto de las otras personas que salían esporádicamente o casi nunca, como Chris.
Aprovechando que su amiga no estaba delante, abrió el bolso y miró de nuevo el móvil. Nada.
Pasados más de diez minutos de esperarla, apareció corriendo agitando unas tarjetas.
- Tenemos pases VIP.
- ¿Cómo?
- Mejor no preguntes. Eso si, tenemos que darnos prisa, solo tienen validez mientras el encargado no está en la puerta.
Al mirar la tarjeta que le había dado Angie vio que ponía "EXCLUSIVO PARA PERSONAL".
Angie salió corriendo como alma que lleva el diablo. Justo en el momento en que ella fue a emprender lla marcha e ir tras su amiga, bajó a la calle.
Lo siguiente que vio fue muy rápido e inesperado. Unas luces, oyó un pitido y notó como tiraban de ella.
- A ver si miras por donde vas, idiota- oyó que le gritaba el conductor.
- Deberías tener más cuidado. O acaso tu madre no te enseñó que hay que mirar antes de cruzar.
Una figura masculina y muy alta siguió andando. Ella se lo quedó mirando fijamente, esperando que se diese la vuelta y por lo menos, ver la cara de su salvador. Lo único que pudo ver es que entraba en el mismo local en el que ella se disponía a entrar con un pase prohibido.
Lo que le acababa de suceder era de aquellas cosas que siempre oyes que le pasan a otras personas. Había estado a punto de ser arrollada por un coche que iba conducido por un gilipollas y salvada por alguien a quien no había podido dejar de mirar en ningún momento.
Volvió al mundo real y recordó que o se daba prisa o se iba a quedar en la calle.
Fue a paso rápido, ya que corriendo entre la gente hubiese llamado la atención, y entró justo en el momento en el que un hombre que llevaba una camisa con la palabra encargado en una placa iba a colocarse en la puerta.
Una vez dentro, se quedó sorprendida del tipo de local al que Angie la había llevado. Era el local más oscuro que había visto en toda su vida. Una tenue luz azul inundaba todo el local. Las cosas habían cambiado mucho desde la última vez que salió.
Le daba la sensación de que se había quedado anticuada.
Tuvo que forzar mucho la vista para ver a Angie haciéndole señas desde la barra.
Mientras bajaba por la escalera no pudo evitar tener la sensación constante de que la estaban observando.
Echó un rápido vistazo a todo el local pero no vio nada que la llamase la atención.
Fue al lado de Angie dispuesta a contarle lo que le había ocurrido. Justo en el momento en el que estaba a punto de ponerse a su lado la empujaron.
- Esto antes estaba mejor. Ahora dejan entrar a cualquiera.
Aquella voz le era familiar. Al levantarse volvió a tener de nuevo esa sensación de que alguien la observaba atentamente.
- Menudo capullo
Angie la cogió de la mano y la ayudo a levantarse del suelo. Se pusieron al lado de la barra y mientras esperaban a que el camarero las atendiera Chris le contó lo sucedido en la calle.
- Lo ves. Solamente tenías que salir- se giró para pedir dos cervezas al camarero- No hace ni dos horas que estabas llorando y autocompadeciéndote de lo desgraciada que eres y hace un momento estabas ligando con un tío increíble.
Cogieron las cervezas y se fueron a una de las pocas mesas que había libres.
- No he ligado con nadie. Simplemente ha evitado que me atropellaran.
De nuevo tuvo la sensación de que alguien la miraba fijamente desde la banda opuesta de la sala. Giró la cabeza disimuladamente, pero lo único que vio fue a tres chicas sentadas en el suelo y que no se sabía cual de ellas estaba más borracha.
De repente, la poca luz que había se quedó ocultada y una gran figura masculina estaba enfrente de ellas. Concretamente mirando a Chris con una cara que sólo podía significar una cosa.
- ¿Te invito a una copa?
- Ya tengo una, gracias.
A pesar de que había sido todo lo seca y arisca que pudo él no tenía ninguna intención de desistir en su empeño.
- Una cerveza no es nada. Déjame hacerte probar algo que te va a hacer alucinar.
- Por mi lo haría encantada pero, ¿sabes que pasa? Mi mamá me enseñó que no he de aceptar cosas de extraños.
Eso tendría que haber sido suficiente para que ese pesado se largara. Se equivocó y no tenía ni idea de hasta que punto.
Cogió a Chris del brazo y la levantó de un tirón. Se vio atrapada.
- Oye, ya te ha dicho que no. Así que, ¿por qué no te piras?- intervino Angie.
- Tú no te metas, puta. Aquí todos sabemos el tipo de tía que eres.
Se notaba que aquel comentario le había afectado, pero en ningún momento iba a dejar que se percatasen. Angie se armó de valor ya que el tío hacía cinco como ella. Visto que desde el sitio donde estaba era imposible darle una patada en sus partes íntimas para que soltase a su  amiga, cogió el vaso de cerveza y se lo tiró a la casa.
Si a ella el comentario le había molestado, era obvio por su expresión que a él no le había hecho ninguna gracia que le arrojasen una cerveza a la cara.
Chris se sentía completamente abstraída de esa situación que se había iniciado por ella. Mientras veía todo como una simple espectadora, volvió a tener la sensación de que era observada.
Fijó la vista justo enfrente de ella y entonces lo vio. El mismo hombre que la había salvado hace un momento se acercaba sin vacilación y con pase amenazante.
Completamente convencida de que iba a ser salvada de aquella situación y aterrada por lo que podría hacerle el tío que la tenía cogida por los brazos, cerró los ojos e interiormente empezó a contar esperando que aquello terminara o que fuera una simple pesadilla y despertase en cualquier momento.
Lo único que oyó fue un golpe seco y unos segundos después notó que se caía de culo en el suelo.
Angie la cogió del brazo y la levantó. Se apartaron para ver el espectáculo desde un lugar en el que estuvieran a salvo.
El tío misterioso tenía cogido al otro del cuello y lo estampó contra la pared.
- No has oído a la señorita que te ha dicho que la dejases tranquila.
- ¿Y a mi qué?
Tras esa frase recibió un puñetazo en la nariz con el cual seguramente se le rompió la nariz ya que empezó a sangrarle mucho.
Intentó escaparse de los brazos del otro, pero con cada movimiento que hacía lo único que conseguía era quedar más atrapado entre las manos del otro.
El intimidado estaba estampado contra la pared, se estaba poniendo cada vez más blanco por momentos.
Toda la imagen de tío duro que había aparentado hasta hace un momento se desvaneció en cuanto empezó a llorar como un niño pequeño.
Ante la verguenza ajena que sentía el otro, lo soltó y tras empujarlo y tirarlo al suelo dejo que se fuera con una advertencia.
- A ver si aprendes a tratar con mujeres, animal.
Se giró y cogió el brazo de Chris suavemente para comprobar que estaba bien. Lo único que tenía era un moratón debido a la fuerza con la que lo había cogido.
- En unos minutos ya no tendrás nada. ¿Estáis bien?
- Sí.
Estuvo a punto de darle las gracias, pero no pude. En cuanto fue a artcular las primeras palabras de agradecimiento él se había dado la vuelta y ya no estaba ni siquiera en el local.
Dio un vistazo rápido para ver si lograba verlo, pero estaba claro que se había marchado. Sin dejar ni rastro, como si nunca hubiese habido nadie allí.
- Lástima, me hubiese gustado darle las gracias- dijo Chris un poco apesadumbrada.
- Yo le hubiese dado algo más que las gracias- espetó Angie con una sonrisa traviesa- Por cierto, ¿quieres que vayamos a poner una denuncia?
- Sinceramente no creo que vuelva a molestarme, pero si no te importa creo que por hoy ya he tenido bastante diversión. Me voy a casa.
- Voy contigo.
Mientras se estaban yendo Chris sintió la necesidad de dar media vuelta y asegurarse que realmente el hombre misterioso se había ido. Tenía la sensación de que aún estaba por los alrededores. Vigilándola, esperando por si le ocurría algo para volver a salvarla.
- Realmente se nota que te ha impactado.
- Tú verás, es la primera vez que me encuentro en esta situación.
- ¿Lo dices por tu salvador o por el otro?
- Creo que por ambas cosas.
Andando por la calle volvió a tener la misma sensación que había tenido durante todo el rato en el club de que la estaban observando. Esta vez prefirió no mirar, no estar pendiente y llegar a casa cuanto antes.
Sólo quería tumbarse en la cama, dormir y esperar que llegase el día siguiente.


Tarik golpeó fuertemente la pared. No tenía ni idea de que es lo que le pasaba ni porque se sentía tan raro. No entendía porque había tenido la necesidad de protegerla sin ni tan siquiera conocerla. Sólo supo que lo había hecho y que lo haría las veces que fuese necesario.
La protegería de todo aquello que pudiese dañarla.
Hacía mucho tiempo que no sentía aquello. Sabía perfectamente como podían terminar las cosas, pero aún y así lo haría.
Estaba completamente blanco y empapado en sudor. Miró la pared y vio el agujero que había hecho en la pared tras dar los puñetazos.
- No sé si me devolverán la fianza con los destrozos que ocasionas.
Una figura femenina apareció detrás de él. Alta y esbelta, con una melena rubia que le llegaba a la cintura. Cualquiera que la viera estaría de acuerdo en que era la mujer más hermosa que pudiese existir sobre la faz de la tierra.
- Si esperas que me disculpe lo llevas claro- Traik cruzó la habitación y cerró de un portazo. Al momento la volvió abrir, asomando la cabeza- No te preocupes. Pagaré la reparación.
Una vez que se hubo marchado la mujer se acercó al destrozo que había hecho Tarik y empezó a recoger los trozos para tirarlos a la basura. Se apoyó justo en el hueco que de la pared y fue entonces cuando sintió todo el dolor acumulado por él en esos golpes.
Tras recoger los escombros se sentó en una butaca y se quedó mirando fjiamente la puerta por la que había salido Tarik.
No era la primera vez que se iba de esa manera. Al igual que las otras veces no iba a tardar demasiado en volver.
De todos modos, Tarik no podía ir a ninguna parte. Al fin y al cabo, ella era lo único que tenía. Si la abandonaba se quedaba solo. Y eso era algo que ella no iba a permitir de ninguna de las maneras.
Cuando Taril entró por la puerta, ella seguía sentada en la misma butaca con las piernas cruzadas mientras jugaba con un pequeño cuchillo entre sus manos.
- Veo que has hecho justo lo que te pedí.
- Sí. Ahora tú tienes que cumplir tu parte del trato.
- Todo a su debido momento, querido. Aún no he termiando contigo. Te voy a necesitar para una última cosa.
Tras decir esas palabras cogió una carpeta de la mesa que tenía enfrente.
En ella había unas hojas con unos datos y una foto en grande de la chica que había salvado dos veces esa misma noche.
Ella lanzó la foto al aire y la atravesó con el cuchillo dejándo que esta quedara colgada en la pared como si fuese un cuadro.
- Creo que no hará falta que te de más detalles. Si lo haces cumpliré con mi parte del trato.


- Aún estoy alucinando con lo que ha pasado.
Al llegar a casa, lo primero que había hecho Chris era llamar a Angie para seguir hablando de lo ocurrido esa noche.
- No le des más vueltas. Da gracias por no estar en manos de ese baboso.
- O de haber acabado en urgencias con un brazo roto.
- Sí, eso también.
A pesar de que se notaba muy incómoda con la sensación no podía dejar de pensar en que hubiese pasado si se hubiera encontrado con el hombre misterioso. Si en vez de desaparecer en la nada se hubiese quedado, por lo menos para mostrarle lo agradecida que estaba por haberla salvado dos veces en la misma noche.Colgó el teléfono y se quedó mirando por la ventana. El tiempo había cambiado de repente. De una agradable brisa con la que agradaba estar en la calle, de repente estaba lloviendo como si fuese a caer el diluvio universal.
Se encendió un cigarrillo y mientras lo dejaba que se consumiera en el cenicero de la mesita de noche se fue a poner el camisón.
Dejó la luz del cuarto de baño encendida. Tenía la manía de cambiarse en el cuarto de baño, aunque estuviese sola en casa.
De nuevo, volvió a asomarse a la ventana y tras sentarse en una silla que tenía cerca se quedó mirando fuera. Cerró los ojos y dejó que el sonido de la lluvia la relajara y se llevase todos los nervios de la noche.
Con los ojos cerrados volvió a ver todo lo ocurrido esa misma noche. Le volvió a ver a él de nuevo, sacándola de la calle para evitar que la atropellasen y sacándole al baboso de encima.
Un portazo la sacó de su ensimismamiento. Había dejado las ventanas del comedor abiertas y la corriente de aire provocó que se cerrasen de golpe. De la fuerza del impacto se habían roto los cristales.
Los recogió con la escoba en un momento, pero al ir a cerrar las ventanas se clavó un trozo de cristal en la planta del pie. Era molesto, y a pesar de que el corte no era muy importante salía una gran cantidad de sangre.
Se desinfectó el corte y se puso una tirita. Cerró las ventanas y entonces tuvo de nuevo la sensación de que la estaban observando. No supo porque pero no pudo evitar sonreir pensando que de nuevo él estaba cerca. Una vez más.


Tarik se refugió bajo su paraguas y se quedó mirando a la ventana sin ni tan siquiera parpadear. No podía dejar de mirarila. Observó cada uno de sus movimientos desde como se encendía el cigarrillo hasta como se ponía el camisón. Era lo más hermoso que había visto en su vida.
Bajó la mirada un momento para ver que hora era y fue entonces cuando sintió que ella estaba en peligro. Levantó la vista y no la vio en ninguna de las ventanas.
Fue corriendo y entró en el edificio. busco su piso en los buzones y subió corriendo hasta la planta donde ella vivía.
Se quedó plantado delante de la puerta. Toda la decisión con la que había llegado hasta allí se esfumó al saber que la tenía al otro lado de la puerta, a unos pocos metros.
Justo en el momento en el que fue a picar a la puerta se dio cuenta de que se abrían las puertas del ascensor. Se escondió en un rincón, ya que no tenía ganas de dar cuentas a nadie de quién era y qué hacía allí.
Desde su escondite vio que se trataba de la amiga de ella. Observó un momento y vio como tras picar a la puerta entraba en el piso.
Pensó en irse. Al fin y al cabo, si estaba con su amiga era imposible que estuviese en un peligro muy grave.
Se lo pensó dos veces y se sentó en su escondite y cerró los ojos, a la espera de actuar.


Cuando abrió los ojos y miró de nuevo el reloj vio que eran ya las ocho de la mañana. No había habido el menos movimiento. Su amiga se había quedado a dormir con ella.
No lo iba a poder hacer en ese momento.
La puerta de su piso se abrió y la chica salió deprisa y corriendo.
Tarik vio como se le cayó el monedero del bolso al ir a guardar las llaves y ella no se había dado ni cuenta.
Perfecto.
Ya tenía una excusa para acercarse a ella. Cogió el monedero del suelo y bajó por las escaleras.
Se escondió en la portería justo del lado y unos minutos después de que ella hubiese pasado por delante sin percatarse de su presencia la siguió.
Llevaba el cuchillo que le había dado Tanya escondido en la manga de la chaqueta. No iba a poder hacerlo en medio de la calle. Había demasiada gente y llamaría mucho la atención.
Se paró un momento, sin perderla de vista, y con gran destreza se guardó el cuchillo en la bota derecha.
Las localizó y se acercó a paso acelerado. Corrió tras ella y la adelantó, unos metros más adelante se giró y se la quedó mirando.
Cuando la tuvo delante cayó en la cuenta de que ni tan siquiera sabía su nombre. Para él, ella era un completo desconocido. Sólo era alguien que la había defendido la noche anterior.
Una idea asombrosa le vino a la mente. Tenía su cartera. La que le había de devolver como excusa para acercarse a ella.
La abrió y comprobó su nombre. Christine Wallace.
En el momento en el que levantó la vista de la cartera de ella se quedó perplejo. Un chico tenía a Chris cogida por los brazos y le estaba plantando un beso en todos los morros.
No podía pensar. Tarik solo sentía como un calor interno recorría todo su cuerpo. Adelantó el pie izquierdo y dejó asomar la punta del cuchillo para abalanzarse sobre ese tío. Fue un momento después, cuando vio que Chris reía y le seguía la broma pellizcándole el culo que comprendió que eran conocidos. Viejos conocidos por el modo en como se comportaban.
Inmediatamente se sintió estúpido. Comprendió que había estado a punto de hacer el ridículo más grande de su vida.
Observó como marchaban juntos y entraban en el edificio que se habían encontrado.
Se dio media vuelta y en el momento en que empezaba a iniciar la marcha oyó una voz a su espalda. Posiblemente la última voz que quisiese escuchar.
- Veo que no has perdido tu don de la oportunidad.
- No eres capaz.
- Aún no ha terminado el plazo. Tengo tiempo.
Tanya abrió su bolso y sacó un sobre pequeño.
- En esas hojas tienes todos los detalles sobre su vida. Lugares a los que va, gente a la que conoce, cosas que hace. Prácticamente es su agenda.
Tanya se tomaba demasiadas molestias en querer ver muerta a alguien que parecía una chica inocente.
Tarik aún recordaba como había contactado con él y le había hecho el encargo. Había aceptado sin pensárselo dos veces ¿Por qué?¿ La cantidad de dinero que pagaba? El dinero nunca había sido un problema para él. Era una de esas personas que podría estar el resto de su vida sin trabajar y sin hacer nada. Dedicándose única y exclusivamente a hacer el vago.
Lo que le había impulsado a aceptar el encargo era lo que Tanya le ofrecía a cambio de poder ver muerta a esa chica. Su libertad.


- No me puedo creer que te haya pasado a ti realmente.
Chris aprovechó la hora de la comida para contarle a Edward todo lo sucedido la noche anterior.
- ¿Cómo se lo ha tomado Angie?
- Se ha quedado a dormir en mi casa. Ha jurado que a partir de ahora no me va a quitar los ojos de encima.
- Es que es increíble, ¿quién hubiese dicho que debajo de ese aspecto de mojigata se encontraba un imán para los hombres?
- ¿Qué no hice nada?
- No me vengas con tonterías, Chris. Ese tío te salvó la vida en dos ocasiones. Es más que evidente que se estaba fijando en ti, sino ya me dirás tú como se explica.
- No lo sé. Simplemente recuerdo que a cada momento que me encontraba en algún peligro, él aparecía de la nada.
Edward se sentó en su silla y se la quedó mirando fijamente. Al cabo de unos segundos, Chris se dio media vuelta y se dirigió a ocupar su puesto. Ya se había escaqueado bastante y no quería perder su puesto.
Edward era la única persona de la oficina que se molestaba en hablarle. De hecho, en su primer día de trabajo fue él quien la saludó y se ofreció a enseñarle el sitio.
Tenía absoluto conocimiento de que el resto de la oficina no quería ni verla. La veían como un bicho raro. Algo que era mejor evitar a toda costa. Lo cierto es que le agradaba dar esa imagen y que la trataran de ese modo. Nunca le había gustado atar lazos con nadie y siempre le había gustado ir a su aire y no coger confianza con nadie.
¿Por qué había permitido que pasara lo contrario con Edward?
Desde el primer momento en que lo había visto supo que era diferente y especial de algún modo.
A la salida del trabajo se puso la chaqueta y cogió el bolso. Lo abrió y comprobó el teléfono. Era una fea costumbre que había cogido de hacía tiempo. Tenía como una docena de llamadas de Angie.
Angie no era de esas personas que llaman por cualquier tontería, sino de las que usan el teléfono sólo para cosas verdaderamente importantes.
Teniendo en cuenta que Angie se había quedado en su casa y que cuando ella se había ido su amiga seguía durmiendo a pierna suelta, en seguida se puso en lo peor.
Mientras bajaba las escaleras fue marcando su número, pero al llegar a la calle lo borró de inmediato ya que no iba a hacer falta, pues su amiga estaba en la puerta de su oficina con cara de verdadera preocupación o pánico, no sabía muy bien como definirlo.
- ¿No trabajas hoy?
- Me he tomado el día libre.
- Cualquier día vas a hacer que te despidan.
- Ese día nos emborrachamos. Sabes lo poco que me gusta mi trabajo.
- Igualmente, por mucho que tu trabajo no te guste...
- Oye- la interrumpió- Soy mayorcita para que me estés dando sermones sobre obligaciones, además tengo algo más importante que contarte.
Esa era una de las pocas cosas que no le gustaba de su amiga. Lo borde y déspota que podía ser en ciertas ocasiones. Pero como era rara la vez que se mostraba de ese modo, se lo perdonaba. Aunque sabía que no debería permitírselo.
- He ido al club de anoche.
- ¿Ahora es un after?
- Calla y escucha- Segunda vez. A la tercera la mandaba a la mierda. Todo tiene un límite.- He estado hablando con Greg, el que estaba en la puerta y le he preguntado por el tío que te salvó.
- ¿Por qué?- no entendía porque había tenido que hacer de detective privado- Yo casi lo tengo olvidado.
- No te imaginas lo mal que se te da mentir.
- Bueno, ¿qué has averiguado?
- Absolutamente nada.
- ¿Cómo?


Tarik estaba sentado en el escritorio observando fijamente las carpetas que Tanya le había entregado. No estaba nada equivocada. En esas hojas estaba toda la información de Chris. Sus datos personales, sus direcciones, los lugares que frecuentaba.
Abrió la segunda carpeta y en ésta había gran cantidad de fotos de ella. De cerca, de primer plano, hablando por teléfono en la calle, comiendo con unos amigos.
Cogió entre sus manos la foto de su cara y se la quedó mirando embobado. Realmente era preciosa. Tenía una melena castaña con reflejos cortada a la altura del cuello, unos rasgados ojos verdes y unos labios carnosos de un precioso color rosado. Su cara rozaba la perfección  gracias a su nariz delineada y pequeña.
Tenía un rostro ovalado que no se cansaba en ningún momento de mirar.
De repente se vio acariciando suavemente los labios de la fotografía. Imaginando como sería besarlos. Imagino lo maravilloso que sería susurrar palabras en aquellos oídos pequeños escondidos por su pelo. Sabía que le volvería loco enredar sus dedos en ese pelo y perderse por él. Perdía el juicio solo de pensar en como sería acariciar y besar ese cuello tan perfectamente formado.
Estaba completamente convencido de que no había mujer más perfecta.
Tarik mantuvo sus ojos cerrados mientras pensaba en todas las cosas que deseaba hacerle pero sabía que no era capaz de hacerle, no porque no quisiera sino porque no podía.
Mientras reconstruía en su mente su imagen sin dejarse ningún detalle, notó como un pequeño bulto le oprimía los pantalones.
Dejó escapar un pequeño gemido que se intensificó al notar una mano fría acariciando sus abdominales mientras que otra mano acariciaba su entrepierna.
Las caricias cada vez eran más seguidas e intensas. Su respiración se aceleraba imposibilitándole el poder decir nada. Tan sólo se dejaba hacer.
Los pezones de sus pechos se pusieron duras cuando aquella mano fría, casi como la de un muerto, se los pellizcaba.
Los gemidos eran cada vez más intensos. Estaban a punto de convertirse en gritos cuando sintió una lengua acariciar su cuello.
Abrió los ojos y miró hacia arriba. La persona que vio no era la que quería en aquellos momentos.
- ¿Qué demonios estás haciendo?- Tarik se levantó y se fue hacia la puerta- Esto no entraba en el trato- Tras decir eso se marchó.
- No olvides que eres de mi propiedad.
Tanya miró la foto que estaba sobre el escritorio. Había vivido lo suficiente como para saber que es lo que estaba pasando. Sabía perfectamente que él no iba a ser capaz de llevar a cabo su encargo.
Tanya era como una niña malcriada y siempre se había salido con la suya y consiguiendo todo lo que se proponía, fuese como fuese.


Chris estaba realmente sorprendida por todo lo que le acababa de contar Angie.
Al parecer, su amiga había estado todo el día hablando con todo el personal del club en el que estuvieron la noche anterior. Preguntando sobre el misterioso hombre. Nadie sabía nada ni tan siquiera recordaban haberlo visto nunca.
Literalmente había salido de la nada.
Para poder asegurarse bien, Angie habló con Greg. Era el único que en situaciones como esas podía ser un testigo fiable. Todo ello se debía al don que tenía. No era algo que le agradase y que compartiese. Tan sólo había dos personas en la ciudad que lo supieran, al menos que ella conociera.
Greg tenía hipermnesia. Tenía la capacidad de recordarlo todo. Nunca olvidaba nada. Él mismo decía que en ciertas ocasiones le era muy útil, pero que la mayoría de las veces era más bien como una maldición.
No era algo de lo que le gustara alardear ni tampoco dejar que la gente se aprovechara de ello. El hecho de que con Angie lo hiciera no era nada más que por el tiempo que hacía que se conocían, la confianza que se tenían y el pasado en común que ambos compartían.
Una vez Chris supo con certeza que nadie nunca le había visto y ni tan siquiera había oído hablar de él, empezó a sentirse realmente cansada.
Cogió un taxi y se fue a casa. El único sitio en aquellos momentos en el que se sentía realmente descansada.
Como cada tarde después de llegar del trabajo, de forma automática se encendió un cigarrillo, fue al baño y abrió el grifo del agua caliente para llenar la bañera.
De nuevo Tarik volvía a estar en el mismo sitio donde estuvo tan sólo hace unas horas. En la calle, enfrente del edificio donde se encontraba el apartamento de Chris.
Miró fijamente como ella entraba en el edificio. Bajó la vista hasta la carpeta donde tenía la información de ella y tras mirar el piso donde vivía, aunque no lo había olvidado, esperó. Una vez que vio las luces encendidas sintió la imperiosa necesidad de subir y estar aún más cerca de ella.
No iba a poder entrar si nadie sabía quien era. La primera vez había tenido suerte, ya que la entrada estaba despejada.
Esta vez ya veía que no iba a ser igual. Un portero se encontraba en la entrada con cara de muy pocos amigos.
Tarik se sentó en un banco a esperar pasar el tiempo y a pensar. En ningún momento olvidaba que tenía un encargo pendiente de hacer y que precisamente estaba allí para cumplirlo.
Pensó una y otra vez en como llevarlo a cabo. Sería un trabajo limpio.
Apretó los puños fuertemente y notó el cuchillo que tenía escondido en la manga del abrigo.
Con los ojos cerrados pensó la manera en como entrar. Dejó completamente la mente en blanco, no pensaba en nada más que en entrar en el apartamento.
Fue entonces cuando se vio en el apartamento. Giró la cabeza a la calle y también se vio en la calle sentado en el banco con los ojos cerrados como si se hubiese dormido, sin levantar sospechas.
<<A lo mejor así te es más fácil>>
Oía a Tanya en su cabeza. ¿Sería posible? Le había conferido el poder proyectarse de forma astral y con la suficiente fuerza para tener una forma corpórea.
No era un regalo desinteresado, eso estaba claro. Tan sólo era una herramienta que le facilitaba para que llevase a cabo su cometido. Estaba clarísimo que en el momento en que cumpliese dicho poder le sería arrebatado.
Se encontraba en medio del recibidor. El piso era realmente acogedor.
Un pequeño mueble artesano decoraba la entrada en la que había un par de fotos de una pareja joven. La mujer era extrañamente parecida a Chris y el hombre poseía el atractivo de uno de esos actores de las películas de los años cincuenta. Un pequeño quemador de incienso y el olor que desprendía hacía que la estancia allí fuese aún más acogedora.
Avanzó hasta llegar a un salón que estaba escasamente decorado. En una pared había un sofá de tres plazas que había visto tiempos mejores. En el lado opuesto un televisor y justo en la pared que quedaba enfrente suyo una librería con una gran variedad de libros. Se acercó a ella y vio que los títulos eran de lo más variados,
Mientras sostenía el libro de Mujercitas de Louise May Alcott en sus manos se dio cuenta del error tan grande que estaba cometiendo.
Estaba en medio del salón a la vista de todo el mundo.
Vio a su espalda un armario empotrado y decidió que sería el escondite provisional perfecto hasta que llegara el momento de atacar.
Justo en el momento en que terminó de esconderse vio como Chris pasaba ante él con nada más que una toalla envuelta alrededor de su cuerpo y entraba por la puerta que había justo al lado del televisor.
Una vez se aseguró de que ella no iba a volver, salió de su escondite y se acercó a la puerta que ella había dejado entreabierta.
Era la puerta que daba al baño. Justo desde el espacio que había dejado entreabierto podía ver a la perfección la bañera que estaba de agua caliente a rebosar. Chris estaba inclinada encima de ella echando unas sales aromáticas.
Tarik se relajó y esperó donde estaba. Ella no iba a tener ninguna prisa en salir.
Chris se quedó mirando su imagen en el espejo. No era una persona vanidosa pero le encantaba su cuerpo.
Tenía una figura alta y delineada. La toalla enmarcaba perfectamente sus curvas.
Mientras la bañera terminaba de llenarse de agua ella empezó a jugar con su pelo. Se recogió su pequeña melena en un moño mal hecho para que no se le mojara el pelo y poder estar más cómoda.
Tarik la miraba fijamente desde el quicio de la puerta. De nuevo un calor empezaba a recorrer todo su cuerpo. Por una parte sus manos decían que era el momento idóneo para llevar a cabo su tarea, pero el resto de su cuerpo le estaba pidiendo otra cosa. Una cosa a la que se estaba negando con todas sus fuerzas, muy a su pesar.
Chris abrióp el pequeño armario del baño y cogió la cuchilla de afeitar. Aunque no tuviese vello le gustaba rasurarse las piernas mientras estaba en la bañera.
Cuando cerró la puerta del armario y se dio la vuelta la toalla se le deslizó un poco, pues se había enganchado con la puerta, dejando a la vista el principio de la curvatura de sus pechos.
Tarik no pudo contenerse. El calor de su cuerpo iba aumentando por momentos.
Apartó la mirada el tiempo suficiente, a la espera de que Chris se hubiese puesto bien la toalla. Se equivocaba. Cuando volvió a mirar la chica estaba completamente desnuda con la toalla a sus pies.
Se encontraba sentada en la bañera frotándose las piernas. Sus manos se deslizaban lentamente desde los tobillos, subiendo hasta la rodilla. Sus dedos acariciaban lentamente su muslo hasta unos pocos centímetros de la ingle para volver a bajar fuerte y rápìdo de nuevo hasta el tobillo.
Tarik estaba realmente ardiendo. Quería irse de allí. No iba a poder contener el impulso de querer entrar ni tan siquiera unos segundos más, pero sus pies no respondían.
Chris se puso de pie y puso un pie dentro de la bañera, unos segundos después el otro.
Tarik tenía una clara visión de su cuerpo de espalda. Esa chica tenía el culo mejor puesto que había visto en mucho tiempo.
Observó como entraba en la bañera y apagaba la luz. Las velas que había colocadas en la pica del baño le daban un aire relajado al cuarto de baño.
Chris reclinó su cuerpo hasta dejar la cabeza apoyada en la toalla que había preparado previamente.
Cerró los ojos esperando encontrar un poco de calma. No era capaz de lograrlo. Cada momento que cerraba sus ojos oía el claxón y una voz regañándole por cruzar sin mirar.
Normalmente no le gustaba que la trataran como si fuese una niña pequeña, pero con él era distinto. Le gustaba sentirse desamparada para notar como él estaba ahí. Le gustaba pensar que estaba sólo para ella que no había nada más en ese momento, aunque la calle hubiese estado abarrotada de gente.
Llevaba ya más de media hora sumergida en el agua caliente y se encontraba más que relajada.
Cogió la esponja y se empezó a enjabonar. Como no tenía ninguna prisa, lentamente fue frotando cada una de las partes de su cuerpo.
Apretó la esponja justo encima de sus hombros y dejó que el jabón cayera por su espalda. La sensación era tan agradable que Chris no pudo evitar dejar escapar un gemido de placer.
Tarik con cada segundo que pasaba observándola era menos dueño de su cuerpo.
Chris bajó lentamente la esponja hasta sus pequeños y redondeados pechos. Dibujó con la esponja el contorno de éstos hasta que una fina línea de jabón marcó la silueta.
Soltó la esponja y la dejó flotando encima del agua para masajearse con sus manos.
Con la palma de la mano estrujó sus pechos con fuerza y con los dedos pulgar e índice se pellizcó los pezones. Primero le produjo unas ligeras cosquillas que hicieron que se le escapara una risa floja, para después pellizcárselos con más fuerza.
Los pellizcos fueron acompañados de un grito ahogado de placer que hizo que el calor de Tarik tomase forma dentro de sus pantalones. Instintivamente bajó la mano por sus pantalones y con sus grandes y musculosas manos se masajeó lentamente la entrepierna produciéndose un placer que acalló mordiéndose el labio.
Chris bajó la mano por su cuerpo hasta llegar a su entrepierna. Estaba completamente húmeda, y no solo por el agua de la bañera. Él podía sentirlo y eso le encantaba.
Se acarició la vagina con tres dedos suavemente produciéndose más placer del que podía dar el juguete que sólo ella sabía que escondía en el fondo cajón de la ropa interior.
Cuando notó que estaba completamente mojada y dilatada introdujo salvajemente dos dedos en su interior. El grito que soltó fue de tal inmensidad que provocó en Tarik que su miembro se endureciera y ganara unas proporcionas hasta el momento desconocidas por él.
Siguió introduciéndose los dedos, cambiando la velocidad y la intensidad con la que ella misma jugaba con su cuerpo.
Cada vez estaba más excitada, más mojada, más sedienta de más. Sintiéndose sola y húmeda en su piso siguió dándose placer hasta que no pudo más.
Su respiración era cada vez más acelerada, los gemidos cada vez más intenso y el placer cada vez más insoportable. Estaba aguantándose las ganas de llegar hasta el final, quería que esa sensación aún durase un poco más.
El inmenso placer que estaba sintiendo ella estaba siendo de la misma magnitud que la tortura para la entrepierna de Tarik.
Ella notaba que estaba a punto de llegar al final. No lo iba a aguantar más. Quería terminar. Se dispuso a introducir sus tres dedos hasta el final, a lo más profundo de su ser cuando pasó lo que ninguno de los dos esperara que pasase.
Sonó el teléfono.
Tarik despertó y ya no estaba en el apartamento de ella. De nuevo estaba en el banco de la calle. El bulto de sus pantalones se había ido con él. Completamente desconcertado y avergonzado por lo que le pasaba se abrochó el abrigo hasta el final y se fue.
Chris salió de la bañera, se envolvió en la toalla y descolgó el teléfono. Mientras escuchaba a Angie al otro lado de la línea vio que la foto de la entrada no estaba como ella la dejaba siempre. ¿Cómo era posible?
Sin darle más importancia, volvió a su conversación con su amiga y aceptó su invitación para cenar fuera.


Tanya condujo despacio por entre las calles de los suburbios. No le daba ningún miedo andar por esos sitios. No era la primera vez que se codeaba con lo más bajo y rastrero.
Aparcó su Hummer H2 en la puerta de un local llamado La Gruta.
Andó con paso decidido haciendo un tremendo ruido con los tacones de sus Manolo Blahnik. Saludó al portero que le contestó de un modo muy afable y entró.
El interior estaba repleto de hombres rudos, sucios y rastreros. Se acercó a la barra y pidió un martini.
Una vez el camarero se lo hubo servido, Tanya se acercó a su oído.
- ¿Dónde puedo encontrar a Hugo?
- Al lado de la mesa de billar.
Tanya se giró haciendo que toda su larga melena rubia pasara por delante de la cara del camarero. Éste se quedó embobado mirándola mientras al otro extremo de la barra dos tíos con pinta de motoristas reclamaban a gritos sus cervezas.
Tanya se sentó en una silla apartada de los jugadores, pero desde donde ella los podía ver a todos. Mientras que todos los jugadores eran realmente buenos en el billar había uno que no conseguía que ninguna de las bolas entrara en los agujeros.
El hombre dejó de jugar fue a la barra y se pidió una cerveza. En cuanto se la sirvió Tanya observó que el camarero le susurraba algo y a continuación señalaba hacia donde se encontraba ella.
Una vez lo tuvo delante, ella ni siquiera se intimidó. El tal Hugo medía cerca de un metro noventa, pesaría unos noventa quilos y tenía una cara demasiado atractiva para haber acabado en un sitio como ese, ya que si se lo hubiese montado bien podría estar siendo modelo de alguna importante revista.
- Me han dicho que me buscabas.¿Que quieres?
- Tengo un trabajo para tí.
Tanya le hizo una seña para que se sentara y lo miro fijamente a los ojos. Hugo no pudo desobedecer y muy en contra de su voluntad se sentó.
Tanya le tendió una foto que Hugo se quedó mirando.
- La quiero, me da igual como me la traigas.
- ¿Que gano yo a cambio?
Tanya abrió el bolso y sacó un fajo de billetes que al caer en la mesa hizo que todo el bar se girase.
- Hay 5.000 dólares. Puedes contarlos, si quieres.
Hugo la miró con una luz de malicia en sus ojos. Estrechó su mano fuertemente y se despidió.
Tanya fue tras él y le tendió una tarjeta.
- Éstate esta noche a las doce ahí. No llegues tarde.
Cuando salió del bar Hugo se encontraba completamente desorientado. No podía recordar nada. Lo intentó un par de veces y su memoria sólo le permitía llegar hasta el momento en que había ido a la barra y el camarero le había hablado ¿Qué le había dicho? Le había hablado de  alguien.
Era lo único que conseguía rememorar. Se subió al coche y se encendió un cigarrillo. Cerró los ojos y lo intentó de nuevo.
Recordaba que el camarero le señalaba a algún lugar en concreto del bar. ¿Había alguien?
A su memoria vinieron unas piernas largas y delineadas. Casi esculpidas. Dejó que su memoria fuese subiendo hasta un cuerpo esbelto, delgado, perfecto.
Era una mujer, de eso no había duda.
No recordaba nada de la conversación, sólo que ella le tendía una tarjeta.
Instintivamente se metió la mano en el bolsillo del pantalón y vio una dirección y un nombre.
Al ver aquellos datos vio la cara más hermosa enmarcada en una larga y sedosa melena rubia, con unos ojos grandes color esmeralda y unos labios rojos que lo único que quería era besarlos.
Recordó que se trataba de una mujer muy exigente que le había pedido puntualidad.
Iba a complacerla. Su padre siempre le había enseñado a tratar bien a las mujeres.
Hugo miró la dirección en la nota y consultó la guía de la ciudad. La dirección se encontraba en la zona alta de la ciudad y nunca había estado por allí.
Miró el camino que fuese más rápido ya que iba con el tiempo justo y agarró el volante con fuerza.
Conforme iba avanzando por las calles iba viendo como las casas de varios pisos amontonados de cualquier manera pasaban a ser viviendas con menos pisos para finalmente terminar en una zona residencial de casas unifamiliares desde las cuales se tenía la mejor vista de la ciudad.
No le costó mucho encontrar la calle dónde tenía que ir, pero lo que le costaba de creer era el número. A medida que el número era más alto las casas eran más lujosas.
Finalmente llegó al número indicado. Se quedó con la boca abierta e inmediatamente se sintió completamente fuera de lugar. Tuvo la imperiosa necesidad de dar media vuelta y esconderse en su apartamento de una sola habitadción.
Recordó inmediatamente la autoridad de la voz de la mujer y se quedó en el coche armándose de valor.
Una vez reunió el valor necesario salió del coche y picó al timbre.
- Llegas antes de tiempo. Me gusta.
Las rejas que cuistodiaban la entrada se abrieron de golpe.
A la entrada había una piscina de dimensiones olímpicas. A cada lado de ésta había una tumbona blanca en las que seguro se tumbaban los dueños de aquella increíble casa.
Al final de la piscina y culminando la decoración dos enormes y hermosos cipreses que terminaban de darle un aire idílico al lugar.
Siguió unos pasos más adelante, rodeando la piscina, y al final de éste vio lo que nunca se hubiese podido llegar a imaginar ni en sus mejores sueños.
Una enorme mansión de dos plantas completamente hecha de cristal. Nunca vio nada parecido. Toda la casa se podía ver perfectamente desde el exterior. Cada una de las estancias.
Se acercó a la puerta y de forma instintiva se escondió de los dos guardias de seguridad que había apostados en la puerta. La experiencia le había enseñado a esconderse de esa clase de tipos.
Escondido tras unos matorrales enormes de los que creía que no lo veían pudo observar como los dos hombres iban armados con una escopeta.
Andaban con paso militar e iban de punta a punta de la entrada, impidiendo la entrada a cualquier persona desconocida.
Tras unos minutos de observarlos detenidamente se vio levantado a dos palmos del suelo. Uno de los gorilas que había merodeando por los alrededores lo había cogido y lo llevaba completamente colgado hacia la entrada. Se daba por muerto.
Lo tiró al suelo. Notó como sus costillas impactaban contra el suelo y el dolor le impedía levantarse. El pie del gorila se le puso encima de la espalda limitando aún más sus movimientos.
Levantó la vista y vio como las dos escopetas de los de seguridad de la puerta apuntaban a su cara.
Era definitivo, podía darse por muerto.
- Soltarle idiotas.
Una voz autoritaria saló de detrás de ellos e hizo que se apartaran.
La desconocida del bar cruzaba el umbral de la puerta. Desde el suelo lo único que pudo ver fueron los zapatos que había visto tan sólo unas horas antes.
- Perdone jefa.
Tanya le tendió la mano y le ayudó a levantarse. Entonces pudo observar detenidamente el cuerpo más maravilloso del mundo.
Ella era el tipo de mujer que más le ponía. Al verla tuvo que reprimir las ganas de tirarse a su cuello, lo que no pudo reprimir fue el calentón que le produjo y la inmediata erección de su entrepierna que intentó disimular bajando su chaqueta.
- Veo que eres muy visceral. Vas por buen camino- esa frase solo consiguió ponerlo más a tono.
Sin decir nada más Tanya le cogió de la mano y lo arrastró al interior de la casa.
Hugo miraba a todos lados con la boca abierta. Se sentía completamente tan fuera de lugar. No encajaba para nada en un sitio como ese y para nada esperaba estar en compañía de una mujer tan hermosa.
Tanya se paró en una habitación enorme e iluminada como el resto de la casa. El suelo era completamente blanco. A un lado había una enorme cocina americana, mientras que en el otro extremo había un elegante sofá de piel blanco.
- Toma asiento, por favor. ¿Deseas tomar algo?
Hugo se quedó parado sin poder articular ni una sola palabra.
Tanya avanzó hasta la cocina y abrió el mueble bar de la cocina. Sacó una botella de vino y sirvió dos copas.
- Es un Cabernet Sauvignion. Saboréalo.
Se sentó a su lado y mientras que Hugo dio un trago para empujar la verguenza que sentía hacia su interior, ella tan sólo se mojó los labios. Al apartar la copa de sus labios le quedó una mancha roja en el labio superior.
Tanya era consciente de que Hugo no dejaba de mirarla fijamente. Se lamió los labios lenta y sensualmente y pudo percibir como la incomodidad del chico aumentaba.
Le puso la mano encima de la pierna, muy cerca de su ingle y se la apretó levemente. La erección de Hugo ya no se podía disimular ni tapándose con las manos.
- Ha llegado el momento de que te explique porque te he hecho venir.
Tanya se levantó del sofá soltando lentamente la mano de Hugo. Éste no podía dejar de mirarla ni un momento. Estaba completamente hipnotizado. Tenía algo que hacía que estuviese completamente concentrado en cualquier movimiento que hacía ella.
Le hizo una seña con la mano para que cerrase los ojos. Sin pensárselo dos veces la obedeció. Sin ver absolutamente nada era aún más consciente de lo que ocurría a su alrededor. Podía oír las conversaciones de los matones de fuera. Escuchó el silencio de la noche. El remor del agua de la piscina, e incluso en algún momento los sonidos de algún animal nocturno.
Lo que no podía oír era el sonido de los tacones contra el suelo. Tuvo el instinto de abrir los ojos, pero se obligó a no hacerlo. Lo encontraba divertido y hasta erótico el no saber que ocurría a su alrededor.
Oyó la voz de Tanya diciéndole que era el momento de que abriese los ojos. Obedeció a ciegas. En el mismo momento en que abrió los ojos entendió porque no había oído el ruido de los zapatos. La muy espabilada se los había quitado y los había colocado perfectamente alineados en un lado del sofá.
Se levantó y empezó a buscarla por todas las habitaciones sin éxito. En las escaleras de madera que llevaban al piso de arriba vio una prenda de color negro colgando de la barandilla. Al acercarse se dio cuenta de que eran unas bragas. El juego al que ella estaba jugando le encantaba. La presión en sus pantalones era cada vez mayor. Siguiendo sus instintos más primarios subió las escaleras para encontrar al final de un largo pasillo una habitación con la puerta entreabierta. En el pomo de esta se acercó y encontró los sujetadores del mismo color.
Estaba más que claro que Tanya se encontraba desnuda. Abrió la puerta sin esperar a que le diesen permiso y lo que encontró lo dejo sorprendido.
Una habitación completamente negra con una cama de matrimonio en medio. Alrededor de toda la pared había una serie de cadenas, esposas y otros utensilios que en su momento habían sido diseñados para algún tipo de tortura. En la cama se encontraba Tanya. Tumbada. Llevaba un picardías negro que le trasparentaba lo justo y necesario para hacer que las fantasías más prohibidas de Hugo se hiciesen realidad.
De pronto comenzó a sentirse indispuesto, la habitación le daba vueltas. A medida que iba perdiendo el sentido vio que unas botas de cuero de tacón de aguja se acercaban a él. Finalmente se desplomó al suelo y se desmayó.


Tarik andaba sin un rumbo fijo. Desde que había huido de casa de Chris anduvo dando tumbos arriba y abajo.
Se sentía completamente extraño y fuera de sí. No se reconocía a sí mismo. Jamás le había sucedido nada parecido. Siempre fue muy dueño de su propio cuerpo. Verla desnudo le había superado. Aquella imagen volvía a su cabeza una y otra vez. Lo bueno es que ahora si que se podía controlar y no responder de una forma tan primaria a como le había sucedido.
¿Qué es lo que le había pasado? Había estado tentado de entrar en el baño y tomarla allí mismo. Hubiese sido capaz de comportarse como un verdadero animal. En el útlimo momento se había echado atrás y se marchó para evitar lo que él más deseaba que hubiese pasado.
Cuando salió de su ensimismamiento vio que había llegado hasta los muelles.
Siempre fue uno de sus sitios preferidos de la ciudad. Tiempo atrás era un lugar al que había acudido para dejar su mente en blanco y olvidarse de sus preocupaciones.
Se sentó en el amarrador y miró fijamente al horizonte. Le encantaba el silencio de aquella zona de la ciudad. Se reclinó y se quedó con la vista clavada en el cielo. No podía dejar de darle vueltas a lo que había estado viendo.
Su cuerpo volvió a reaccionar al ver de nuevo la imagen de el cuerpo de Chris adentrándose en la bañera. Su cuerpo moldeado semi-oculto en la espuma del baño. Su cabeza recostada sobre una toalla. Ese cuello largo y estilizado que uno no dejaría de morder ni un momento.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por los gritos y alaridos que proferían un grupo que venía dando tumbos por el puerto.
Primero pensó que no eran nada más que unos borrachos que iban a pasar la borrachera al puerto. Fue unos momentos después, cuando los vio que se lo quedaban mirando e iban directamente hacia él cuando supo que esos no estaban ahí por accidente.
En poco menos de cinco minutos se encontró rodeado por un grupo de hombres que lo miraban desafiante. No fue hasta el momento en que cayó al suelo por un puñetazo en el estómago que reconoció a uno de sus agresores.



Chris se quitó los tacones nada más llegar a su casa. Toda la tranquilidad y relax que había conseguido con el baño ya no estaba. Las varias copas de cava que tomó durante la cena hicieron que su equilibrio fuese precario.
Fue al baño y se refrescó la cara pero no pasó nada. Esperaba que la hiciera sentirse mejor. Pensó que lo mejor que podía hacer era tumbarse en el sofá.
Justo en el momento en que se le empezaban a cerrar los ojos llamaron a la puerta. Vio que la  distancia entre el sofá y la puerta era demasiado grande. Maldijo el momento en el que alquiló un piso con un comedor tan amplio.
Se levantó y fue casi cayéndose hasta la puerta para abrirle a su casero que le pedía el alquiler del mes. Abrió el cajón del mueble del recibidor para sacar un sobre con el dinero que tenía preparado de antemano.
Al soltarse resbaló cayéndose de culo en el suelo. Su casero la ayudó a levantarse mientras ella se apoyaba en el mueble de la entrada. Cogiéndose a la foto de sus padres terminó de ponerse de pie.
De repente ya no veía a su casero. Tenía una imagen borrosa del puerto de la ciudad. La visión ser fue haciendo más nítida hasta que podía ver un hombre tumbado en su propia sangre. Cada vez, como si se tratara de una cámara se iba acercando más hasta la cara del hombre.
Por fin pudo ver quien era. El hombre que la salvó dos veces en la misma noche. Era el momento de devolverle el favor.
Sin dar ninguna explicación le cerró la puerta a su casero en las narices. Cogió el móvil y marcó el número de Edward. Éste contestó al tercer timbrazo.
- Ven a casa con el coche. En menos de diez minutos te quiero aquí.
Ella misma se quedó sorprendida de la autoridad de su voz. Pocas veces en su vida había hablado de ese modo.
Como tantas otra veces Edward no la defraudó y llegó a su pido en un tiempo récord.
- No preguntes.
Edward no se atrevió a decir nada. Chris daba vueltas de un lado a otro de la habitación. Cogía cosas y las volvía a dejar. Miraba nerviosa a todas partes. Guardaba cosas en el bolso para al segundo siguiente volverlas a sacar. Finalmente se quedó quieta.
- ¿Te encuentras bien?
- No sé como me siento.
- ¿Para qué me has pedido que traiga el coche?
- Tienes que llevarme al puerto. No me preguntes el porque. Solo sé que he de estar allí.
Edward no dijo nada. La cogió de las manos y la llevó hasta el coche. Condujo rápidamente y aparcó en la entrada del puerto.
- ¿Qué hacemos aquí?¿Qué estamos buscando?
- No lo sé.
No podía decirle la verdad. Seguro que si le decía a su amigo que buscaban a un hombre ensangrentado en el suelo y añadía que lo había visto en una visión que tuvo al tocar la foto de sus padres la tomaría por loca.
Una fuerza la empujó fuera del coche. Iba recordando las imágenes de su visión para encontrar en lugar exacto donde estaba Tarik. Recordó que había visto su cuerpo en el amarre.
Sin esperar a que Edward saliese del coche fue corriendo hacia el amarre del puerto.
El lugar estaba completamente a oscuras y era posible que los agresores estuvieses aún por los alrededores. Pensó en dar media vuelta o esperar a que llegase Edward. Fue en el justo momento en que terminó de pensar eso cuando vio el cuerpo de Tarik.
Fue corriendo hasta el cuerpo de Tarik desplomado en el suelo. Lo cogió suavemente de la barbilla para girarle la cabeza y asegurarse de que era él. Definitivamente lo era. Esos rasgos enmarcados por una barba de dos días solo los había visto una noche en toda su vida.
Edward llegó tras ella y se arrodilló a su lado. Sin necesidad de que le dijese nada entendió que es lo que estaba sucediendo. Vio que unas lágrimas asomaban a los ojos de Chris. Sabía que ella realmente sentía algo por aquel desconocido lo suficientemente fuerte como para ir a  buscarlo por lo que Edward quería entender solo como una fuerte intuición.
Cogió al hombre en brazos y le pidió a Chris que le esperara con el coche abierto. Lo introdujo en el asiento trasero y en el más absoluto silencio condujo hasta casa de su amiga.
Una vez lo hubieron tumbado en la cama de la habitación de invitados saliron ambos al comedor.
- Creo que lo más conveniente es que llames a un médico para que lo atienda. Este tío ha perdido mucha sangre.
- ¿Realmente crees que es seguro llamar a un médico por alguien que a estas horas estaba en el puerto y que ha tenido una pelea?
- ¿Qué quieres decir?
Chris se quedó un momento callada y miró hacia la habitación.
- Seguramente harán preguntas que a lo mejor él no quiere contestar.
Chris cogió un barreño que llenó de agua caliente. Cogió unas toallas del baño y entró en la habitación.
Introdujo uno de las toallas en el agua caliente y se la colocó sobre la frente. Al ver su cuerpo vio que la gran cantidad de sangre salía de su estómago. Sin pensárselo dos veces le abrió la camisa. Hubiese querido hacerlo lentamente. Disfrutar de como al desabrochar cada uno de los botones una parte del cuerpo de él se iba descubriendo para ella. Pero no era sensato hacerlo.
Una vez tuvo su torso desnudo vio que tenía una profunda herida en el abdomen. Toda la sangre tapaba un cuerpo perfectamente moldeado. Empezó a limpiarle poco a poco. Sin hacer fuerza para evitar hacerle el menor daño.
No pudo evitar sentir cierta excitación al hacerlo. Hacía mucho tiempo que no tocaba el cuerpo  de un hombre, y menos un cuerpo como ese.
A pesar de que estaba realmente cansada no quería abandonar la habitación. Tenía la sensación de que si lo dejaba a solas iba a pasar algo malo.
Edward apareció tras ella y le colocó una mano sobre su hombro.
- Ve a relajarte un rato. Yo cuidaré de él mierntras tanto.
Como un niño la chica obedeció a su amigo y fue a darse una ducha. Después de haberle lavado parecía como si ella se hubiese llevado parte de la paliza, pues también tenía las manos y parte de su ropa empapada en sangre.
Desde la ducha podía oir como Edward recogía las cosas que ella había manchado y se preparaba un café.
Al salir de la ducha su amigo la acompañó hasta la habitación y la arropó en la cama.
- Deja que me ocupe de los dos.
Edward salió de la habitación tras apagar la luz y fue de nuevo a la habitación de invitados. Cerró un momento los ojos para descansar mientras pensaba que no terminaba de fiarse de la persona que estaba herida en la cama de invitados de la casa de su mejor amiga.


Hugo se despertó con un terrible dolor de cabeza. Se encontraba completamente aturdido. Seguía estando en la misma habitación negra .
Lo último que recordaba era que se había desmayado. Fue a levantarse pero en el momento en el que intentó ponerse de pie se dio cuenta de que no le era posible.
A medida que se le iba pasando el mareo miró a ambos lados y se dio cuenta de que tenía las manos esposadas y los pies atados a la cama. 
- Es inútil que te resistas. No vas a poder levantarte.
Tanya estaba en la puerta de la habitación apoyada en el marco de la puerta con los brazos cruzados. 
Le miraba con cierta lascivia. Llevaba puesto un picardías negro que trasparentaba justo las partes que no tendrían que estar a la vista.
- Quiero irme de aquí.
- Ya, ¿tan pronto? Si acabas de llegar.
Tanya se acercó lentamente, se puso a los pies de la cama y se sentó a horcajadas encima de Hugo. Éste vio que a parte del picardías negro llevaba unas botas de cuero con tacón de aguja. No supo muy bien porque, pero aquello le produjo una excitación que no pudo controlar. 

Aún y a pesar de lo caliente que estaba no podía sentir un miedo irracional ante aquella situación. Intentó levantar el torso y mover las manos para ver si era capaz de soltarse las esposas. Intentó mover los pies para ver si podía aflojar las cuerdas. Todos los intentos fueron en vano. Hiciera lo que hiciese seguía atado a aquella cama de pies y manos. 
Se tomó unos segundos para coger aire y reunir la fuerza y el valor necesario. Hundió la cadera para abajo e impulsó la pelvis hacia arriba con fuerza. Tanya notó unos segundos su miembro erecto antes de salir lanzada al suelo. 
Al levantarse Hugo pensó que estaría enfadada pero su sonrisa indicaba que le había gustado que la tratase con esa brutalidad.
Sacó un pañuelo de la mesita de noche y le vendó los ojos. Ahora él estaba realmente acojonado y excitado al mismo tiempo y extrañamente eso le gustaba.
- Pensaba que ibas a ir con remilgos, pero veo que a los dos nos gusta jugar al mismo juego.
Tras esas palabras Hugo notó los labios húmedos y calientes de ella en su cuello. Poco a poco, notaba los dientes. Un fuerte mordisco en el cuello hizo que todo su cuerpo se tensara de repente. Los labios de Tanya siguieron bajando y se quedaron en su pezón derecho. Se lo lamía detenidamente y le iba dando pequeños mordiscos mientras que en el pezón izquierdo lo pellizcaba cada vez más fuerte.
- No hay una palabra que te pueda decir para cuando no soporte más el dolor.
- El dolor solo se supera con más dolor.
Las manos de ella estaban acariciando sus caderas y su estómago. No le gustaba admitirlo pero le encantaba el cuerpo de Hugo. A pesar de ser alguien más bien delgado, todo su cuerpo estaba completamente duro como una piedra. 
Ella era la que tenía que llevar el control. Las riendas de la situación tenían que estar bajo su mando, pero le era realmente difícil frenar el impulso de desnudarlo de golpe y hacer que la poseyera de un modo tan salvaje que él no era capaz de imaginar.
Cuando el cuerpo de Hugo estaba ardiendo y él a duras penas podía jadear notó que era liberado.
Se quitó la venda de las ojos y vio a Tanya tumbada boca arriba con las piernas ligeramente levantadas. No pudo evitar desviar su mirada hacia la entrepierna de ella y comprobar como sola se estaba dando un pequeño placer.
- Vas a hacer lo que yo te diga en todo momento. Obedecerás todas mis órdenes. Ahora estarás sentado en la cama y solo mirarás, no harás nada en absoluto.

De nuevo, Hugo volvió a tener la misma sensación que había tenido horas antes en el bar. Estaba completamente ensimismado y ni se molestaba en cuestionarse las çordenes de Tanya. Simplemente las acataba.
Se sentó en la silla que había dispuesta al lado de la cama y se la quedó mirando fijamente.
En el momento en que él estuvo sentado y ella estaba segura de que no se iba a levantar, se sentó en la cama y de la mesilla de noche cogió un bote de aceite para masajes. Se untó las manos y se fregó toda la pierna desde el tobillo hasta el muslo. Con toda la mano en su pierna apretaba con fuerza para que los músculos de sus pìernas se marcaran más. Subía lentamente, entreteniéndose en cada uno de los recovecos y bajaba a toda prisa. Así lo hizo un par de veces en cada pierna.
Después se acarició los brazos hasta llegar a sus manos. Se frotó una mano con la otra, y cuando por fin comprobó que tenía las manos empapadas en el aceite se las pasó por el cuello.
Fue tal el disfrute que se estaba dando a ella misma que arqueó la espalda de modo que sus pechos quedaron marcados por debajo de su ropa interior. 
- Interven ahora, pero con calma.
Hugo se levantó de la silla hasta quedar a unos pocos centímetros de ella. 
- Alto. Quedate justo donde estás.
Hugo obedeció. Tanya se acercó un poco más hasta el límite de la cama y puso sus manos en el culo del chico. No le defraudó en absoluto aunque tampoco se sorprendió al ver que sus nalgas eran más duras que una piedra. Pudo comprobar al mirar su entrepierna que todo aquello le estaba gustando demasiado. Le desabrochó el cinturón ayudandóse solamente de sus dientes y del mismo modo le bajo la cremallera. Introdujo sus dedos por dentro de los pantalones y agarró los calzoncillos a la vez. Se los bajó de un tirón.
Hugo pudo notar como la cremallera le pellizcó uno de sus testículos.
Tanya vio que al bajarle los pantalones le había hecho una pequeña herida. Acercó su boca hacia esa parte de su cuerpo e introdujo todo el escroto del muchacho en su cavidad bucal.

Hugo se puso rígido en el momento en el que notó la suavidad de la lengua de Tanya en su escroto. Tuvo el impulso de agarrarla de la cabeza con fuerza y empujarla para notar aún más presión pero el miedo de que si hacía algo y la desobedecía podía terminar con eso le frenó. 
Tanya pudo ver con sus ojos y notar con su cara como el muchacho estaba gozando con todo ese juego. Con la mano derecha le agarró su miembro y empezó a presionárselo y masturbárselo suavemente para cada vez ir más deprisa y con más fuerza. 
Él no podía controlarse. Tenía ganas de terminar pero al ver la cara de ella supo que no era una opción viable.
- Tumbate en la cama de nuevo.
Hugo no tardó ni medio segundo en acatar sus órdenes. Tanya se tumbó a cuatro patas encima de él y se colocó todo el miembro duro y mojado de él en su boca. 
Empezó a morderle el glande y comprobando como hacía que él con cada mordisco arqueara la espalda. Prmero ella se apartaba para comprobar como la musculatura del chico se dejaba ver perfectamente. Luego se quedó quieta y en el momento en que él subió se introdujo su pene entero en la boca. Lo succionó con fuerza y notó como Hugo quería terminar con aquello. 
Una de las veces que tuvo todo su ser dentro de ella le mordió con fuerza lo que hizo que él soltara un gran grito.
Hugo estaba extasiado. Ella estaba sentada en la silla mirándolo fijamente. No habían terminado. Tenía la sensación de que ella no había hecho nada más que empezar.


Al volver a estar consciente Tarik sintió un terrible dolor de cabeza y toda la habitación le daba vueltas. Sentía un fuerte dolor en el abdomen y las piernas le pesaban hasta el punto de que era incapaz de moverlas. 
Poco a poco su cabeza se fue aclarando y la habitación iba centrándose. La imagen de la habitación era más nítida por segundos. 
Lo que vio a su alrededor no era nada parecido a lo que él estaba acostumbrado.

Una habitación amplia e iluminada con las paredes de un color rosa pastel. Al fondo de la habitación había un gran armario blanco abierto en el que se veía que estaban perfectamente colocadas las toallas y las sabanas. 
El suelo de la habitación estaba enmoquetado en blanco. 
La cama sobra la que estaba tumbado era una cama de metro noventa con una colcha de Hello Kitty que le produjo escalofríos. 
Intentó hacer memoria de todo lo que había pasado anteriormente.

Le era imposible. El dolor que sentía le impedía poder hacer siquiera el esfuerzo de pensar en ello. 
Se miró el cuerpo y vio que estaba completamente desnudo de cintura para arriba y donde sentía las punzadas de dolor insoportables tenía gran cantidad de vendajes.
Estaba claro que alguien se había ocupado de que no sufriese más o de que su estado fuese a peor. Pero, ¿con que intención?
No iba a quedarse a comprobarlo ni por un momento. Tenía que salir de allí y volver. 
Intentó levantarse varias veces pero su cuerpo no respondía. Estaba inmobilizado.
Finalmente sus piernas pareció que empezaban a responder. Las fue arrastrando por la cama hasta que consigiuió apoyarlas en el suelo. Con una mano se apoyó en la pared y rápidamente se agarró a la cama para no caerse. La habitación le daba vueltas de nuevo. Probablemente debido a que se levantó demasiado deprisa. 
Sentado en la cama, tomó aire y se armó del valor necesario para ponerse de pie. Estaba de pie. Podía ver la puerta por la que iba a salir. En el momento en que intentó dar un paso las piernas le fallaron. No aguantaron el peso de su propio cuerpo y se fue al suelo.
Mientras estaba tumbado en el suelo la puerta se abriío.
- ¿Qué haces? No tendrías que haberte levantado.
- He de irme.
- Eso va a ser un poco imposible.
La persona que había entrado la ayudó a reincorporarse y sentarse de nuevo en la cama.
Miró fijamente la cara de su ayudante. Era ella. La tenía tan cerca y era tan agradable poder sentir su perfume.
Lo entendía todo. Se encontraba en la casa de la chica de la que estaba huyendo y estaba en su piso. En el mismo donde un par de horas antes la había estado espiando.

Ella le miró a la ojos con ternura. Él fue incapaz de aguantarle la mirada y bajó los ojos.
- Has estado durmiendo un buen rato.
- ¿Qué ha pasado?
No recordaba absolutamente nada. A lo mejor los golpes habían sido peores de lo que ella había pensado en un principio. Pensó en hacer caso a Edward y llamar a un médico. Al verle la cara se dio cuenta de que no era la mejor opción. Pudo notar que se encontraba desorientado y perdido. Lo último que quería era buscarse problemas con un completo desconocido.

- No sabría decirte que es lo que ha pasado. Sólo que te hemos recogido del puerto en un estado bastante lamentable.
- ¿Hemos?
- Mi amigo Edward y yo.
Edward asomó la cabeza por la puerta y le tendió una toalla a Chris. 
-¿ Cómo te encuentras?
- Bien. El descanso me ha ido mejor de lo que te crees. Gracias pero ahora debo irme.
- Eso va a ser un poco difícil. Acabo de poner una lavadora con tu ropa. Y hasta dentro de un rato no te vas a poder ir. A menos que quieras ir por la calle con el pecho al descubierto.

Tarik volvió a hacer intentó de levantarse de nuevo. En el momento en el que se fue a caer Chris lo cogió y apoyó todo el cuerpo de él encima de su hombro.
Tarik tenía una maravillosa perspectiva de su escote y no pudo reprimir una sonrisa picara que a ella le pase desapercibida. No sucedió lo mismo con Edward. Se intercambió el sitio con Chris.
- Será mejor que descanses un rato más, tío. No estás en condiciones de levantarte. 
Edward sacó a Chris de la habitación y la llevó hasta el comedor. Tarik quiso seguirles. No quería quedarse en esa habitación que le daba cierta grima.

Chris se sentó en el sofá del salón. Edward la miraba fijamente con un gesto de odio en su cara.
- Sácalo de tu casa, ya. No me fío ni un pelo de este tío.
- No puedo.
- Dime, ¿por qué?
- No lo sé. Simplemente sé que tengo la necesidad de cuidarlo.
- Nadie te obliga.
- Lo sé. Es sólo que siento que es lo que de hacer en estos momentos. 
- Muy bien. Entonces dime, ¿cómo sabías que iba a estar en el puerto?
- No puedo explicarlo.
- Creía que confiabas en mí. Creía que era especial y que lo nuestro era único. Veo que estaba muy equivocado.
- No es eso....
Edward la dejó con la palabra en la boca. Se fue dando un portazo. Chris se derrumbó y se quedó llorando en el sofá.
Tarik salió de la habitación a duras penas apoyándose en la pared y se sentó a su lado cogiéndole la mano.
Ella se secó las lágrimas y se lo quedó mirando. La compasión que él tenía en su mirada hizo que aún se sintiese peor y los llantos fueran más fuertes. 
-¿Lo has oído?
- He oído lo suficiente. Ese tío no te merece.
Chris no sabía en que sentido se refería exactamente. 
Solamente tenía ganas de llorar pero no se lo podía permitir. Tenía a su lado a un hombre herido que necesitaba que lo cuidaran.
Tarik la miró fijamente a los ojos y le sonrió. Creía que había olvidado como era eso de sonreír, pues hacía mucho tiempo que no lo hacía. 
Ella se sintió mucho más confortada con su sonrisa y fue a levantarse para prepararle algo y que comiese. 
- No te preocupes por mí. Yo estoy bien. Déjame que cuide yo de ti. 
Sin que ella le dijera nada se levantó y fue a la cocina. Se movía como pez fuera del agua. Era como si ya hubiese estado anteriormente, pero esa era imposible. Hacía mucho tiempo que en el piso de Chris no entraba ningun hombre salvo Edward. 
Una hora más tarde Chris estaba sentada a la mesa con un plato de sopa caliente y una botella de agua en la mesa. 
Se sentía incómoda siendo la invitada en su propia casa. Tarik se quedó delante de ella mirándola embelesado.
- ¿No vas a comer nada?
- No tengo apetito. De hecho, no como casi nunca.
- ¿Cómo mantienes ese cuerpo?
En seguida se arrepintió de su pregunta. Daba la imagen de que de lo único que se había percatado despùés de haber estado unas horas cuidándolo era de su gran físico.
- No te preocupes. Es la manera más educada a la que se han referido esto jamás- dijo mientras se señalaba los abdominales marcados. 
Chris terminó de cenar y se sentó de nuevo en el sofá mientras se encendía un cigarrillo. Tarik recogió la mesa y fregó los platos. Después se sentó a su lado.
- ¿Te importa que te coja uno?
- En absoluto- le tendió los cigarrillos.
Se hizo un silencio incómodo. Tarik fue a preguntar más sobre la conversación que ella había mantenido antes con Edward, pero Chris le pidió amablemente que no lo hiciese. En ese momento no estaba preparada.
- Perdona pero he de preguntartelo. ¿Cómo acabaste así en el puerto?
- No lo recuerdo. Sólo sé que estaba paseando y terminé allí.
Le estaba mintiendo. En el rato en el que lo habían dejado solo lo había recordado perfectamente todo, e incluso había recordado que sabía quien era uno de los que habían agredido de aquel modo. No dijo nada por no preocuparla más. Desde el primer momento se había dado cuenta que ella era una chica más sensible de lo normal. La venganza de esos tíos se la tomaría él por su mano en cuanto se recuperase.

- No tardaré mucho en irme.
- No tengas ninguna prisa.
La sola idea de que se fuera la aterrorizaba. Desde el mismo momento en que lo vio lo había deseado y ahora lo tenía justo a su lado. 
- Deberías tumbarte.
- Tal vez tengas razón.
Se había levantado con las fuerzas renovadas, pero todo lo que había hecho en un momento lo había dejado aún más agotado de lo que estaba antes.
- Te acompañaré.
Volviendo a apoyarse encima de su hombro, Tarik fue cojeando hasta la habitación y se tumbó de nuevo.
- Descansa. 
- Por cierto- Chris se paró en seco- ¿Cómo supìste que estaba en peligro?
- Intuición femenina, supongo.
Cerró la puerta tras de sí con una sonrisa pìcara en los labios.


Edward cerró la puerta de su apartamento de un portazo. No recordaba haber estado tan enfadado nunca en su vida. Normalmente se tenía por una persona tolerante y muy calmada, pero ella había conseguido sacarlo de sus casillas. 
Se sentía traicionado. Se conocían desde hacía mucho tiempo y era él quien se había acercado el primero cuando ella acababa de entrar a trabajar en la empresa. Era él quien había sido uno de sus amigos más íntimos. La conocía mucho mejor de lo que la conocían mucho de sus familiares más cercanos y en más de una ocasión había demostrado darle más de lo que le había dado nunca en toda su vida. 
¿Todo para qué? Para verse apartado de ese modo, para que ella jugase a las enfermeras con un completo desconocido. 
Después de todo quien era ese tío. Un don nadie salido de ninguna parte con el que ella sentía que tenía una deuda de gratitud.

Él habia insistido fervientemente en que lo sacara de su casa. No era para nada de su confianza y más después de lo que había podido observar en uno de los momentos en que estuvo cuidando de él.
Entre todas las heridas de su cuerpo hubo una cerca de su pelvis que le había llamado la atención. Era como un arañazo que cicatrizó hace mucho tiempò pero seguía estando allí.
Otra de las cosas que le sorprendió fue que mientras estaba dormido en uno de los ratos en que lo miraba fijamente notó que el cuerpo de ese desconocido se convulsionaba como si estuviese en una terrible pesadilla, pero eso no era todo. Lo que le llamó la atención es que es que durante esas convulsiones algunas de sus heridas se habían curado solas.
¿Cómo era posible?¿De dónde coño había salido esa cosa? Ni siquiera parecía humano. Nadie con esa cantidad de sangre y esas heridas hubiese aguantado de la forma en que lo había hecho él.
Ella no le había echado, se había ido él por su propio orgullo, pero aún y así no podía evitar sentirse decepcionado. Nunca hubiese pensado que Chris antepusiese a un hombre a su amistad.

No pudo soportar la idea de que su amiga estuviese a solas con ese. Fue directo a la puerta, pero en el momento en que fue a abrir la voz de Angie, su compañera de piso lo detuvo.
- Ella es mayorcita y sabe cuidarse sola.
- Nunca la he dejado sola.
- Tal vez va siendo hora de que empieces a dejarla a su aire.


Tanya salió de la habitación unos minutos después de haber terminado. Se giró para ver el cuerpo de Hugo tendido sobre la cama y envuelto en sudor.
Fue a la cocina y se sirvió una copa de vino. Mientras bebía lentamente y lo saboreaba sintió un pichazo en el estómago. Algo no iba bien. Sabía muy bien quien era el que se encontraba en peligro. En otra circunstancia hubiese ido corriendo a su rescate, pero tal y como se habían dado los acontecimientos decidió que lo dejaría sufrir. Ese sería su castigo, de ese modo Tarik aprendería a no desobedecer una orden de la persona que lo había sacado del pozo de miseria en el que vivía.
Recordaba con todo lujo de detalles la noche que conocía a Tarik y las circunstancias en las que lo había encontrado. Él era una de esas personas sin ninguna esperanza ni ilusión en la vida.

Se trataba de la clase de persona que lo había perdido todo a una carta en la vida.
Lo encontró entre unos cubos de basura en la parte trasera del mismo bar donde había ido a buscar a Hugo. Estaba todo trajeado. En realidad parecía alguien que lo había tenido todo. Apestaba a alcohol y llevaba una imagen muy desaliñada.
Sin decirle nada lo cargó en su coche y lo llevó a su casa. Durante meses le pagó los mejores profesionales para que se convirtiera en alguien digno de ver.
Después de medio año de haber estado postrado a una cama sin ganas de salir y con la muerte a su vera, llegó una mañana en que se levantó.
Durante todo este tiempo no había tenido ni el más mínimo contacto con él. Había dejado que otros se ocupasen de él, mientras que ella se limitó a cada cierto tiempo entrevistarse con médicos y otros para hacer un seguimiento de su mejora.
Aquella mañana era la primera vez que lo veía después de haberlo recogido aquella noche tumbado encima de su propio vómito. 
Era un hombre alto. Casi un metro noventa de algo y una complexión en aquellos momentos delgada, pero que dejaba entrever que aquel cuerpo antes parecía haber estado moldeado por los dioses. Tuvo clarísimo que ahora que estaba mejorado, el siguiente paso iba a ser contratarle un entrenador personal para que aquel cuerpo recuperase aquellas formas.

- Me imagino que querrás comer algo. Llevas mucho tiempo alimentándote a base de sueros y comida de hospital que no sabe a nada.
Tarik se acercó con miedo a la mesa y se sentó temblando. La miraba con miedo y desconfianza. En ningún momento dejó de preguntarse quien era esa extraña mujer que lo había acogido y cuidado y sobretodo que es lo que podía o quería sacar de él.
- No entiendo nada.
- Simplemente has de tomarte esto como una estancia en un hotel de lujo.
- ¿Por qué lo has hecho?
- De momento lo único que has de saber es que tienes un piso en donde vivir y un coche para ti para que te muevas en la ciudad a sus anchas. Además tienes una asignación de 2000 dólares semanales para tus gastos. No habrá más así que adminístratelos bien. 
- ¿Por qué?
- No hagas más preguntas y come.

Una semana más tarde de aquella situación tan incómoda Tarik estaba descansando.
Justo al día siguiente de esa comida Tanya le presentó a Tyron, el que iba a ser su entrenador personal. El tío era de esos que eran aterradores. Medía dos metros de alto y era un armario empotrado. Su cara angulada estaba enmarcada en una melena negra que le llegaba hasta los hombros y acentuados con unos profundos ojos azules. Era realmente atractivo. Aunque los hombres no eran su fuerte Tarik no podía dejar de mirarlo. Lo que le daba el aspecto aterrador era el gran tatuaje que representaba a un trival que le empezaba en la frente y terminaba en la barbilla situado en su mejilla izquierda.
Sus entrenamientos eran exhaustivos y muy agresivos. Los tres primeros días Tarik llegó a tener doloridas partes de su cuerpo que no sabía ni que tenía. 
Le entrenó en todas las modalidades desde el cuerpo a cuerpo hasta armas de todo tipo y de todas las épocas históricas.
Pasadas las dos primeras semanas de los entrenamientos uno de los matones que vigilaban la mansión de Tanya fue a buscarle a la piscina y le dije que ella quería verle en su despacho.
Le condujo hasta una enorme biblioteca que estaba toda amueblada con unas estanterías que llegaban hasta el techo con libros de diferentes géneros y épocas. 
Tanya estaba sentada en un enorme escritorio de madera hecha a mano y en una gran butaca que parecía el trono de algún rey de la Edad Media.
- Estás progresando mucho en tus entrenamientos. Tyron me ha comentado que en breve estarás listo.
- Listo, ¿para qué?
- Bueno, te he acogido y he cuidado de ti. No te he pedido nada a cambio hasta ahora. 
- ¿Qué quiere decir?
- Por favor, tutéame. Digamos que ya es hora de que me devuelvas el favor.

Hugo la despertó de sus ensoñaciones devolviéndola a la realidad. La abrazó por la espalda y le besó en el cuello. Ella se levantó y se apartó de él.
- Creía que...
- Es obvio que estabas equivocado.
HUgo se quedó perplejo. Unas horas antes prácticamente había abusado de él y ahora lo rechazaba como si tuviera la peste. Se sentía realmente molesto pero no dijo nada. No entendía porque pero la reacción de esa mujer le aterraba.
- Ahora vete. Ya te llamaré cuando te necesite.
Mientras Hugo abandonaba la habitación, Tanya se quedó pensativa de nuevo. Sintió una punzada en el estómago y pensó de nuevo en Tarik. Había hecho su elección de que no iba a ayudarle. Era el único modo de aprender.
Uno de los gorilas entró en el despacho y anunció la llegada de un nuevo invitado. Tanya le dijo que le acomodara en el salón. Iba a tener que atenderle aunque realmente lo que quería era estar sola. 

Tarik estaba tumbado boca arriba en la cama. Seguía doliendo todo el cuerpo pero se iba aguantando como podía. Cerraba los ojos y veía una y otra vez a sus agresores. En especial a uno que había visto anteriormente. 
El piso estaba completamente en silencio. Miró el reloj que había en la mesita de noche y vio que eran las cinco de la madrugada. 
Se levantó y se vistió. Salió del piso sin hacer el más mínimo ruido. Pensó un momento en dejarle una nota o algo. 
Antes de irse miró hacia la habitación de Chris. Se iba porque era lo mejor para ambos y en especial lo mejor para él. No podía soportar estar bajo el mismo techo de ella. Se sentía completamente extraño y cómodo a la vez ante la presencia de la chica.
Unas horas más tarde sonó el despertador. Chris se despertó y medio sonámbula se metió en la ducha. Una vez hubo terminado salió de la ducha y mientras hacía una cafetera fue a la habitación dónde él estaba. Vacía. Se había ido. Ver la habitación vacía hizo que le oprimiese el corazón y le costase respirar.Aquello sólo podía significar una cosa. Se había enamorado de un completo desconocido que había entrado en su vida cuarenta y ocho horas antes.

¿Qué iba a hacer ahora? No se tenía que haber ido. Aún no estaba recuperado del todo y seguramente seguía débil. No podía ponerse a buscarle por toda la ciudad ella sola. Iba a necesitar la ayuda de alguien. El único que sabía que él había estado allí era Edward, y tal como habían terminado la noche anterior no creía ni que le fuese a contestar.
Hablar con Angie iba a ser un poco inútil ya que tendría que explicarle toda la historia para que su amiga le terminase diciendo que llamase a Edward y le pidiese ayuda. 
Estaba claro que lo iba a tener que hacer ella sola. Salió de su apartamento sin coger nada más que las llaves y fue a encontrarle. 
No sabía porque lo hacía. Tenía muy claro lo que sentía por él y lo único que sabía es que una fuerza en su interior la empujaba a encontrarle y asegurarse de que estaba bien y a salvo.

Escogiendo la opción más racional lo fue a buscar al sitio donde lo había encontrado. Tenía la intuición de que encontraría algo que le diría donde lo podría encontrar o en que sitio se había ido a refugiar.
Salió del portal y cruzó la calle sin mirar. No vio que en la acera de enfrente alguien vigilaba la entrada de su edificio.
Llegó al puerto más o menos una hora después de haber salido de casa. Había ido andando, ya que con las prisas olvidó hasta el monedero.
Estaba completamente distinto de la noche anterior. Ahora se encontraba cargado de actividad. Los pescadores salían con sus lanchas a hacer la pesca diaria y había muchisimo bullicio. Intentó pasar desapercibida hasta llegar a los amarres donde le había encontrado.
Tuvo suerte de que no había ningún barco amellado y estaba desierto. Miró al suelo y allí estaba aún su sangre seca. Se agachó y se la quedó mirando. Unas lágrimas se le escaparon al recordar el deplorable estado en el que lo había encontrado. El llanto iba a hacerse más fuerte cuando pensó que aún podría haber empeorado. No soportaría que él sufriese por el simple hecho de que ella no había sido más cuidadosa a la hora de vigilarle.
Pasaron unos minutos mientras el dolor de no saber donde encontrarle la carcomía por dentro. No iba a hacer nada allí parada lamentándose. Se fue a levantar, pero llevaba tanto tiempo en cuclillas que se le habían dormido las piernas. Cuando fue a incorporarse perdió el equilibrio y le fue de muy poco que no se dio de bruces contra el suelo. Apoyó las palmas de sus manos encima del charco de sangre seca de Tarik
De nuevo le pasó lo de esa misma noche. En un momento no estaba en el puerto. Se encontraba como si estuviese en una película pero nadie pudiese verla, mientras que ella lo veía absolutamente todo. 
Veía a Tarik sentado en un banco apretándose la herida. Le sangraba aún más que la noche que ella y Edward le habían estado curando. Había ido a peor. Tuvo una vista más general y vio que el banco era el que se encontraba enfrente de su casa.
Sin perder ni un minuto más arrancó a correr y se dirigió a su casa. Cuando llegó a su casa con la lengua fuera debido al cansancio, se tomó unos segundos para recuperar el aliento y miró enfrente. Era el banco que ella había visto, pero no había nadie sentado en él. ¿Dónde demonios había ido?

Volvió a entrar en su piso y al verlo completamente vacío se sintió extraña. Entró en la habitación donde él había estado alojado y se sentó encima de la cama. Aún estaba caliente. Las sábanas estaban manchadas con la sangre de sus heridas. Pensó en lavarlas pero si lo hacía perdería lo único que le quedaba de él.
Miró alrededor a la espera de encontrar algo que se hubiese dejado, algo que le diese un motivo para volver y verle de nuevo, pero no había nada.
Se fue a su cuarto y se tumbó en la cama. No estaba nada cómoda con la situación que estaba viviendo. Por una parte tenía la necesidad de tener a ese hombre cerca, pero por otra, eso hacía que uno de sus mejores amigos, el que mejor la conocía estuviese alejado de ella. 
Cogió el teléfono y marcó el número de Angie. Como siempre saltó el buzón de voz y le dejó el mensaje de que la llamara en cuanto oyera el mensaje. 
Unos minutos más tarde, mientras se preparaba una taza de café su teléfono sonó.
- ¿Qué ocurre?
- Nada. Sólo es que necesitaba hablar.
- ¿Quieres que vaya?
- No es necesario. No quiero molestarte.
- Hablaba de Edward, no de mí,
- Veo que estás al corriente. 
- Me lo contó todo anoche. Solo dale tiempo, ¿vale?
Eso era fácil de decir. Tiempo era precisamente una cosa que le sobraba. Un tiempo que querñia emplear en encontrarlo y sabía que para ello la única persona que le podía ayudar era Edward, de la misma forma que sabía con total seguridad que no iba a hacerlo.


No paraba de sangrar y cada vez se encontraba peor. Ya casi no se sostenía en pie. A duras penas conseguía andar y su marcha cada vez era más lenta. Había intentado subirse a más de un transporte público, pero al ver su aspecto le habían invitado amablemente a bajarse. 
Cada vez estaba más convencido de que irse de casa de ella era lo peor que podía haber hecho. Allí por lo menos estaba con cuidados, y muy a su pesar, vigilado.
Ahora, estando en medio de ninguna parte le podía pasar cualquier cosa. 
Había sobrevivido a circunstancias realmente peligrosas y en condiciones muy duras, pero con todas sus fuerzas. Malherido como estaba, sus fuerzas se le iban escapando por momentos.
Miró un momento hacia atrás y vio las pequeñas gotas de sangre que iba dejando por el camino. Si no se daba prisa y se alejaba de allí y alguien veía todo aquel rastro acabaría llamando la atención. 
No iba a volver a casa de ella, eso sería un gran error. Por una sencilla razón, no podía estar bajo el mismo techo que ella. Se sentía incómodo y a gusto a la vez cuando la tenía cerca y las pocas veces que le había tocado, él sintió un hormigueo por su espalda que le iba subiendo lentamente. Cada una de las palabras que ella decía él las escuchaba atentamente y se fijaba en como al pronunciar ciertas palabras se le marcaban los hoyuelos. El poco rato que había estado cerca de ella, en especial cuando ella se había recostado encima de su pecho, pudo aspirar profundamente el aroma de su pelo que lo embriagaba. Todas aquellas señales solo significaban una cosa. Quería más de lo que podía expresar a aquella mujer, sólo tenía un leve inconveniente y es que tenía que acabar con su vida.
Perdido y confuso como estaba siguió andando costosamente y se dirigió al lugar y a la persona con la que había empezado todo.

Agotado por el cansancio y el dolor se sentó un momento en un banco y cerró los ojos. El dolor agudizó más su cansancio. 
Le ocurrió algo que desde hacía mucho tiempo no se había permitido. Estaba empezando a recordarlo todo desde el principio. 
Encima del escritorio de la gran mansión en donde llevaba un par de semanas alojado por cortesía de una completa desconocida tenía una carpeta.
La mujer que lo miraba desde el otro lado de la mesa era realmente atractiva y desprendía una fuerte ola de tensión sexual a su alrededor. Tenía que controlarse y era capaz.
- No entiendo que quiere que haga.
- Para empezar no tratarme de usted, o acabarás peor de lo que entraste en la casa- no tenía ni idea de porque, pero estaba seguro de que era capaz de cumplir con sus amenazas- Después, dentro de esa carpeta vas a encontrar una serie de datos e instrucciones. Verás que se trata de los datos de una mujer. Antes de que lo preguntes no, no soy ninguna clase de madame de una casa de citas ni nada por el estilo. Sólo quiero que hagas una cosa por mi y es que termines con ella. Una vez lo hayas hecho llamarás a este número que sale en la carpeta e indicarás donde está el cuerpo. Ahí terminará tu trabajo. No necesitarás saber nada más. Ahora vuelve a tu habitación. Tienes veinticuatro horas para pensar la respuesta. Ahora vete.
Todo fue tan rápido que no le dio tiempo a decir nada. Tan sólo había estado escuchando atentamente y ensimismado lo que ella había dcho.
Una vez se encontró en la soledad de la habitación que había sido suya durante las últimas semanas reaccionó, como si le hubiesen tirado una jarra de agua fría que lo hubiese devuelto a la realidad.
¿Le acababan de pedir que asesinara a una mujer y luego dijera donde estaba el cuerpo? ¿Dónde coño se había metido y quien era esa extraña mujer?
Se tumbó en la cama y sin darse cuenta se quedó dormido. No tenía ni la más mínima idea de cuanto tiempo había estado descansando. Supuso que era de noche, ya que no entraba ningún tipo de luz en la habitación. Con tan poca luz el cuarto aún parecía más pequeño de lo que en realidad era.
A su lado seguía teniendo la carpeta que ella le había dado. Le vino a la mente toda la reunión mantenida unas horas antes en la que le pedía que asesinara a la mujer que salía en la carpeta sin darle ningún detalle más. 
Abrió el dosier y leyó atentamente todos los datos que ponía.
A medida que iba leyendo la información en relación a esa mujer pudo ver, a su parecer, un motivo para que el asesinato se llevase a cabo. Esa mujer había maltratado a sus hijos repetidas veces, además de que en sus años de instituto había sido una ladrona de licorerías reincidente. 
Salió de su cuarto con una gran cantidad de preguntas en su cabeza. Preguntas que por mucho que ella se negase iban a tener que ser contestadas. Si se negaba ya se podía olvidar de él como sicario. 
Tarik volvió al momento actual. Su memoria no quiso recordar más datos de todo aquello. Lo único que podía recordar es que tras haber obtenido respuestas de todas las preguntas que en su momento tuvo en la cabeza y las decisiones que había tomado nunca había podido volver a mirar atrás ni ser el que fue antes.
Se encontraba ante la casa de Tanya. Aquella enorme mansión que hacía mucho tiempo que no pisaba. La entrada seguía custodiada por la misma verja.
Se acercó al intercomunicador y una voz grave le pidió que se identificase. Al hacerlo estuvo esperando un buen rato.


Mientras tanto en el interior de la mansión Tanya se masajeaba lentamente el cuello. Se había hecho daño en ciertas posiciones que había adoptado con Hugo. ¿Sería una señal de que se estaba debilitando?¿Se estaba haciendo mayor tal vez? Imposible. El precio que pagó por estar como en ese momento había sido demasiado alto.

La abrupta entrada de uno de sus matones hizo que diese un pequeño salto encima de su silla. 
- Te he dicho que le hicieras esperar donde siempre.
- Lo sé. Ahí está. Es simplemente que tiene visita.
- ¿A estas horas? ¿Quién?
- Tarik.
- Dile que espere.
- ¿Le hago pasar?
Tanya se levantó y salió de su despacho. El matón la siguió con la mirada y la acompañó. En el momento en que llegó a la entrada él se paró en seco, mientras que ella siguió andando hasta el salón. Sin decirle nada, había contestado a su pregunta.
Tanya abrió elegantemente las puertas para tener una reunión con un hombre al que veía en contadas ocasiones. Una reunión que había sido organizada por ella misma. Llevaba mucho tiempo viendo a ese hombre, aún y así no podía evitar estremecerse al ver ese gran tatuaje que cubría parte de su cara


Tanya se sentó enfrente de él en un enorme sillón orejero que le daba más majestuosidad aún más majestuosidad al porte que tenía ella en cualquiera de los movimientos que hacía.
- Era ya mucho tiempo sin que me llamaras.
- Hacía mucho tiempo que no te necesitaba. Aunque por lo que tengo entendido, no te ha ido nada mal durante mi ausencia.
- Siempre estás al tanto de todo.
- Sabes perfectamente que no me puedo permitir ningún descuido del mismo modo que no me gusta perder el tiempo.
- Tú diras.
- Tengo de nuevo un trabajo para ti. Has de entrenar a uno nuevo. Del mismo modo que entrenaste a Tarik.
- Ignoraba que tuviste a otra en el punto de mira.
- Pues si. Esta es posiblemente la definitiva. Lo más seguro es que después de ella ya no tenga que seguir buscando.
- ¿Por qué has obtenido a otro? Creía que Tarik era el ideal para cualquier tipo de trabajo.
- Tarik me ha demostrado que es débil y por lo tanto me es inservible.
- Muy bien. Empezaré si quieres esta misma noche con él.
- Eso no va a ser posible ya que lo he echado. Pero no te preocupes, volverá.


Nunca antes lo habían tratado de un modo tan mezquino y desagradable. Hugo era el típico chico que se había servido de la fuerza bruta y la intimidación para sus propios fines. Era la primera vez que lo despreciaban y se encontraba por debajo. Había pasado de ser un abusón a ser una vícitima. 
Tanya le había hecho pasar una de las mejores noches de toda su vida. Si que es cierto que en algunos momentos de la noche le había infligido un gran daño. De hecho, algunas partes de su cuerpo aún le dolían y eran partes que hasta esa noche no sabía que había tenido. Aunque le había hecho un daño indescriptible había alcanzado un orgasmo que lo había dejado exhausto y dormido justo después de terminar. Cosa que nunca le había pasado. Sus relaciones sexuales siempre habían sido rápidas y fugaces, una vez terminado se había ido dejando a la chica con la que se había acostado con un mal de sabor de boca al irse.
- Maldita zorra.
Siguió caminando hasta que llegó a la zona que estaba repleta de bares. Comprendió que la única manera en que iba a borrar de su mente aquella humillación era con el alcohol. Era el método con el que solucionaba todos sus problemas.
Empezó de bien joven cuando sus padres se divorciaron. Él tan sólo tenía deciseis años. Sabía perfectamente que sus padres no eran felices. Discutían a todas horas y cada dos por tres acababa uno con el ojo hinchado o otro con alguna extremidad de su cuerpo rota o dislocada. 
Hugo lo sufría en silencio en su habitación poniendose los cascos y la música a todo volumen para no ir todo lo que le rodeaba.
Cuando anunciaron su divorcio pensó que las coas irían a mejor. Pero estaban separados pero viviendo bajo el mismo techo, ya que ninguno se podía permitir el irse. Esa extraña convivencia hizo que las cosas no mejorasen y empezasen a repercutir en él. Al cabo de poco tiempo fue él quien empezó a ser el saco donde iban todas las riñas y los golpes. Los medicamentos no conseguían aliviar el dolor que sentía, mientras que el alcohol no solo hacía que no le doliesen todas las partes de su cuerpo sino que además le permitía olvidarse de lo sucedido.
Esa iba a ser su intención de esa misma noche. Empezaría a beber hasta perder el sentido y olvidar como una mujer le había humillado, se había reiío de él y se había aprovechado.
Tras unos cuantos tragos más la memoria se le fue desbloqueando y empezó a recordar otro acontecimiento que lo hizo sentirse como una mierda. 
Dos noches antes en el bar intentó ligarse a aquella preciosidad y un completo capullo lo apartó de ella de malas maneras mientras las otras dos lo miraban sin decir nada. Aunque no era necesario. Sabía muy bien que aquellas dos chicas pensaban que era penoso que él se hubiese dejado ganar de una manera tan patética.
Con lo de la primera no podía hacer nada en absoluto. Pero en lo que se refería a la segunda iba a tomar cartas en el asunto. Conocía perfectamente a la amiga que la acompañaba. Más de una vez habían tenido algo de una noche entre ellos dos.
Lo decidió al momento de terminarse la copa de un solo trago. A pesar de que iba borracho y dando tumbos, con las ideas muy claras iba a volver al club de aquella noche y averiguaría el paradero de la muchacha si no es que la encontraba allí mismo y se tomaría su propia venganza.
El bar no quedaba nada lejos de donde estaba. Calculó que en menos de cinco minutos se encontraría en la puerta. En su interior deseaba encontrar a alguna de las dos. Si encontraba a la chica con la que había intentado ligar, ¿qué iba a hacer?
No tenía ni la más remota idea, pero algo se le ocurriría. Si encontraba a su amiga, a la que ya conocía, tenía muy claro que fuese del modo que fuese le iba a dejar claro lo mal que le había sentado que hubiese ayudado en su humillación.
Hugo entró decidido en el bar. Tenía la esperanza de que se las iba a encontrar a las dos allí dentro. Estaba claro que la suerte no iba a estar de suerte esa noche.
- Lo siento, tío. Tienes la entrada prohibida. 
- ¿Perdón?
- Bastante la liaste la última vez que estuvimos aquí. No queremos alborotadores por aquí.
- No fui yo el que creó el follón, sino el otro idiota que iba de caballero andante.
- Me da igual. Tanto el uno como el otro tenéis la entrada vetada.
Hugo comprendió al momento de que no iba a sacar nada bueno de todo aquello. Se terminaría discutiendo con el portero y saldría perdiendo. 
Dio media vuelta, derrotado, con la intención de regresar a su casa cuando oyó la voz de a quien estaba buscando.
- Veo que vuelves a estar de nuevo aquí.
- Ya lo sabes. Nunca fallo, Greg. ¿Están todos dentro?
Era Angie. La amiga de la otra. Estaba claro que no entraría en el local a menos que se colara por la puerta trasera. Cosa que por la simple locura que era el mencionarlo, era imposible. Se conocía el bar de memoria y estaba abarrotado de seguridad por todos los lados.
Decidió que lo mejor sería esperarla fuera y cuando estuviese volviendo a su casa y se encontrara sola que nadie la pudiese ver llevaría a cabo su venganza.
Se fue a la única cafetería que conocía que estuviese abierta y se pidió un café americano largo. La espera iba a ser muy larga, y por nada del mundo quería quedarse dormido. No se lo podía permitir. La oportunidad que se le había presentado era única y no la iba a desperdiciar. 


Angie estaba deslumbrante con la ropa que llevaba. Un sencillo vestido de tirantes negro con la espalda al aire y que terminaba a la altura por encima de la rodilla. A juego unas sandalias de tacón de color negro con tacón de aguja.
No es que fuese una chica creída sino que el resto del bar la miraba con deseo. Ella era plenamente consciente de que todos los hombres del bar, ya tuviesen o no pareja, la estaban desnudando con la mirada.
Le gustaba sentirse deseada y pensar que podía hacer con los hombres lo que le diera la gana. Era algo que había conseguido desde lla pubertad.
Se acercó con un paseo provocativo hasta la barra y saludó al camarero. Pidió la consumición de siempre.
- Los tienes a todos pendientes de ti.
- ¿Qué le vamos a hacer?
- ¿Acaso te vas a llevar alguno a casa?
- Ya sabes que al único que me quiero llevar a casa es a ti, James.
- Sabes perfectamente que aunque te encuentre una mujer preciosa es un poco díficil.
- Bueno, ya lo decía el anuncio que todos los hombres guapos o están casados o son gays.
Angie estuvo charlando animadamente con el camarero durante toda la noche a la vez que se iba quitando a moscardones de en medio que no dejaban de querer invitarla a copas con el fin de emborracharla y llevarsela a la cama. Ella era más lista que todo eso y tras aceptar la copa se ingeniaba el modo de perderlos de vista.
James la miraba desde detrá de la barra e iba comprobando como cada vez estaba más borracha. 
En un momento en que fue a la pista a bailar un rato el alcohol hizo efecto y terminó por los suelos.
El camarero la recogió y la sentó en un sofá que había en una esquina del bar. Tras besarle la frente cariñosamente le dijo:
- Creo que para ti la noche ya ha terminado y has de irte a casa.
- Pero aún es pronto.
- Son las seis de la mañana y estamos a punto de cerrar. Llamaré a Edward para que te venga a buscar.
- Llamaré a Edward para que venga a buscarte, aunque no creo que venga.
- Si eres tú quien se lo pide estoy segura de que vendrá.
Angie estaba al corriente de los sentimientos de Edward hacia James. De igual forma que había sido testigo de las muchas veces que fue testigo de lo mal que lo pasaba su amigo con ciertos comportamientos del camarero.
La historia empezaba de mucho atrás y todo el silencio de Edward respecto al tema no hacía más que empeorar las cosas. 
Todo se remontaba a unos tres años. A la primera vez que Edward entró en aquel bar y lo había visto. Aún recordaba perfectamente lo nervioso que se había puesto nada más verle y la ilusión que iluminó su rostro en el momento en que descubrió de una fuente de confianza, ella misma, las tendencias sexuales del muchacho.
James se quedó atónito ante la respuesta de Angie. No supo que contestar. Aunque eso no era lo importante. En aquellos momentos lo que tenía prioridad era que ella llegase a casa. Era evidente que no iba a dejar que se marchara sola.


Edward se encontraba en casa sentado en el sofá mirando la tele. Cambiaba de canal sin dejar de ver nada sin parar de mirar el teléno ni un solo segundo, a la espera de que sonara.

Tenía la esperanza de que Chris le llamara para que pudiesen aclarar la situación y todo lo que pasó en su último encuentro. En su cabeza no dejaban de sonar las palabras de Angie en la conversación que habían tenido esa misma mañana.
Se levantó para coger un cigarrillo. Cada vez estaba fumando más y eso no era algo que terminara de gustarle. El esfuerzo que había hecho para fumarse sólo entre dos y tres cigarrillos diarios habían sido inhumanos y ahora estaba volviendo a las andadas. Esa misma cajetilla la compró por la mañana y ya apenas quedaba menos de la mitad.
Justo en el momento en que le dio la primera calada al cigarro su teléfono empezó a sonar. De un salto llegó al aparato y apretó el botón verde para descolgar.
- Edward, ¿puedes venir a buscar a Angie al club? Está demasiado borracha para irse sola a casa.
Reconoció esa voz al momento. Era la voz de James, el camarero del bar. El camarero que le había robado el corazón desde la primera vez que le había servido una cerveza con una sonrisa en los labios. Él fue plenamente consciente de que no era más que un gesto de educación, pero él se permitió fantasear e inventarse que aquello significaba algo más. Tal vez eso fue lo peor que podía haber hecho, ya que por esa simple fantasía habían empezado todos sus quebraderos de cabeza.
James era físicamente todo lo que él había soñado. Como persona no sabía como era, no porque no se hubiese molestado en conocerle. Fueron muchas las veces en que intentó entablar conversación, pero él siempre tuvo algo mejor que hacer. Algunas otras veces se le había quedando mirando desde la lejanía e imaginando como sería. Lo había imaginado sin ningún defecto, o en el caso de que lo tuviera, era de aquellos con los que se podía hacer la vista gorda.
- Edward, ¿estas ahí?
- Sí, perdona. En menos de diez minutos estoy ahí.
Bajó corriendo a la calle y en menos del tiempo que dijo estaba plantado en la puerta del bar. Le preguntó a Greg, el portero, donde estaba su amigo. Le indicó que la habían acomodado en el almacén. Mientras se dirigía allí pensaba cómo era posible acomodar a alguien en un almacén.
Al llegar la vió tumbada encima de un montón de sacos de café molido. Estaba completamente dormida, la miró pensando que parecía una niña buena que no había roto un plato en su vida. 
- Vaya, la puntualidad es tu fuerte. Te lo agradezco, ¿sabes? Ibamos a cerrar y no quería dejarla aquí y yo no la podía llevar ya que no sabe donde vive.
No se había percatado de que James estaba detrás de la puerta de pie y con los brazos cruzados.
Estaba descomunal. Llevaba el pelo rapado a un estilo militar. Una camiseta de tirantes roja con unos pantalones negros ajustados que dejaban a la vista que no tenía nada que envidiar a ningún hombre. No era de extrañar que se los llevase a todos sin proponérselo. Sus ojos color miel lo miraban con cierta dulzura, esa dulce e intensa mirada que quedaba más acentuada con su tono de piel moreno. Por un momento olvidó que Angie se encontraba alcoholizada perdida y sólo se veía a él mismo y a James en un almacén donde estaban escondidos a la vista de todo el mundo.
- ¿Estás bien?
- Sí.
- Es que estás como ausente. Antes por teléfono te ha pasado lo mismo. Me estás preocupando.
Edward no se ha dado ni cuenta. Está siendo muy descuidado y si sigue así a lo mejor termina por descubrirse. No quiere que eso ocurra. Prefiere seguir guardándose el secreto para él mismo.
El chico se acerca a su amiga e intenta levantarla. No quiere admitirlo e intenta disimularlo del mejor modo posible, pero no puede. Es demasiado pesada para él. James se da cuenta de ello pero no le dice nada. Edward vuelve a intentar levantarla, pero cuando casi la tiene de pie resbala y ambos caen encima de los sacos en los que ella ha estado recostada desde qua he llegado.
- Anda, deja de hacerte el héroe. Si te esperas a que cerremos te ayudaré a llevarla u os acompañaré hasta un taxi.
- Gracias.
- De nada. Mientras tanto, ¿por qué no te tomas una copa?
Edward acepta y espera en la barra a que terminen de cerrar.
Le dan las ocho de la mañana con toda la que se ha armado durante la noche. Cuando cierran James aparece tras él que aún está apurando la copa.
Al girarse se queda con la boca abierta. Lleva la misma ropa pero con una chaqueta de cuero que marca aún más su ancha espalda.
- Vamos a por la borracha de tu amiga.
Edward entra con él en el almacén. Cuando va a cogerla de un brazo mira, como sin ningún esfuerzo, James la levanta y se la carga a sus espaldas como un niño pequeño al que suben a caballito.
- Ahora sólo tienes que decirme donde vivís.
- Solo estamos a dos manzanas de distancia de aquí.
- Ahora entiendo porque viene tan a menudo. 
Ambos estallan en risas y van charlando animadamente hasta que llegan a la portería del piso.
- ¿Quieres que la deje tumbada en la cama?
- No te precoupes. Con el ascensor será más fácil y está más espabilada que antes.
James se la baja de la espalda y entre los dos la sujetan de pie, aunque ella a duras penas se aguanta. Cuando se quiere dar cuenta están a unos pocos centímetros de distancia el uno del otro. Edward siente la irrefrenable tentación de besarle, ese momento con el que ha soñado tantas veces. Ve un brillo en los ojos de James. Sabe que él piensa lo mismo. Está a punto de ocurrir. Ambos se acercan. Cada vez están más cerca. Justo, está a punto de ocurrir, en el momento en que Edward nota el aliento de James en su rostro, nota algo caliente en sus zapatos. Baja la mirada y ve que Angie le ha vomitado encima.
- Anda, lo mejor será que la acuestes y que duerma la mona.
- Tienes razón. Gracias de nuevo.
- No hay de qué. Buenas noches. 
Mientras Edward sube a Angie al piso y la deja tumbada en su cama, piensa que ha estado a punto de ocurrir lo que lleva tres años deseando y piensa también que posiblemente esa noche ha sido el momento que más odió a su amiga.


Tarik no tenía intención de darse por vencido. A pesar de que le dolía todo el cuerpo se mantuvo de pie en la entrada de la casa de Tanya. 
Era exactamente como la primera vez que tuvo que ir por cuenta propia. Después de haberle dado el dossier y haber esperado a que le diese la respuesta lo había echado literalmente de su casa. 
Lo único que le dio antes de salir fue un juego de llaves. La primera llave era de una Suzuki GSR-X 600 y la segunda llave era la de un apartamente en una zona bien situada de la ciudad. Junto con la llave le entregó una breve nota.
"Esta es una de las ventajas de entrar a forma parte de mi equipo. Si decides seguir conmigo habrá más"
Salió de ese piso regalado y con esa moto y fue a casa de Tanya. Simplemente tenía que comunicarle que el trabajo se había realizado sin ningún inconveniente. Si bien era cierto que ella le dijese que se desentendiese una vez hecho, pero por asegurarse se lo quiso comunicar en persona. 
Lo tuvo más de una hora en la reja esperando, como si de una prueba se tratase. Esa vez era lo mismo con la diferencia de que sabía que aquella vez no lo iba a dejar entrar. Había cambiado una cosa. Le había fallado y él lo sabía. Aún y así iba a asumir los riesgos al decirle que era incapaz de hacerlo. No era capaz de asesinar a la mujer de la que se estaba enamorando, si es que no lo había hecho ya. 
Del mismo modo que le iba a decir que no iba a permitir que no iba a permitir que nadie le hiciese daño. Si ella seguía insistiendo sabía que se iba a enzarzar en una pela que no iba a dejar que ella ganase.
De repente se abrieron las puertas y un Aston Martin One salía. El conductor llevaba unas enorme gafas de sol que le tapaban la cara, pero que no ocultaban un enorme tatuaje que iba desde la frente hasta la barbilla. En seguida lo reconoció y supo que es lo que estaba ocurriendo. Tanya se le había adelantado.
Aprovechando el momento en que las rejas se estaban cerrando se coló y entró en la enorme mansión. No tenía otro remedio.

Una vez dentro le vino a la cabeza el conductor del coche que ha salido de la casa ha sido tan solo unos segundos antes. No era otro que el tipo que lo estuvo entrenando hasta que le sangraban los nudillos cuando empezó todo aquello. No había ninguna duda. El único motivo de su presencia en la casa es que Tanya había reclutado a un nuevo miembro y lo iban a entrenar. 
Él aún recordaba lo exhasutivos y sin descanso que fueron aquellos entrenamientos. Una vez terminado era completamente distinto. Tanto a forma física como al resto de aspectos. Estaba claro que aquel tío tuvo una formación de lo más completo y del modo con que sin decirse nada tanto él como ella se entendían, estaba claro que llevaba a su servicio mucho tiempo.
Observó a su alrededor y todo estaba como antes, excepto por una cosa. Había doblado la seguirdad. Tendría que ir con pies de plomo si no quería que lo descubriesen y lo echasen de allí a patadas.

Fue pasando entre los setos, arbustos y árboles del jardín, escondiéndose en los momentos en que alguno de los de seguridad pasaba por donde estaba él. El hecho de que fuese de noche le ayudaba a esconderse mejor y acercarse más a la casa. Pudo comprobar que iba a ser imposible colarse por la puerta principar, de modo que rodeó la casa y fue a la parte de atrás.
Al ver la pared de piedra vista recordó las lecciones de ese tío cuando lo hacía escalar muros muy altos, e incluso algunas veces se habían servido de las mismas paredes de la casa, cosa que en aquellos momentos le pareció una tontería pero que ahora encontraba de lo más útil. 
Supuso que la habitación de Tanya sería la única que tenía la luz abierta. Empezó a escalar hasta quedarse colgando justo debajo de la ventana.
- Necesito que estés de nuevo aquí mañana a las ocho.
Había olvidado por completo lo sensual que podía llegar a ser su voz. ¿Con quién estaba hablando?
Oyó como la puerta se cerraba y asomó un poco la cabeza. La habitación estaba completamente vacía. Se impulsó con los brazos y entró en la habitación. Se dio unos segundos para tomar aire y se sentó en la silla del escritorio que tenía en la habitación. Iba a dejar las cosas claras con ella, tanto si le gustaba lo que le tenía que decir como sino.

Tras unos minutos de espera, ella apareció por la puerta con una taza de café en la mano.
Tanya se quedó sorprendida al verlo, pero no hizo ningún gesto que lo demostrara. Se quedó de pie en la puerta con una expresión fría e inexpresiva en el rostro. ¿Qué demonios quería?¿Por qué había venido? El acuerdo estaba muy claro, solo iría a su casa en casa de que ella lo pidiera. Estaba burlando una de las normas básicas de su acuerdo.
- ¿Sabes que estás violando nuestro acuerdo?
- Sí.
- Me imagino que recuerdas las consecuencias de hacerlo. 
- Me da exactamente lo mismo.
Increíble. Nunca había acertado tanto al reclutar a un nuevo miembro tan deprisa. Aquella respuesta la ponía más sobre seguro en la idea que tenía de Tarik. Se le había escapado de las manos y si se lo ponía en contra iba a tener que enfrentarse a un enemigo bastante difícil de eliminar.
Supo que lo mejor era intentar hacerle ver que estaba de su lado. Jugar en sus mismas condiciones y poco a poco llevárselo a su terreno y terminar luego con él. Tuvo muy claro viendo la expresión de su rostro que si se ponía la defensiva no iba a conseguir nada.
- Está bien. Tú dirás.
- Si no te importa, yo haré las preguntas.
- ¿Qué hacía aquí Tyron?
- Ha venido simplemente a charlar.
Tarik soltó una sonora carcajada.
- Por favor, no me hagas reír. Tú no invitas a la gente a tu casa sólo para charlar.
- Teníamos que arreglar unos asuntos que no tienen nada que ver contigo. 
- ¿Has incorporado a alguien más al juego?
- Teniendo en cuenta que tú ya no quieres jugar.
Se quedó de piedra. Así que estaba en lo cierto. Ella se había dado cuenta de que no iba a cumplir su acometido y había empezado a entrenar a otro para que lo llevase a cabo.
No tenía porque alterarse. Si estaba entrenando a otro eso le daba cierto tiempo y ventaja con respecto a ella. Tendría un tiempo para prepararse tanto a él como a la chica para defenderse de esa arpía malnacida.
- ¿Deseas un café?
- Se me ha hecho tarde. He de irme. Así que si me disculpas.
- Por cierto, ¿qué es lo que has venido a decirme?
- No tiene importancia.
Salió del mismo modo que había entrado incluso aún más rápido. Mientras saltaba el muro y se subía a la moto sólo tenía una idea en su cabeza. Iba a acabar con esa hija de puta.


Chris estaba realmente cansada. Había pasado la noche en vela dando vueltas por la ciudad buscándole. Tenía que asegurarse que se encontraba en perfecto estado, pero no lo logró.
Al llegar a casa miró el teléfono para comprobar si tenía alguna llamada. La única que tenía era de su jefe el cual seguramente le preguntaba porque no había ido a trabajar. 
Teniendo en cuenta que había empezado el fin de semana decidió que hablaría con su superior el lunes a primera hora en cuanto llegase a la oficina. 
De manera automática marcó el número de Edward. Éste le contestó con una voz de que le acababa de despertar.
- Perdona, ¿te he despertado?
- Simplemente estaba con los ojos cerrados. ¿Qué pasa?
- Tengo una llamada del jefe.
- Ah, es eso. Le he dicho que estabas con fiebre y mareos. Lo ha entendido perfectamente. Ves con un justificante el lunes y ya está. 
- ¿Crees que tendríamos que hablar de algo en concreto?
- Lo que creo es que ahora no es el momento y lo que has de hacer es irte a dormir. 
Tras esa frase la cual dijo en un tono de voz muy seco. Chris se quedó muy sorprendida. Era obvio que seguía enfadado por lo que había pasado. Ambos eran muy orgullosos y ninguno de los dos iba a reconocer que estaba equivocado sino que esperarían a que fuese el otro el que viniese. Pero como Edward había dicho no era el momento. 
Dejó el teléfono y miró la foto de sus padres que tenía en la entrada. ¿Qué hubiese hecho su madre en una situación de esas? Se lo preguntaba muchas veces antes de tomar un decisión. Siempre fue una fuente de inspiración y un modelo a seguir para Chris.
Antes de irse a acostar fue a coger la fotografía para darles un beso a ambos antes de echarse a descansar un rato. 
Al sostener la fotografía entre sus manos volvió a tener una de aquellas visiones que nunca había podido controlar el momento en el que aparecían.
Podía ver a Tarik en la entrada de una casa muy lujosa esperando. Luego lo vio como entraba y se colaba. Había como un salto en el tiempo y luego lo veía marcharse por las calles hasta un barrio que conocía perfectamente.
Lo reconoció al ver el restaurante de comida china que había justo al lado de la portería en la que él entraba en su visión. No era otro que el restaurante donde un año antes celebraron su cumpleaños. 
Una vez vuelta a la realidad anotó en un bloc el nombre del restaurante. Abrió la guía de la ciudad y anotó la dirección del restaurante.
Se tumbó en la cama con una sonrisa en los labios. No estaba tan perdida como antes. Ahora al menos tenía un lugar en el que buscar. Supuso que se trataría del piso donde vivía. No era seguro que se tratara de eso, pero mejor eso que no tener nada.
Mientras se dormía pensaba en que nada más despertarse comprobaría si sus suposiciones eran las correctas.

Unas horas más tarde Chris estaba con los ojos abiertos. No es que hubiera conseguido dormir demasiado. La visión que tuvo no le permitía dormir. Con los nervios a flor de piel no paró ni un segundo de planear como iba a ser el primer encuentro con él. 
En todo momento creyó que le iba a costar mucho más encontrarlo cuando lo cierto es que había sido demasiado fácil, y en cierto modo, eso le aterraba. 
Viendo que no iba a poder dormir ni descansar ni un solo minuto más, se levantó y se dio una ducha. Se vistió con las primeras prendas que cogió del armario y tras almorzar un café y un bollo cogió un taxi y le indicó la dirección donde quería ir.
Unos veinte minutos más tarde estaba ante la puerta donde un año antes habían celebrado su cumpleaños. Justo al lado donde había una puerta de color verde toda descascarillada estaba la casa donde le había visto entrar en su visión. 
Delante de la puerta vio que no había timbre ni nada que se le pareciera. Lo que si que notó fue como un pequeño pinchazo y al mirar al suelo donde lo había sentido vio que en el tobillo tenía un pequeño corte. Seguramente se lo hizo con algún trozo de algo que hubiera en la calle. 

En el piso de arriba Tarik vio que la alarma casera que tenía para saber si había alguien estaba activado. 
Se asomó a la ventana y corrió un poco la cortina para mirar quien era. Sólo deseaba que no fuese Tanya. El acopio de valor que había reunido para ir a su casa se había evaporado nada más llegar a su casa. No era ella ni mucho menos. Era la chica del bar y la que lo había acogido en su casa cuando misteriosamente lo encontró sangrando en el puerto. ¿Cómo demonios le había encontrado? Dudó un momento si abrirle, pero esa duda en seguida se disipó. Estaba seguro que cometía una imprudencia al apretar el botón que abría la puerta de la calle, pero si algo definió a Tarik fue siempre ese instinto por correr peligros.

No pensó que le iba a costar tanto tenerla delante. Era completamente diferente a cualquier situación que hubiera vivido anteriormente. Siempre había tenido el control de todo. Ahora no tenía nada bajo control. Le temblaban las piernas, un sudor frío le caía por la frente y empezaba a sentir unas náuseas que le subían desde la boca del estómago.
Solamente estaba subiendo las escaleras.
¿Qué iba a pasar una vez la tuviese delante?¿Cómo se iba a comportar? Tenía la horrible sensación de que se le iba a trabar la lengua y que sería incapaz de decirle nada, tan sólo balbucearía palabras incomprensibles. 
Al fin había llegado el momento. Desde la mirilla de la puerta la vio. Estaba ahí de pie. A la espera. La luz de la escalera la mostraba aún más hermosa de lo que era. Solamente antes una vez en su vida había admitido que una mujer fuese tan bella. Pero de eso hacía ya mucho tiempo.
Ahora era otro momento diferente. Una persona completamente nueva. Su comportamiento era el mismo. El de un niño pequeño que no se quería enfrentar a sus miedos.
Cogió aire y se armó de valor. Antes de que ella llamase al timbre abrió bruscamente la puerta con una expresión seria en su rostro.
- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me has encontrado?
- Intui...- no la dejó terminar y la cortó en seco, dejándola con la palabra en la boca.
- Entra y siéntate.
Chris estaba aterrada. Por un momento se dio cuenta de que aquello había sido una temeridad y una tremenda locura. Pensó en dar media vuelta e irse, pero ya que había llegado hasta allí no tuvo más opción que llegar hasta el final. Entró cerrando la puerta tras de sí y tomó asiento en el sofá que Tarik le señalaba con la mano.

No se dio en ningún momento la vuelta. No iba a permitirle que viera lo vulnerable que se sentía teniéndola tan cerca. Podía notar que ella estaba muerta de miedo, pero no por lo mismo que él.
- ¿Por qué tienes miedo?
¿Cómo se dio cuenta? Nunca tuvo tantas ganas de salir de ningún sitio como en aquel momento. 
- Siempre me da miedo las situaciones que no puedo controlar.
Era asombroso que los dos tuvieran miedo de lo mismo. Era la primera vez que su empatía con el resto de la gente no le funcionaba como el esperaba.
- Puedes estar tranquila. No tengo ninguna intención de hacerte daño.
Por un momento Chris consiguió relajarse. Aquellas sinceras palabras  dieron cierta calma, pero al ver su cara de nuevo volvió a sentir miedo.
Tarik tenía la cara contraída por el dolor de las heridas. Aún y así hizo acopio de fuerzas. No quería que ella lo viese débil y vulnerable. Cada vez que había dejado que una mujer lo viese en ese estado las cosas para él siempre habían ido a peor.
- Está bien. Ya basta de rodeos. ¿Cómo has sabido que estaba aquí? Y no me sirve lo de la intuición femenina.
- Está bien- Chris tenía que sincerarse. Tuvo la corazonada de que si le mentía de nuevo o le daba una excusa la echaría y perdería la oportunidad de conocerle, y eso era algo que no se podía permitir- Sólo hay una persona que lo sabe. Y contigo ahora seréis dos. Desde pequeña he tenido un don. Con sólo tocar algo que haya tocado alguien tengo visiones de esa persona. No puedo controlar el momento en que me salen. Es gracias a ello que te he encontrado las dos veces.
- De modo que eres psíquica.
- Prefiero decir que tengo un don. Dicho de esa forma parece que esté loca.
Tarik no pudo reprimir una sonrisa. Además de guapa era ingeniosa.
- ¿Por qué sin conocerme de nada me has ayudado? Incluso me has acogido en tu casa.
- Simplemente tuve la necesidad de hacerlo.
- ¿Esperabas algún tipo de recompensa?
Era increíble que el tío se estuviese poniendo condesciente. Seguramente la estaba poniendo a prueba. Estaba más que preparada para ello y lo iba a pasar con creces.
- Para nada. Nunca hago las cosas esperando algo a cambio. Lo hago por mí.
- ¿Y a qué has venido?
- No lo sé. Supongo que a cerciorarme de que estabas bien.
- Ya ves que sí. Puedes irte.
Chris se levantó. Había perdido y le tocaba irse. Justo en la puerta giró sobre si misma y se convenció de que no acababa ahí y de ese modo. Él no era el que tenía que recibir explicaciones, sino más bien darlas.
- ¿Quién eres?
- ¿Cómo?
- Lo único que sé de ti es que eres un don nadie salido de ninguna parte que no se sabe porque me salvo dos veces la misma noche, eso sin sumarle que a la noche siguiente te encontré en el puerto bañado en sangre y que unas horas después desapareciste de la manera más miserable posible.
- Lo siento. No puedo contestar a eso.
- Al menos quisiera saber tu nombre.
- Tampoco te lo puedo decir.
- Pues entonces no esperes ninguna explicación más de mi parte.
Tras esas palabras Chris se sentó bruscamente en el mismo sitio de antes.
- No me iré de aquí hasta que no tenga alguna explicación por tu parte.
- ¿Por qué se supone que debería dártelas?
- Por la sencilla razón de que evitara que murieras desangrado no hace ni dos días.
- Nadie te obligó a hacerlo.
- A ti tampoco te obligó nadie hacerlo. Así que, ¿por qué lo hiciste?

Tarik se mantuvo en silencio. Lo tenía entre la espada y la pared con esa sencilla pregunta. Debía inventarse alguna excusa creíble para evitar el verdadero motivo de porque iba tras ella de ese modo tan insistente.
Chris no dejaba de mirarle fijamente. Vio claramente que no sabía que podía contestar y escapar de esa pregunta.
Sabiendo que no iba a sacar nada en clave optó por una táctica mucho más simple y que a su madre siempre le había funcionado con ella.
- Cambiando de tema, ¿cómo alguien con tus pintas consigue un piso en esta zona y tener una moto de esa calidad? Debes de ser un pez gordo o el hijo de un multimillonario.
- Lamento defraudarte pero no soy ninguna de esas dos cosas. Podemos decir que he tenido suerte con mis jugadas en bolsa.
Aquella excusa parecía que le servía y que ella se la creía a pies juntillas.
- Menuda suerte tienes entonces. No te imaginas las ganas que tengo de dejar mi trabajo y poder vivir del cuento.
- Yo no he dicho que viva del cuento.
Mierda. Había metido la pata al volver a juzgar un libro por su portada.
- Yo...No quería.
- No pasa nada. No te preocupes. Si que es verdad que casi no trabajo. De hecho, las pocas veces que me paso por allí muchos de mis compañeros se preguntan si sigo trabajando con ellos.
Tarik se acerca a la cocina y le prepara un café sin que ella le diga absolutamente nada. 
Ella toma la taza entre sus manos y casi se quema. La deja a tiempo en la mesa para no provocar un desastre. Espera a que se enfría un poco y sopla. Cuando va a beber él la interrumpe.
- Espera un momento. No puedes apreciar un buen capuccino sin su nata y canela por encima.
Una vez que se lo ha preparado ella le da el primer sorbo. Es el mejor café que ha probado en su vida. Intenso y con un aroma exquisito.
Al dejar la taza en la mesa, Tarik comprueba que la nata le ha dejado un gracioso bigote en la comisura del labio superior. Le acerca una servilleta y le hace un gesto para que se limpia.
Ella ríe divertida por la imagen que tiene que estar dando y se lame los labios.
Ese simple gesto provoca lo mismo que hace unos días mientras la espiaba a través de la puerta del baño. Ella se percata al momento.
- Espero que no te esté molestando.
- En absoluto. De hecho, quiero proponerte una cosa. ¿Te apetece pasar el fin de semana conmigo?
Aquella frase la hizo sentirse tremendamente segura. Todos los miedos que tuvo unos minutos antes se disiparon por completo.
- Es una oferta tentadora, pero tal vez, necesitaría alguna condición que me hiciera aceptarla finalmente.
- ¿Qué te parece si te digo que estarás completamente a salvo de todo?
Eso la hizo sonreír tímidamente al recordar el modo en cómo se conocieron. La primera vez que lo vio y lo que sintió una vez lo hubo perdido de vista.
- ¿A salvo de qué? Que yo sepa no estoy en peligro.
A lo mejor habló demasiado y dejado entrever cosas que tendrían que permanecer en silencio. Ahora que la tenía tan cerca y que por fin estaba con él no podía dejarla marchar. Sabía seguro que si ella conocía toda la verdad huiría, pero por otra parte, tampoco era justo que la tuviese en un desconocimiento constante. En algún momento debería decirle la verdad. Mientras tanto, ¿qué mal había en disfrazar un poco los verdaderos motivos de retenerla a su lado?

Tyron conducía a toda velocidad sin respetar ninguna de las señales de tráfico. El objetivo que tenía que conseguir era una persona más bien escurridiza. Tanya fue una completa estúpida al sacarlo de su casa. Lo tendría que haber retenido del modo que fuera. No le hubiese costado mucho esfuerzo.
Cuando Tanya le contó el modo en que lo reclutó y el porque, Tyron en seguida lo vio claro. Más claro lo tuvo aún en el momento en que vio como el muchacho se marchaba.
Le había facilitado los datos de los dos lugares en el que probablemente estaría.
El primero era un club bastante céntrico de esos a los que la gente solía ir demasiado arreglada y el siguiente era su apartamento.
Probó suerte en el primero y preguntó al portero.
- Éste tío no va a volver a entrar aquí nunca más después de la que lió la otra noche.
Tyron hizo unas cuantas preguntas más al portero y tras enterarse de lo sucedido se fue directo al apartamento de Hugo.
Una vez allí se dio cuenta de que no iba a ser muy difícil entrar. No había portero ni ningún tipo de sistema de seguridad ni de vigilancia.
Dentro del portal miró en los buzones para cerciorarse de que el piso era el mismo que le facilitó Tanya en los documentos.
Llegó y llamó a la puerta. En el mismo instante en el que llamó, oyó que la televisión se apagaba de repente y por debajo de la puerta observó como el piso se quedaba a oscuras.
Tyron usó la copia de la llave que ella no le quiso decir como había conseguido y entró.
Gracias a su preparación supo que detrás de la puerta había alguien.
Antes de que Hugo pudiese reaccionar el completo desconocido que acababa de entrar en su casa lo tenía tumbado en el suelo y retorciéndole el brazo por detrás de la espalda. El dolor era insoportable y las lágrimas de sufrimiento le resbalaban por las mejillas.
- Cómo sigas escondiéndote detrás de las puertas en una ciudad como ésta no va a pasar mucho tiempo para que termines muerto.
Hugo hizo un intento de levantarse pero el peso de ese tío encima suyo causó que le resultara imposible.
- ¿Qué quieres?
- Que te calles y te vengas conmigo.
- ¿Por qué si se puede saber?
- Digamos que una amiguita que tenemos en común quiere verte.
Hugo hizo un gesto de asentimiento y le pidió que le soltara. Nada más hacerlo empezó a correr hasta la escalera de incendios con la sola idea de escapar de ese lunático.
En menos de dos zancadas Tyron lo atrapó y lo estampó contra la puerta de la nevera. Lo tiró al suelo y lo dejó igual de indefenso que al entrar.
- Vuelve a hacer una de esas gilipolleces y me salto las normas y te mato aquí mismo.
¿Normas? ¿De qué hablaba ese capullo? Hugo aceptó las condiciones tras sentirse intimidado por la amenaza y siguió a Tyron hasta su coche.
Otra opción no tenía ya que al salir a la luz del pasillo del recibidor vio que el tío ese en una mano llevaba un puño americano y en la otra una navaja que parecía estar muy afilada. No pudo retirar la vista ni un segundo de esas armas.
- Ni lo dudes que temeré usarlas. Si es que me obligas a ello claro.
Hugo subió al coche y permaneció en silencio. Poco a poco fueron circulando por las calles. Esta vez Tyron iba más despacio que en el viaje de ida. Ahora llevaba a alguien a su cargo.
Hugo cada vez estaba con más miedo en el cuerpo. Sin que se lo esperara Tyron le propinó un fuerte puñetazo que le dejó inconsciente.
Tanya fue muy explicita al decir que en ningún momento tenía que saber adonde iba.
- Será una bonita sorpresa para él. Eso ni lo dudes.
Es lo último que le dijo al despedirle cerrando la puerta del coche y haciéndole un gesto para que emprendiera la marcha.

1 comentario:

  1. Por fin!!!!!!!!! Ahora a mantenerlo

    TARIKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKK!!!!!!!!!!!!!! ^^

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